22.12.20

Lectio divina con la liturgia (Notas sobre espiritualidad litúrgica - XIV)

    lectio De la liturgia nace el deseo de conocer mejor la Palabra de Dios en las sagradas Escrituras mediante la lectio divina, y la lectio divina favorece luego vivir la liturgia escuchando la Escritura, cantando los salmos, etc., con mayor conocimiento y fervor.

     Toda la liturgia está impregnada de la Palabra de Dios; en cada oficio litúrgico se lee la sagrada Escritura, en mayor o menor extensión, y con una distribución propia. Y es que la liturgia ofrece diversos ciclos de lecturas en su liturgia para instruir y alimentar las almas:

a)      El ciclo dominical en tres años (A, B y C)

b)      El ciclo anual en ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua

c)      El ciclo bianual para la 1ª lectura y anual para el Evangelio en las ferias del tiempo ordinario

d)     A lo que hay que sumar la distribución de lectura para fiestas del Señor, de la Stma. Virgen, Apóstoles y santos, etc…

e)      El ciclo anual, por ahora, del Oficio de lecturas en la edición española.

f)       Y aunque no son lecturas, habría que añadir los salmos de la Liturgia de las Horas distribuidos en cuatro semanas, especialmente los salmos de las Laudes, Vísperas y Oficio de lecturas.

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15.12.20

Simbolismos de la catedral (Tu Catedral - II)

     catedral córdobaHay diferencia entre tu parroquia y una iglesia catedral, entre la iglesia de un convento y la catedral de la diócesis. ¿Es el tamaño? Sí, en la mayor parte de las ocasiones. ¿Es la grandiosidad? Tal vez, aunque hay verdaderas joyas de templos parroquiales a lo largo de la geografía diocesana, grandes, elevados, bellísimos.

   ¿Qué es, cuál es lo nuclear en una iglesia catedral? ¿Su antigüedad? ¿Su arte más desarrollado y exquisito? ¿Su ubicación en el plano geográfico de la ciudad?

     Lo primero y es el gran simbolismo, es reconocer en la catedral la Iglesia madre, la madre y cabeza de todas las iglesias de la diócesis. Aunque haya iglesias más artísticas, mejores, incluso de más capacidad, la catedral siempre será la iglesia madre y cabeza de toda la diócesis.

     Ése es su primer simbolismo. Como es cabeza y madre de la diócesis, hay dos actos fundamentales para la vida de la Iglesia local que se realizan en la catedral y que se difunde luego por toda la diócesis como un movimiento de diástole del corazón eclesial.

     El primero de ellos es la ordenación de diáconos y de presbíteros: su sitio propio es la catedral, y de la catedral, iglesia madre, son enviados a las distintas parroquias o comunidades a ejercer ese misterio. Eclesiológicamente sería muy pobre ordenar a cada cual donde quisiera, en su parroquia natal o en la parroquia donde vaya a ser enviado. Se debilitaría ese simbolismo tan claro de la maternidad de la Iglesia en la catedral, infundiendo vida a toda la diócesis.

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8.12.20

Monaguillos para el altar (y II)

monaguillos

     Tan cerca del Señor, y acompañados por sacerdotes y catequistas, el grupo de monaguillos puede ser un pequeño seminario, un ámbito donde nazca la vocación sacerdotal, como podemos atestiguar muchos sacerdotes que hemos sido llamados así. Muchas vocaciones nacen del grupo de monaguillos de una parroquia: cercanía del Señor y testimonio de un sacerdote, son los signos indelebles que se graban en el alma.

     ¡Qué importante que en cada parroquia, de modo estable, haya un buen grupo de monaguillos! Servidores del altar, vivirán un itinerario formativo cristiano y espiritual, cuidarán del trato con Cristo adaptado a su edad y, por gracia, puede que nazcan vocaciones de entre ellos:

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1.12.20

¿La Liturgia de las Horas es para los seglares? ¿O eso es clericalizar? Y además una app nueva

   Coraron suma claridad, expuso el Concilio Vaticano II lo siguiente: “Procuren los pastores de almas que las Horas principales, especialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en la Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda, asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e inclusive en particular” (SC 100).

   Obsérvese: se insta que los laicos recen el Oficio divino, con los sacerdotes, o reunidos entre sí o en particular, cada cual en su hogar. ¡Eso sí es doctrina del Vaticano II y no otras cosas que se le atribuyen basados en un supuesto “espíritu del Concilio”, tan subjetivista!

    La Liturgia de las Horas, llamada también Oficio divino, es oración de toda la Iglesia, de todo el Cuerpo místico, uniéndose a Cristo: “la voz de la Iglesia o sea, de todo el Cuerpo místico, que alaba públicamente a Dios” (SC 99). Si se dice que es de toda la Iglesia, eso incluye a cada uno de sus miembros, sea clérigo o seglar, consagrado por votos o unido en santo matrimonio. Siendo la oración de la Iglesia, pertenece a cada uno de sus hijos, sea cual sea su estado de vida cristiano. Cada bautizado, con esta oración litúrgica, realiza la “oración pública de la Iglesia” (SC 98), se constituye en Iglesia orante, incluso si está solo en su hogar orando o de rodillas ante el Sagrario. “Expresa la voz de la amada Esposa de Cristo, los deseos y votos de todo el pueblo cristiano, las súplicas y peticiones por las necesidades de todos los hombres” (Pablo VI, Const. Laudis canticum, n. 8).

    Unos tienen encomendado el oficio y obligación de rezar la Liturgia de las Horas, los contemplativos, monjes y monjas en el coro, y los obispos y sacerdotes, garantizando así que cada día, en comunidad o en particular, se eleve la oración de alabanza y súplica de la Iglesia. Es un encargo, un oficio: asegurar ininterrumpidamente la Liturgia de las Horas. Y deben dedicarle tiempo y amorosa entrega, también los sacerdotes, orando por sus fieles y en nombre de sus fieles, frenando la actividad frenética. ¡Preocupante señal si un sacerdote apenas reza o nunca reza la Liturgia de las Horas, arrinconando el Breviario!

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24.11.20

Prepararnos con la lectura y la lectio divina (Notas de espiritualidad litúrgica - XIII)

 lectio  La liturgia requiere preparación. La improvisación, la premura consigue que el alma esté impermeabilizada a la gracia de la liturgia; no puede entrar en la liturgia de forma inmediata, automáticamente. Hace falta prepararse. Dejar atrás el ruido del mundo, penetrar en el ámbito de lo divino. Apagar sensaciones, charlas, pensamientos, ruidos y distracciones. Pacificarlo todo para que se llene de Dios y su gracia.

    Como preparación próxima a la liturgia ayuda y es eficaz la lectura espiritual en sentido amplio y la lectio divina propiamente dicha, con los textos bíblicos.

     La lectura siempre es beneficiosa: ilustra la mente, suministra conocimiento a la inteligencia, enciende la voluntad y la orienta en su actuar. La lectura espiritual es sumamente provechosa para el crecimiento de la vida interior.

     Esta lectura espiritual prepara para la liturgia… y también nace de la liturgia como deseo de profundización. Es una doble dirección. “Por ser escuela de doctrina sobrenatural, la liturgia supone en los discípulos que en ella se forma una labor personal de estudio de penetración y asimilación de las enseñanzas recibidas” (Brasó, G., Liturgia y espiritualidad, Barcelona 1956, 271). Es un deseo de explorar e investiga las insondables riquezas del Misterio de Cristo (cf. Ef 3,8) que se despliegan en la santa liturgia.

     Tanta riqueza necesita ser saboreada con el gusto del alma, sapiencialmente, y profundizada.

     “La liturgia nos enseña prácticamente que se nos ha otorgado, por benignidad del Señor, el conocer los misterios del reino de Dios, y nada anhela tanto el alma conformada en la escuela de la Iglesia como ser iluminada acerca de estos misterios. Es el don mayor que puede apetecer en este mundo, y con frecuencia la Iglesia lo pone ante sus ojos para avivar su deseo y se lo hace pedir con insistencia en la oración pública en muchos salmos y oraciones, particularmente en las que siguen al acto de la comunión” (Brasó, p. 271).

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