InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Archivos para: 2020

28.12.20

Venerar el Evangeliario (Palabra y Evangelio - I)

En breve, tras el tiempo litúrgico de Navidad-Epifanía, se volverá a celebrar el nuevo “Domingo de la Palabra”. Las iniciativas de tipo “litúrgico” se multiplicarán, no siempre acertadas y sí en exceso originales. Durante varios artículos ahondemos en cómo la liturgia, en su historia, en su espiritualidad y en sus rúbricas, ha celebrado venerando la Palabra. ¡Ahondar!

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   evangeliarioSiempre en la liturgia, la Palabra de Dios ha sido honrada, escuchada con amor, celebrada ritualmente. De manera muy particular, el santo Evangelio, cuando es Cristo mismo quien nos habla: “en la liturgia, Dios habla a su pueblo; Cristo sigue anunciando el Evangelio” (SC 33). Hay una progresión, del Antiguo Testamento al Nuevo y su cumbre en la proclamación del Evangelio. Ya decía san Agustín: “El Antiguo Testamento está patente en el Nuevo, y el Nuevo late en el Antiguo” (Quaest. In Hept., 2,73), y así se llega a la lectura evangélica en la Misa: “Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del Nuevo Testamento, los Evangelios ocupan, con razón, el lugar preeminente, puesto que son el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo Encarnado, nuestro Salvador” (Dei Verbum, 18).

      Lo expresa bien la IGMR:

    “La lectura del Evangelio constituye la cumbre de la liturgia de la Palabra. La Liturgia misma enseña que debe tributársele  suma veneración, cuando la distingue entre las otras lecturas con especial honor, sea por parte del ministro delegado para anunciarlo y por la bendición o la oración con que se prepara; sea por parte de los fieles, que con sus aclamaciones reconocen y profesan la presencia de Cristo que les habla, y escuchan de pie la lectura misma; sea por los mismos signos de veneración que se tributan al Evangeliario” (IGMR 60).

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22.12.20

Lectio divina con la liturgia (Notas sobre espiritualidad litúrgica - XIV)

    lectio De la liturgia nace el deseo de conocer mejor la Palabra de Dios en las sagradas Escrituras mediante la lectio divina, y la lectio divina favorece luego vivir la liturgia escuchando la Escritura, cantando los salmos, etc., con mayor conocimiento y fervor.

     Toda la liturgia está impregnada de la Palabra de Dios; en cada oficio litúrgico se lee la sagrada Escritura, en mayor o menor extensión, y con una distribución propia. Y es que la liturgia ofrece diversos ciclos de lecturas en su liturgia para instruir y alimentar las almas:

a)      El ciclo dominical en tres años (A, B y C)

b)      El ciclo anual en ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua

c)      El ciclo bianual para la 1ª lectura y anual para el Evangelio en las ferias del tiempo ordinario

d)     A lo que hay que sumar la distribución de lectura para fiestas del Señor, de la Stma. Virgen, Apóstoles y santos, etc…

e)      El ciclo anual, por ahora, del Oficio de lecturas en la edición española.

f)       Y aunque no son lecturas, habría que añadir los salmos de la Liturgia de las Horas distribuidos en cuatro semanas, especialmente los salmos de las Laudes, Vísperas y Oficio de lecturas.

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15.12.20

Simbolismos de la catedral (Tu Catedral - II)

     catedral córdobaHay diferencia entre tu parroquia y una iglesia catedral, entre la iglesia de un convento y la catedral de la diócesis. ¿Es el tamaño? Sí, en la mayor parte de las ocasiones. ¿Es la grandiosidad? Tal vez, aunque hay verdaderas joyas de templos parroquiales a lo largo de la geografía diocesana, grandes, elevados, bellísimos.

   ¿Qué es, cuál es lo nuclear en una iglesia catedral? ¿Su antigüedad? ¿Su arte más desarrollado y exquisito? ¿Su ubicación en el plano geográfico de la ciudad?

     Lo primero y es el gran simbolismo, es reconocer en la catedral la Iglesia madre, la madre y cabeza de todas las iglesias de la diócesis. Aunque haya iglesias más artísticas, mejores, incluso de más capacidad, la catedral siempre será la iglesia madre y cabeza de toda la diócesis.

     Ése es su primer simbolismo. Como es cabeza y madre de la diócesis, hay dos actos fundamentales para la vida de la Iglesia local que se realizan en la catedral y que se difunde luego por toda la diócesis como un movimiento de diástole del corazón eclesial.

     El primero de ellos es la ordenación de diáconos y de presbíteros: su sitio propio es la catedral, y de la catedral, iglesia madre, son enviados a las distintas parroquias o comunidades a ejercer ese misterio. Eclesiológicamente sería muy pobre ordenar a cada cual donde quisiera, en su parroquia natal o en la parroquia donde vaya a ser enviado. Se debilitaría ese simbolismo tan claro de la maternidad de la Iglesia en la catedral, infundiendo vida a toda la diócesis.

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8.12.20

Monaguillos para el altar (y II)

monaguillos

     Tan cerca del Señor, y acompañados por sacerdotes y catequistas, el grupo de monaguillos puede ser un pequeño seminario, un ámbito donde nazca la vocación sacerdotal, como podemos atestiguar muchos sacerdotes que hemos sido llamados así. Muchas vocaciones nacen del grupo de monaguillos de una parroquia: cercanía del Señor y testimonio de un sacerdote, son los signos indelebles que se graban en el alma.

     ¡Qué importante que en cada parroquia, de modo estable, haya un buen grupo de monaguillos! Servidores del altar, vivirán un itinerario formativo cristiano y espiritual, cuidarán del trato con Cristo adaptado a su edad y, por gracia, puede que nazcan vocaciones de entre ellos:

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1.12.20

¿La Liturgia de las Horas es para los seglares? ¿O eso es clericalizar? Y además una app nueva

   Coraron suma claridad, expuso el Concilio Vaticano II lo siguiente: “Procuren los pastores de almas que las Horas principales, especialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en la Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda, asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e inclusive en particular” (SC 100).

   Obsérvese: se insta que los laicos recen el Oficio divino, con los sacerdotes, o reunidos entre sí o en particular, cada cual en su hogar. ¡Eso sí es doctrina del Vaticano II y no otras cosas que se le atribuyen basados en un supuesto “espíritu del Concilio”, tan subjetivista!

    La Liturgia de las Horas, llamada también Oficio divino, es oración de toda la Iglesia, de todo el Cuerpo místico, uniéndose a Cristo: “la voz de la Iglesia o sea, de todo el Cuerpo místico, que alaba públicamente a Dios” (SC 99). Si se dice que es de toda la Iglesia, eso incluye a cada uno de sus miembros, sea clérigo o seglar, consagrado por votos o unido en santo matrimonio. Siendo la oración de la Iglesia, pertenece a cada uno de sus hijos, sea cual sea su estado de vida cristiano. Cada bautizado, con esta oración litúrgica, realiza la “oración pública de la Iglesia” (SC 98), se constituye en Iglesia orante, incluso si está solo en su hogar orando o de rodillas ante el Sagrario. “Expresa la voz de la amada Esposa de Cristo, los deseos y votos de todo el pueblo cristiano, las súplicas y peticiones por las necesidades de todos los hombres” (Pablo VI, Const. Laudis canticum, n. 8).

    Unos tienen encomendado el oficio y obligación de rezar la Liturgia de las Horas, los contemplativos, monjes y monjas en el coro, y los obispos y sacerdotes, garantizando así que cada día, en comunidad o en particular, se eleve la oración de alabanza y súplica de la Iglesia. Es un encargo, un oficio: asegurar ininterrumpidamente la Liturgia de las Horas. Y deben dedicarle tiempo y amorosa entrega, también los sacerdotes, orando por sus fieles y en nombre de sus fieles, frenando la actividad frenética. ¡Preocupante señal si un sacerdote apenas reza o nunca reza la Liturgia de las Horas, arrinconando el Breviario!

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