InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Categoría: Textos litúrgicos

19.02.20

"Víctima viva para alabanza de tu gloria" (Plegaria euc.- VIII)

MISA       Consecuencia lógica de descubrir en la Eucaristía el sacrificio de Cristo, es calificarle a Él de “Víctima". Pero, siguiendo más aún en esa misma línea, junto a Cristo-Víctima están los fieles bautizados, que se convierten en víctimas vivas.

        Hemos de profundizar y contemplar este término, “víctima", para una mejor comprensión del sacramento eucarístico y el alcance que tiene una verdadera participación en la liturgia -lejos de ser intervención constante- que supone ofrecerse con Cristo, sin condiciones.

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    En el sacrificio de Cristo se incluyen nuestros propios sacrificios personales: penitencias, mortificaciones, luchas, combates, ejercicio de obras de misericordia, virtudes practicadas, el trabajo ofrecido… y en la ofrenda de Cristo nosotros mismos nos ofrecemos: “ofreced vuestros cuerpos como hostia viva, santa… Éste es vuestro culto razonable” (Rm 12,1). Ofrecemos y entregamos todo lo nuestro, e incluso a nosotros mismos, como sacrificio junto al Gran Sacrificio de Cristo.

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6.02.20

"El sacrificio vivo y santo" (Plegaria euc.- VII)

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      Nadie puede dudar que la Eucaristía es sacrificio, el mismo sacrificio de Cristo en la cruz pero ahora bajo el velo de los signos sacramentales.

      La fe de la Iglesia, fiel a la Tradición, lo ha formulado; los mismos textos litúrgicos y la plegaria eucarística lo repiten: “sacrificio".

      Se quedaría corto quien sólo y exclusivamente hablase de la Eucaristía en cuanto “memorial” o sólo y exclusivamente como “banquete pascual"… porque es todo eso y más, aparte de ser, asimismo, el sacrificio del altar, el Sacrificio de Cristo, el sacrificio eucarístico.

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30.01.20

Memorial y ofrenda (Plegaria euc.- VI)

     La plegaria eucarística, tras la consagración, enuncia los grandes misterios salvadores de Cristo, su Misterio pascual -muerte, resurrección, ascensión- que se han hecho presente en el Sacramento y suplica su acción salvadora hoy.

    Igualmente, la plegaria prosigue presentando a Dios Padre la Ofrenda de su propio Hijo, el sacrifico de Cristo que se ha actualizado y hecho presente en el altar en favor de la salvación de los hombres y para remisión de los pecados.

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     Dejemos que las mismas plegarias eucarísticas, con sus diversas formulaciones, hablen y nos formen y así las vayamos saboreando.

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    Obra maravillosa de su amor, del Señor del tiempo y de la historia, Alfa y Omega: la Eucaristía hace presente lo que ocurrió en el tiempo, en un momento concreto, y se despliega por la fuerza del Espíritu Santo en nuestro tiempo con toda su capacidad de salvar, redimir y santificar.

  

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15.01.20

Epíclesis y consagración (Plegaria euc.- V)

      Desciende el Espíritu Santo, da fuerza y actualidad a las mismas palabras eucarísticas del Señor: “Tomad y comed…", “tomad y bebed…”

      Estamos en el núcleo, en el centro de todo: la acción del Espíritu Santo da realidad y vida a los signos y las palabras y ya no son mero recuerdo, sino sacrificio y presencia real.

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     El rito eucarístico no es una simple ceremonia, ni un recuerdo de algo pasado y confinado al ayer, ni un símbolo de fraternidad. Es el presente de Dios aquí para nosotros. No es memoria, sino memorial; no es ayer, sino hoy; no es recuerdo, sino Presencia.

   Así lo ha entendido siempre la fe de la Iglesia, como ahora lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica:

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2.01.20

«Fuente de toda santidad» (Plegaria euc.- IV)

¿Cuántas veces no habremos oído, en la plegaria eucarística II, afirmar y rezar diciendo: “Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad”?

¿Tal vez apresuradamente, sin captar ni oír bien?

¿Tal vez sin pararnos a reflexionar en esa tremenda y gran afirmación?

Se afirma que Dios es santo y se afirma, igualmente, que la fuente de la santidad, de toda santidad, es Él. ¿No era el hombre bueno ya de por sí un santo? ¿No es la santidad un esfuerzo moral del católico comprometido? ¿No es la santidad la coronación de nuestros méritos porque ya somos buenos?

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     “¡Santo es el Señor!” Su santidad todo lo llena, la santidad es el adorno de su casa por días sin término (cf. Sal 92), agraciando al hombre con sus bienes, invitándolo a entrar en el ámbito de su santidad.

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