La nueva pornografía
En este mundo invadido por un irracional puritanismo de la corrección política, se producen paradojas que le dejan a uno una impresión confusa. Por un lado, una sensación de fatiga al ver que las hordas de la estulticia son tan abundantes que la batalla por la verdad se antoja interminable; pero, por otro lado, una cierta esperanza, al pensar que un sistema tan ridículamente inconsistente no debería poder imponerse a la razón.
Hace unos días, causaban cierto revuelo unas declaraciones de la joven diputada socialista, Andrea Fernández, en las que sostenía que «el “porno” tiene que estar regulado en el sentido de su consumo». La política incluso se presentaba como «abolicionista». De entrada, podríamos simpatizar con esta postura (porque la pornografía es una lacra repugnante que habría que erradicar), si no fuera por varios aspectos, que guardan una cierta relación.

Todos los que consultan habitualmente la información eclesial, saben que existe un pozo infecto de desinformación llamado Religión Digital. El modus operandi de su director y de su redactor jefe ha sido ya descrito en muchos lugares y es ya de sobra conocido. No vamos a entrar en ello.
Santo Tomás dedica en sus obras un espacio llamativamente amplio al estudio filosófico y teológico de los ángeles. Estudiando la filosofía tomista siempre me llamó la atención la conexión que se daba en estos temas entre las distintas fuentes clásicas que recibe el Aquinate. Por eso decidí dedicarle mi tesina de licenciatura al tema de la existencia de las sustancias separadas, que en teología se llaman ángeles, un tema poco tratado y en el que se dan opiniones muy diversas. Ahora presento aquí la introducción de este trabajo, que me he autopublicado para que se pueda conseguir en un formato presentable.
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Hace unas semanas







