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12.09.10

Turismo de salud

Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 25

Cuando el verano acaba lentamente, he compartido una conversación con amigos sobre cómo les ha ido en estos meses de calor. Han salido todos los aspectos de descansar y de cambiar de aires. Una me ha llamado la atención. Se trata del turismo de salud. Es la manera de irse fuera buscando una forma de sanar algún aspecto del cuerpo humano que esté dolorido por alguna situación.

Un amigo ha estado en dos balnearios de rancio abolengo en la historia española, a los que acudían nuestros antepasados pudientes a tomar las aguas. En uno de ellos le ha venido muy bien para tratar dolencias de los huesos. En otro ha encontrado ayuda para problemas respiratorios. En ambos casos cuenta y no acaba de cómo ha sido tratado y los servicios que ha recibido. Todo, claro está, con alto coste económico para el ciudadano medio, y más en plena bancarrota económica.

Otro de los tertulianos ha contado una experiencia curiosa. Iba por la calle de una ciudad costera levantina. Le entregaron un papel de propaganda, donde le invitaban a un viaje gratis a otra ciudad cercana, previo paso por una sesión de venta de productos a favor de la salud.

Este señor se presentó a tomar el autobús a su hora. Los llevaron, el vehículo iba hasta los topes, gratis total, a una nave de un polígono industrial, donde les dieron el desayuno y los pasaron a unas aulas donde una persona de una empresa de productos buscadores de una mejor calidad de vida, tomó la palabra y les estuvo explicando para que dolencias se pueden curar con sillones automáticos, que relajan, masajean, producen calor, buscando la curación de equis dolencias óseas. Más tarde, presentaron una cama automática y articulada cuyas prestaciones eran alcanzar el descanso y la relajación plena.

Tras esta charla, vino el intentar comprometer la venta de estos productos y otros más a todos los presentes en el aula. Alguno compró. Otros pasaron de puntillas sobre las ofertas. Tras la comida, los llevaron a conocer otra ciudad cercana. Todo gratis. A mi parecer, la sociedad actual idolatra la calidad de vida pretendiendo alargarla como si fuera de goma, y se ignora la calidad de vida espiritual que es la que realmente nos daría la plena felicidad.

Pocas personas tomarían un autobús, gratis total, para pasar un día de retiro espiritual en cualquier casa religiosa. Pensarían que eso era perder el tiempo, ya que todos dicen que conocen muy bien su religión católica, algo que demuestra la realidad de la Iglesia del Señor a diario. Seguramente el autobús se iría con dos o tres al máximo. O con cero.

Cuando ahora estamos en las puertas del curso nuevo, se hace necesario que cuidemos nuestra salud espiritual y que tomemos más serio nuestras responsabilidades cristianas. Si así lo hacemos estaremos llenando el alma de la gracia de Dios.

Tomás de la Torre Lendínez

¿Quien limpia los vasos sagrados de la liturgia?

Una lectora atenta del blog me plantea, a la vista de una experiencia vivida semanas pasadas, si cualquier persona puede tener acceso a los vasos sagrados de la Eucaristía y limpiarlos…….

Antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, era el obispo diocesano, a petición del párroco, quien, mediante un oficio escrito, determinaba a la persona con nombre y apellidos que estaba capacitada canónicamente para tal menester. Esta misión se extendía para el lavado de la ropa litúrgica y de los corporales y purificadores, elementos esenciales para la celebración de la Eucaristía.

Tras el volcán que luego vino, aquellas normas menudas de liturgia practica y elemental fueron al trastero de los recuerdos, como las casullas, los cubre cálices, los manípulos, y tantos otros utensilios que llevaban siglos usándose.

En aquellos convulsos años se dieron tantas “experiencias” que cada lector podrá recordar algunas de las anécdotas, y, a veces profanaciones rayando en el sacrilegio, que ocurrieron y no eran recogidas por la prensa de aquellos años, pero están escritas en la memoria de los testigos y de los protagonistas.

Actualmente, la recomendación es que quien haga esos servicios necesarios tanto con la ropa litúrgica como con los vasos sagrados, sean personas de probada fe cristiana, de colaboración apostólica parroquial, con la formación suficiente para conocer lo que tienen entre sus manos, y con una vida pública de acreditada fe cristiana.

Los equipos de liturgia, existentes en muchas parroquias, son los depositarios de tales misiones. Es responsabilidad del pastor formar, informar, y dirigir que estas personas puedan cumplir su misión lo mejor posible.

Donde existe una comunidad religiosa femenina en el servicio parroquial, son ellas las encargadas de todo esto. Pero la escasez vocacional está dejando puestos sin cubrir.

Siempre, será el buen juicio pastoral del párroco, quien haga que el equipo de liturgia responsablemente educado concentre estas acciones entre sus servicios a la comunidad cristiana que se reúne para celebrar la Eucaristía.

Tomás de la Torre Lendínez