InfoCatólica / Tomás de la Torre / Archivos para: Septiembre 2010, 15

15.09.10

Soltando lastre en Cope

Las pérdidas económicas y el poco futuro de Gestiona radio, ha llevado al grupo Cope a vender su parte en esta empresa que se puso en marcha hace un año.

La noticia la pueden leer pinchando aquí.

Las operaciones financieras tienen esto: alguna vez van bien; en otros casos van mal. Rematar la faena a tiempo, supone pitos, pero se quita al toro de enmedio.

Tomás de la Torre Lendínez

Mis padres en Manos Unidas

Mis padres, entre sus muchísimas cosas buenas, fueron miembros de Manos Unidas. No tuvieron cargos de nada. Fueron militantes de base, tan de base que formaban parte de la hilera de gente que metía la propaganda de la campaña contra el hambre en el mundo cuando se avecinaba el segundo domingo de febrero, fecha clave en Manos Unidas.

Por aquellos años no existían los servicios de la informática. Todo se hacia a mano o a máquina de escribir. Cuando llegaba el momento transportaban a la parroquia el paquete de propaganda que era repartida en las diversas misas del templo.

Participaron de aquellas cenas del hambre junto a muchas personas de la comunidad parroquial. Tanto mi padre como mi madre me enseñaron el amor a Manos Unidas y sus funciones de desarrollo en el mundo, que ahora acaba de ser reconocido al recibir el Premio Principe de Asturas de la Concordia.

Felicito a Manos Unidas, y doy las gracias a tantos voluntarios, entre ellos a mis padres, que desde la fundación ayudaron a que esta institución tenga las credenciales tan excelentes que le han llevado a la nominación para el premio Principe de Asturias.

A la vez invito a que los actuales dirigentes y voluntarios sigan fieles a los principios fundacionales de Manos Unidas, una obra nacida en el seno de la Iglesia Católica y formada por voluntarios cristianos.

Tomás de la Torre Lendínez

La daga florentina

Los primeros días del curso son propios para las sorpresas. En Veo 7 han hecho un pacto: cada día de la semana habrá un presentador del programa de las 22 horas. Uno de esos días, los martes estará Luís Herrero, quien en la fecha de la presentación pública del proyecto, lanzó una daga florentina al señor Ramírez, director de toda la orquesta.

Sin inmutarse, Luís comentó que el primer invitado a su programa sería Federico Jiménez Losantos, algo que desconocía el omnipresente Ramírez, quien se trabucó, tartamudeó, y atropelladamente salió como pudo del reto.

Todo se puede leer aquí.

Las dagas florentinas han sido a lo largo de la historia una de las armas más finas, punzantes e inesperadas. La literatura está llena de estas escaramuzas con la daga en la mano. Unas veces se ven venir. Otras no.

Cuando la daga parte de uno de tu mismo oficio, quien no tiene la valentía de darte la cara, sino que envía a un sicario a realizar la faena, los resultados pueden volverse en contra del poderoso que manda y paga.

El uso de la daga florentina se han utilizado en las cortes de obispos, arzobispos, cardenales y del mismo Papa de Roma, cuando todos estos pastores tenían y eran más gobernantes de tierras y personas, que verdaderos sucesores de los apóstoles.

Cuando se ve el filo blanco del acero de la daga pasar por la espalda propia el escalofrío que recorre la espina dorsal es acusadísimo, salvo que el receptor de la puñalada esté acostumbrado desde niño a ver dagas florentinas pasar por delante y hasta el día de la fecha no haya caído victima de ninguna.

Dentro de la Iglesia, aún, existen cobardes que envían a otros a clavar la daga sin más razones que la envidia, los celos, la antipatía y todo envuelto en un halo de santidad farisaica, tan denostada por Jesús en la cara de los propios fariseos de su tiempo, especie humana que no se ha extinguido y que llegará hasta el final de los tiempos.

Personalmente, deseo el cara a cara, el cantar las cuarenta a quien sea por delante, sin caretas, sin emisarios. Pero para esto se necesita ser libres y valientes, algo que nunca tienen los que matan por la espalda con la daga florentina.

Por esta vez no lo han conseguido. Pero continuarán. Y nosotros lo contaremos.

Tomás de la Torre Lendínez