9.07.22

Hermana Agnecita

No sé si para todos será igual pero, para mí, las Hermanas de la Caridad nos adelantan en el cielo aquí en la tierra debido a su masedumbre y humildad.

Estoy segura que en otros consagrados se puede hallar el mismo abandono a la Divina Providencia pero, por alguna razón, en ellas esta a flor de piel.

Por eso es que con mirarlas nos quedamos sin palabras ya que es como ver un poquito de Jesús aquí en la tierra.

Por eso es que, lo que tienen, nuestro corazón lo anhela y agradece.

Ella dice que se sienten dichosas, pues, me hacen sentir dichosa con solo existir.

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Por cierto, en relación al tema este es un título que me recomendara el padre José María Iraburu y que me ha hecho mucho bien. 

Jean Pierre de Caussade SJ

El abandono en la Divina Providencia 

28.06.22

La niña Inés

Quienes estuvieron en esa misa me dicen que mamá se despidió de ellos.
Esa fue la misa del domingo anterior al jueves que falleciera.
El caso es que, según cuentan, pidió permiso al padre para hablar por el micrófono y se dejó decir que se sentía dichosa y agradecida con Dios por haberla traído a vivir a este lugar. Todo era para decir que los quería mucho.

Mamá percibía a las personas mejor que ellas mismas.

No sé si esa forma de ser es asunto de genética o únicamente un hábito adquirido ya que su mamá era igual y hasta mejor; el caso es que yo salí parecida y se pude decir que, por la misma razón, también me he llevado decepciones.

Sin embargo, las decepciones para mamá como para mi, así como se llegan se van. El perdón llega pronto y el dolor pasa rápido por lo que, cuando me pongo a hacer recuento de mis conocidos del barrio, ante María en el rosario me simplifico pidiendo por “mis seres queridos” ya que no hay ninguno que no lo sea. Es la verdad.

Uno de ellos es la niña Inés.

La niña o profe Inés, fue catedrática universitaria en el área de las matemáticas, según me cuentan. No se casó ni tuvo hijos. Me parece que cuida de algunos de sus hermanos y otros parientes en cuya compañía se le ve cuando pasa en su carrito.

No se mucho de ella aparte de su habilidad para la matemática y de que es muy piadosa.
Me parece que es de misa diaria. Lo podría asegurar si yo lo fuera, jaja, pero no lo soy. Digo que es de misa diaria porque cuando llego a misa entre semana, siempre está ahí. En la última banca, con su bastón y su chaqueta para el frío la que, al igual que yo, no se quita ni dentro del templo porque el bandido edificio es como una nevera. 

Para ella es que coloco el reclinatorio el domingo en la misa de 8am y cualquier otra misa a la que asisto ya que, aunque es delgadita y muy ágil,  se tira al suelo de rodillas para comulgar y, como usa bastón, supongo que será por algo. Así que trato de ahorrarle el esfuerzo y ella me lo agradece; de hecho, a veces me pide que me asegure de ponerlo y se da perfecta cuenta cuando alguno lo mueve. Porque, de vez en cuando, lo mueve alguno para quien el mueblecito estorba.

Para ella lo pongo y también para mí ya que lo necesito. 

Lo pongo también para las dos o tres almas que comulgan de esa forma.

No somos muchos, en realidad, comparado con la parroquia de Coronado donde la procesión para comulgar de rodillas es enorme. En mi pueblo no es así y ha sido de esta manera desde hace poco ya que el padre Alex tuvo la idea de colocarlo debido a que las señoras mayores nos tirábamos al piso para comulgar y nos costaba mucho levantarnos.

El nuevo párroco, a Dios gracias, no ha puesto objeciones así que, mientras pueda, colocaré para la niña Inés el reclinatorio.

Supongo que, de todas formas, la niña se tiraría al suelo como ha hecho siempre porque, saben? He visto que la niña Inés es una persona de férreas convicciones y que, aunque habla poco y mucho menos habla de su fe, por sus gestos y acciones se conoce que las honduras de su alma no están vacías sino más bien llenas de lo que es importante.

El domingo pasado me detuvo a la salida para preguntarme: -“Usted sabe cuál es el plan de Dios?”

“Caramba!” pensé, a boca de jarro, me resultó difícil hallar una respuesta breve; de seguido preguntó: - “Y sabe usted para qué Dios nos creó?”

“Avemaría!”, pensaba en mis adentros. “Se ve que la niña no ha estado ociosa”, me lo dije a mi misma muy entusiasmada al verme abordada con preguntas fundamentales; tal como si fuera su deber, como podría haberlo hecho con las matemáticas siendo profesora en la universidad.

La niña corrigió mis respuestas y las que ofreció, ninguna era equivocada. Yo no le di a entender que conozco un poquito el tema. No hacía falta. Yo solo quería saber qué vendría de Dios por ahí.

La dejé hablar porque se veía que quería y necesitaba hacerlo. Tenía como una urgencia, así como la que debe haber tenido mamá aquel domingo.  

Me escogió porque, a lo mejor, sabía que la comprendería por aquello de nuestra complicidad en lo de la comunión de rodillas.  

Cualquiera que haya sido la razón, se lo agradezco tantísimo porque fue como que me dejara entrar en lo secreto e íntimo de su ser que es donde está Dios. Recién habíamos comulgado, entonces, lo más seguro es que no estuvimos únicamente ella y yo platicando en el umbral del templo. .

La cosa más bonita y sabia que me dijo, la que mejor recuerdo y que es por lo que vine a escribir es algo muy simple y aunque no recuerdo las palabras exactas, recuerdo que dijo un par de frases relacionadas con que -al crearnos y para su mayor gloria- Dios tuvo la intención de reconocerse en nosotros. Que al vernos, quería ver su imagen, sus cualidades y atributos. De ahí que Dios continuará con su plan hasta que en la imagen de su Hijo, todo sea consumado.

Yo no se pero… les parece que tendría yo alguna razón para no ver a Dios en la niña Inés y, de paso, glorificarlo? 

Por eso, la niña Inés tiene razón en todo y por eso, también, está en mi lista de “seres queridos”

 

26.06.22

Se abrió el cielo en Cartago / "Rosario para hombres"

“El Rosario de hombres es para que la gente se convierta y viva en gracia” Alfredo Brenes, entrevista de Javier Navascués

Así anunciaba Alfredo el “Rosario para hombres” para el que la gracia le despertó el querer y el poder organizarlo y que, finalmente, fue rezado por más de 50 varones arrodillados el sábado 25 de junio durante la mañana en la capital de la provincia de Cartago, Costa Rica.

Sabemos que para Dios la cantidad nunca ha sido importante así que, con más de 50 alcanzando los 70, Nuestra Señora tuvo la ocasión de ser honrada por varones de mi país, tan chiquito.

Le debe haber conmovido ya que, para cuando estaba por comenzar, se abrió el cielo en Cartago, la ciudad brumosa, para dejar pasar un sol esplendoroso que los acompañó durante el evento.

No fue casualidad debido a que, está pasando sobre el país la onda tropical #11 la que, junto con la ZCIT (zona de convergencia intertropical) están detenidas cómodamente sobre este pequeño territorio, apenas unos días después que el polvo del Sahara les evitó instalarse; es decir, no había razones para que el cielo se abriera justo en ese momento, pero lo hizo para mayor gloria de Dios.

Viendo las fotos y por escuchar a Alfredo, de fuera parece todo normal pero no es poca cosa lo que sucede alrededor de varones buscando vivir en gracia. No es poca cosa y, sépase que las mujeres lo notamos aunque, en silencio -como María- lo guardamos en nuestro corazón.

Este rosario en Cartago pasará a la historia como el “Rosario de varones rezado en día sábado de la Inmaculada cuando el cielo se abrió”, o al menos, así lo recordaré; y no por casualidad tampoco que haya sido el día después del Corazón de Jesús y en medio de la celebración de sobresaliente victoria en defensa de la vida humana.

Infocatólica en mi persona, agradece a Alfredo por mantenernos al tanto y festejamos ver realizado su deseo.

De mi parte, muy agradecida también con el párroco que los acogió, el padre Francisco.

Sea a Dios toda la gloria!

12.06.22

"Querido Chocoleta"

“Para que el futuro no sea un tiempo de desolación, sino de construcción y de esperanza”

Por leída esta frase comprendí que había sonado el largo tiempo esperado clic que serviría para decidirme a escribir (o no) sobre algún tema que me interesara.

El autor de la frase, tal como yo, fue invitado a escribir en un diario y de cierta forma que le despertaba temor; por esa razón (lo mismo que yo) lo postergó hasta no escuchar el clic

Que por haberlo escuchado, heme aquí, para mayor gloria de Dios.

Este encabezado estará presente en las publicaciones que haré en este estilo.
Tendrán solo fecha y estará dirigido a un personaje ficticio o no a quien mencionaré con su “querido apodo o nombre” al final.

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11.06.2022

No tenía idea de mi cuando te conocí así que, en una que va y otra que viene, sobre todo porque me lo había buscado, fuiste irrespetuoso y te pagué con crueldad.

Eras apenas un niño comparado con esta personita que recién estrenaba sus veinte años. 

Aquella era una buena edad para haber aprendido algunas cosas pero no, no había aprendido casi nada ni contaba con la inteligencia y tacto para hacer frente a la situación.

Desde aquel día dejamos de cruzar palabra. 

En retrospectiva, no se cuánto afecto hubo entre nosotros pero me parece que fue suficiente. De mi parte, suficiente como para no acercarme y, de tu parte, para  hacerlo.

Treinta años he tenido para entrenarme en el hábito de que, cuando te veía a lo lejos, disimular no haberte visto; no solo por pudor sino por vergüenza.

Hoy te vi caminando muy decidido en dirección a mi. 

“Cielo, bendito! Aquí viene después de tantos años! Qué tendrá para decir?”, pensé.

No recuerdo las palabras precisas pero como dicen los que saben que no aprendemos por lo que nos dicen sino por lo que nos hacen sentir. Debo decirte que fuiste un maestro y conservo un recuedo de bienestar. 

Tenías mucho que decir de tal forma que, con alguna dificultad, sostuve tu mirada hasta que diste por concluido el discurso. . 

Me di cuenta de inmediato que habías llegado a ser un señor inteligente de corazón sincero. De esos que tanto agradan. 

Caray! Fue espectacular escuchar cuanto habías reflexionado y la conclusión a la que llegaste por lo que, fue apoteósico, cuando arribaste a la parte donde me pediste perdón. 

Me pregunto ahora, durante cuántos años te habrás preparado? Cuántas veces me habrás visto por la calle e indeciso pasaste a mi lado, arrepentido y avergonzado, al igual que yo? Cuánto habrás tenido que examinarte y cuánto habrás tenido que corregir para llegar a este día? Estoy segura que no fue tanto por la cantidad de años sino por lo que tuvo que haber sido llorado y enmendado.

Quién en el mundo se toma el tiempo para elaborar un discurso con el que pedir perdón a una persona con la fue irrespetuoso cuando tenía 14 años?

En algún punto hablaste de Dios, dijiste haberte encontrado con El; debe haber sucedido ya que, no es común una historia como la nuestra; me corrijo, más bien, como la tuya de la que nunca sabremos cuándo y cómo fue que reanudó la vida tu corazón de carne; o de chocolate, debería decir. (Quién te habrá puesto así?)

Querido Chocoleta (*):

Aquel día acepté tus disculpas y te perdoné. Me disculpé y pedí perdón también ya que, durante tantos años, no fui capaz de sonreírte cuando pasabas a mi lado, tal como -de ahora en adelante- podré hacer.
Gracias. 

 

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(*) Chocoleta es un helado de vainilla con cubierta de chocolate.

1.06.22

La gracia, como el agua, todo lo sostiene

Las personas realizan pequeños gestos que, sin ellas saberlo, te cambian la vida.

A mí me la cambió el profesor que explicó al grupo la razón por la que tuve la calificación más alta. Nunca antes nadie me había hecho saber públicamente que consideraba valioso mi esfuerzo.
Otro que me la cambió fue un neo-sacerdote a quien tenía muchísimos años de no ver y el día de su ordenación, al saludarlo, recordaba mi nombre. Desde ese día valoré conocer el nombre de las personas.

Benedicto XVI también cambió mi vida por cuanto dijo e hizo con tanto significado.

De las primeras cosas suyas que recuerdo es una frase que me hizo llegar el profesor de teología un día al final de clase cuando nos repartió una estampida que decía “No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno es querido. Cada uno es amado. Cada uno es necesario”

La cita fue extraída de un mensaje que diera el papa a los participantes del “Atrio de los gentiles”, una iniciativa suya, que se desarrollaría en Portugal en el año 2012.

El foro fue pensado para reunir a creyentes y no creyentes en diálogo sobre temas fundamentales y que, por largo tiempo estuvo a cargo del Cardenal Ravasi dando frutos -sin embargo- para aquél año el papa quiso ofrecer un poco de aire fresco a la conversación y, en ese tono, fue que redactó su intervención que vale la pena leer.

Allí dijo que el mundo de hoy es “casi como los edificios de cemento armado sin ventanas”; lo que me hizo recordar el Museo de la Nación en Lima y también, lamentablemente, el nuevo edificio de la Asamblea Legislativa en mi país, Costa Rica.

En Perú el edificio fue construido para que los altos mandos del ejército estuvieran a salvo y más tarde fue dedicado al arte (según me explicaron) pero, en un país sin ejército como el mío, para qué querría el segundo poder de la República “encerrarse” cuando estar en contacto con el exterior sería lo razonable? Pero, bien, eso fue lo que hicieron: un edificio sin ventanas.

Últimamente, se ve cada vez mayor cantidad de personas que prefieren aislarse; la pandemia lo hizo evidente y lo recrudeció. De tal modo que, si ya veníamos siendo “raros”,  a largo plazo, lo seremos todavía más.
Evitarán el delirio de hallar agradable el aislamiento aquellos que hayan podido rechazar ser comandados por la tecnología y los propios temores. Quienes hayan conservado su libertad en contacto con otras personas, con el aire libre, el arte, la música, la cultura, la agricultura y todo lo que nos había venido haciendo humanos desde que suponemos haberlo empezado a ser.

Por supuesto, muchos serán creyentes y, todavía mejor, católicos de “hueso colorado”, me aventuro a asegurar ya que habrán recibido la gracia de comprender de modo diferente y vivir confiadamente de manera singular, tal como coincide con quien se sabe amado, querido y necesario. Para ellos no habrá hecho falta más que saber de qué manera ama Dios sus propios pensamientos; tal como a María. Qué belleza de pensamiento es la persona de la Madre de Dios!

Si somos “fruto del pensamiento de Dios”, parece lógico afirmar que “somos pensamiento de Dios hecho materia”; pensamiento materializado (*) que posee alma o espíritu a semejanza de su Creador debido al que su pensamiento y el nuestro, por gracia, se comunican.

Pregunta san Cirilo de Jerusalén : “¿Por qué motivo [Dios] se sirvió del término agua, para denominar la gracia del Espíritu?” y responde: “Pues, porque el agua lo sostiene todo”

De ahí es que concluyo que el corazón de la Madre es el mayor yacimiento que gracia que cualquier criatura podría jamás poseer y que por esa razón, una vez en su corazón, partir se hace imposible. Y es de ahí, también, que sea tan sencillo hallar en el suyo al Corazón de Jesús y de paso, a mismísimo san José para, finalmente, hallarse como en familia. Todo es acción de la gracia cuyo yacimiento infinito es el corazón de María.

De ese modo, la gracia todo lo sostiene y a la manera del agua y, para que sea de mayor provecho, lo mejor es que sea encausada, por lo que el espíritu humano o alma, viene a ser ese cauce para el agua que da Dios y que san Cirilo describe como “una nueva clase de agua que corre y salta; pero que salta en los que son dignos de ella”.

Tal me parece que de toda la creación, su mejor parte, es el alma en las criaturas.

Por esa acción de la gracia es como “el pensamiento de Dios” que es cada uno de nosotros, cobra vida. Vida verdadera que habíamos perdido pero recuperamos por el sacrificio redentor de Cristo.

De ahí es que ahora vivimos en Cristo para Dios sostenidos por el agua que es la gracia del Santo Espíritu.   

Amen

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(*) “Pensamiento materializado”

Quisiera aclarar a qué me refiero cuando utilizo ese término.  

Me gusta la idea de concebirme como pensamiento de Dios materializado ya que se me facilita poner mi alma en sintonía con la suya, sobre todo en momentos que la realidad no es lo que esperaba o me hace sufrir. No encuentro que exista nada mejor para mi que, por ejemplo, sentir dolor y saberme amada, querida y necesaria debido a que mi vida, pensada por Dios y por gracia, circula por su mente como uno de sus pensamientos. Al final, seré la criatura que Dios pensó de mi al crearme.