InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Categoría: Textos litúrgicos

7.04.20

"Te pedimos humildemente" (Plegaria euc.- XIII)

       Muchísimas veces, ya que es la plegaria eucarística que más se emplea, oímos la expresión: “Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad…”

   ¿Hay acaso, es posible, otra vez de dirigirse a Dios que no sea pedirle humildemente?

    Consideremos esa expresión de la plegaria eucarística II.

eucaristia

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       La Iglesia ante Dios se sabe sierva, pequeña, nunca dominadora. Los mismos hijos de Dios se dirigen a Él con confianza y audacia, pero, al mismo tiempo, sin descaro ni imposición. La confianza filial en Dios no está reñida con la adoración, el respeto, la sacralidad. Se está ante Dios mismo, trascendente, omnipotente y Padre al mismo tiempo. Es una conciencia clara de pequeñez ante la grandeza de Dios, por eso se evita la presunción, la arrogancia, el lenguaje impositivo y demasiado coloquial que rebaja a Dios a alguien manipulable.

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1.04.20

"El Espíritu Santo congregue en la unidad" (Plegaria euc.- XII)

unidad

     La unidad es una petición habitual en la plegaria eucarística, un deseo que se ruega a Dios, autor de la pax Ecclesiae, de la unidad de la Iglesia.

        Aguardamos la unidad consumada y plena cuando venga el Señor en gloria y majestad, al final de los tiempos; pero ahora, en este tiempo, para esta Iglesia peregrina, rogamos la unidad, para que los muchos que comulgan un solo Pan formen un solo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo.

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     “¡Qué hermoso ver a los hermanos unidos!” (Sal 132) reza un salmo, y el deseo de Cristo es “que todos sean uno” (Jn 17,21). La unidad y la concordia son las notas de los miembros del Cuerpo de Cristo para que éste no sea lacerado en sus miembros, dividido en partes.

       El fruto de la Eucaristía es la unidad entre todos los miembros de la Iglesia; la Eucaristía crea la unidad de la Iglesia vinculándonos a la caridad de Cristo, que se difunde y extiende por todos aquellos que son de Cristo.

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18.03.20

"Nos haces dignos de servirte en tu presencia" (Plegaria euc.- XI)

procesión ordenación      “Adstare coram te et tibi ministrare", dice el original latino: “Estar delante de ti y servirte a ti". Esta breve frase de la plegaria eucarística II da pie a una reflexión que conduce a conocer la naturaleza de la liturgia misma y el concepto (recto, claro) de la participación litúrgica.

    De este modo, tomando pie en las mismas plegarias eucarísticas, nos vamos acostumbrando a descubrir la riqueza teológica y espiritual que se contienen en los textos litúrgicos de la Iglesia y, al mismo tiempo, a penetrar en las plegarias eucarísticas, que son la oración cumbre y fundamental de la celebración eucarística.

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11.03.20

Acéptanos también a nosotros (Plegaria euc.- X)

consagración

   Un filón inagotable es la plegaria eucarística, que contiene y expresa la fe de la Iglesia, como precioso tesoro.

    En ella, recitada por boca del sacerdote in persona Christi et in persona Ecclesiae, se afirman grandes verdades de la fe que merecen ser consideradas con detención, porque la escucha rápida durante la Santa Misa tal vez no llegue a provocar la meditación personal.

    Fijándonos en una de las súplicas de la plegaria eucarística, podemos alcanzar una comprensión mayor del sacerdocio bautismal o sacerdocio común que hemos recibido en las aguas bautismales.

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     La Ofrenda de Cristo, que es su propia Persona, su Cuerpo y su Sangre ofrecidos sacramentalmente, incluye también a los fieles, que se unen a su Señor y se ofrecen conjuntamente con Él al Padre.

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4.03.20

"En ofrenda permanente" con excursus atrevido de actualidad (Plegaria euc.- IX)

 consagración     Junto a la Ofrenda de Cristo mismo al Padre, que la Iglesia realiza en la santa Misa por manos del sacerdote, se incluye igualmente nuestra propia ofrenda, es decir, la ofrenda de nosotros mismos.

     ¡Ah!, ¿que también nosotros nos ofrecemos? ¿Cómo y para qué?

     ¿Que nos hacemos ofrenda también? ¡Sí!

     Todos los misterios de Cristo se reproducen y prolongan en nosotros, miembros de su Cuerpo; y si completamos en nuestra carne la pasión de Cristo en favor de su Cuerpo que es la Iglesia (cf. Col 1,24), también somos incluidos en su Ofrenda del altar.

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