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13.09.10

Fray Leopoldo en los altares, a pesar del grupo de Roures

Al día siguiente de la beatificación de Fray Leopoldo era lógico encontrar “piezas informativas” como las que aparecen en el diario del grupo de Roures, que apuntan así:

Ya el titular suena un poco raro: “Y la Guerra Civil se coló en la beatificación” pero lo mejor es lo que dice a cuenta de las palabras del arzobispo don Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, que “hurgó en el pasado con memoria selectiva” y se refirió a las calamidades sufridas por la Iglesia durante la Guerra Civil. Por si quedan dudas, en el subtítulo de la noticia nos aclaran: “El Vaticano denuncia la quema de iglesias en la santificación de fray Leopoldo". El texto lo firma Amina Nasser.

Aquí tienen, amigos lectores lo que monseñor Amato leyó en su homilía, sobre la persecución religiosa española, en la década de los años treinta:

“Llegó el tiempo triste de la persecución religiosa (1930-1939), que quería acabar con la Iglesia. Conventos quemados, religiosos y monjas expulsados o asesinados. Sin un proceso legal fueron asesinados 13 obispos, más de cuatro mil sacerdotes y religiosos y cerca de trescientas religiosas. Según los historiadores, una hecatombe de estas magnitudes en el breve periodo de pocos meses, no se había conocido ni siquiera durante los tres siglos de las persecuciones romanas y ni en la misma revolución francesa. Los capuchinos españoles asesinados bárbaramente fueron un centenar. Fray Leopoldo sabía los riesgos que corría pidiendo limosna por las calles de Granada. Muchos le ahorraron porque los defendían los pobres, los cuales reconocían “es un pobre como nosotros”. Incluso los más acerbos anticlericales admiraban su mansedumbre, exclamando: “¡Si todos fueran como él!”.”

Cuando no se sabe escribir y se miente, se afirman barbaridades que en el texto original de la homilía no aparecen.

En esta parte se cuenta la historia como fue, no con las intenciones de la torcida memoria histórica que ahora tanto se estila.

Menos mal, que otros medios han hecho un tratamiento informativo profesional y correcto. Lo que molesta al grupo de Roures en particular es que ningún partido político es capaz de reunir a tanta gente en ningún acto, pero la Iglesia de Granada lo hizo ayer con la beatificación de un hombre tan sencillo como Fray Leopoldo, ya en los altares, y que desde el cielo estará riéndose del infantilismo de la izquierda española, incapaz de asumir su historia negra en la década de los años treinta del siglo pasado.

Tomás de la Torre Lendínez

Jesús no es un disidente, ni yo tampoco

No me he sentido nunca un disidente en mi vida en la Iglesia de Cristo, el Señor, el Hijo de Dios, hecho hombre, en todo igual a nosotros menos en el pecado, nacido de la Santísima Virgen Maria, quien concibió por obra y gracia del Espíritu Santo; ese Cristo que predicó su evangelio sin soltar nunca la palabra disidente, sin dirigirse a disidentes, y que murió en la Cruz para salvarnos del pecado de la muerte resucitando al tercer día de entre los muertos, como lo había anunciado.

En el congreso celebrado de la asociación Juan XXIII, terminado ayer en Madrid, han acuñado el concepto disidente como un término bíblico y evangélico nuevo, donde no se encuentra este vocablo. Y afirman que ya se acabó el tiempo de los silencios, pues aquí tienen mis pensamientos y mi firma. Yo tampoco me callo.

En el diccionario de la RAE el disidente es la persona que no está de acuerdo con el grupo o sector donde vive, y trata de minar los cimientos de su grupo para darle la vuelta a la tortilla e imponer una ideología marxista en toda regla.

En los sistemas marxistas no cabían los disidentes. En toda dictadura doctrinaria nadie puede sacar los pies del plato, porque no existe libertad ni la responsabilidad correspondiente. El ejemplo más claro es el decrépito sistema cubano, donde la Iglesia está sacando de la cárcel a los disidentes y enviandolos a España.

Quienes han estado reunidos se han llamado a sí mismos disidentes. Son dueños de motejarse como les parezca. Pero por donde ya no paso es llamar a Jesús: el disidente de que y contra quien. Si Él vino solamente a cumplir la voluntad del Padre de salvar a todos los hombres del pecado y de la muerte.

Si Jesús hubiera sido un disidente pleno habría desobedecido la voluntad del Padre y hubiera realizado la Redención a su manera y estilo, que es lo que pretende este sector de personas, quienes llamándose disidentes pueden hablar y decir lo que les parezca dentro de la Iglesia, minándole sus cimientos porque la aman tanto que desean darle la vuelta y convertir la Iglesia en una esclava de un sistema filosófico muerto en los finales del siglo pasado.

Mientras, al Papa Benedicto XVI, a los obispos, sacerdotes y demás fieles que no respiramos en el marxismo atmosférico, nos tachan de fundamentalistas, de fanáticos, y otras lindezas similares.

Deseo dejar muy claro que no soy disidente, ni fundamentalista, ni fanático, ni nada de nada. Soy un cristiano y un sacerdote de la Iglesia del Señor, que estoy para seguir al Divino Maestro y continuar la evangelización que comenzó y dijo que llegáramos hasta el último confín de la tierra. Y así seguiré hasta que el Señor me llame a su Casa.

Tomás de la Torre Lendínez