El Papa está sirviendo de ejemplo valiente a todos los ciudadanos. A los cristianos convencidos les confirma en sus raíces de fe. A los tibios les enseña con sus palabras que dejen la vida de una religión a la carta acomodada a sus caprichos.
Al resto les pone las cartas encima de la mesa:
El Papa expresó su preocupación por la “creciente marginación” de la religión, especialmente la cristiana, en algunas partes del mundo, incluso, dijo, en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia.

Llegando a afirmar textualmente:
“Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad deberían suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna".
¡Que buena descripción de la sociedad española de hoy¡.
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