El gran Misterio, el mayor Milagro

La Eucaristía es el sacramento de nuestra fe: el núcleo del misterio de la Iglesia. Nuestro objetivo este curso consistirá en suscitar el asombro eucarístico: contemplar el rostro de Cristo junto a María. Y contemplar a Cristo implica saber reconocerlo dondequiera que Él se manifieste, pero sobre todo en el Sacramento vivo de su cuerpo y de su sangre. “Cristo Jesús que murió y resucitó; que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros” (Rm 8,34), está presente de múltiples maneras en su Iglesia:
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En su Palabra.
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En la oración de su Iglesia.
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“Allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre” (Mt 18,20).
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En los pobres, los enfermos, los presos (Mt 25,31-46).
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En los sacramentos de los que Él es autor.
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En el sacrificio de la misa y en la persona del ministro.
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Pero, sobre todo, Cristo está presente bajo las especies eucarísticas.
11.06.17
Pues nos echaremos al monte
El P. Vetusto, don Gabriel Vetusto, abrió el semanario católico Alfalfa y Omega 3 – subtitulado “Una Iglesia sostenible contra el cambio climático y la desigualdad” – y tomó un sorbo de café. Le gustaba el café solo, negro, puro; pero, eso sí: con mucho azúcar. Su abuela lo había acostumbrado desde que era un guajín[1] a tomar el café con mucho azúcar y, aunque los puristas le reprocharan continuamente que lo que tomaba era azúcar con café, el bueno de don Gabriel se remitía a sus antepasados como criterio más que válido para justificar su debilidad: a fin de cuentas, la tradición era la tradición. Y aquella era una usanza muy arraigada en su familia desde la época del estraperlo y las cartillas de racionamiento. Sólo había algo mejor que un café solo con mucho azúcar: un café solo con mucho azúcar y un chorrito de orujo blanco (sin concesiones a las hierbas). Don Gabriel solía decir que había que echar “unes pingarates” al café para calentar el gaznate y avivar el alma. En ningún caso se le podía pasar por la cabeza al P. Vetusto que “unes pingarates” de orujo blanco pudieran ser motivo siquiera de pecado venial.
5.06.17
Los Modernistas ni siquiera son Cristianos

En los últimos artículos, me he dedicado a desenmascarar al modernismo y a los modernistas. Si ustedes leen la Pascendi, verán cómo San Pío X describe la situación de una Iglesia que parece más la hodierna que la de hace cien años. ¡Ya quisiéramos hoy estar como hace cien años! Evidentemente, el Modernismo está más vivo que nunca. Es como un cáncer que destruye a la Iglesia desde dentro. Como acertadamente señala Alonso Gracián, el Modernismo no ha caducado. Ni mucho menos.
Pedro Luis Llera
Casado y padre de tres hijos. He sido profesor de lengua castellana y literatura y director del Colegio La Salle de La Felguera, del Colegio CEU San Pablo de Murcia y del Colegio Juan Pablo II de Puerto Real (Cádiz).
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