¡Un día feliz será mañana!
Ayer lunes al caer la tarde recibí la llamada telefónica de Martín, un niño de diez años, quien me pidió que le evacuara sus últimas dudas sobre la misa tridentina a la que asistirá mañana con su madre, una amiga de su madre y probablemente también sus hijos. Viajarán desde la zona de San Pedro de Montes de Oca hasta San Joaquín de Flores, es decir, cruzarán la capital de este a oeste, lo que les tomará por lo menos una hora. El caso es que el año pasado se preparó pero no pudo asistir ya que, por razones pastorales aducidas por la autoridad arquidiocesana, no fue posible realizar la celebración.

Les diré algo.
Tengo el agrado de comunicar que han sido acogidas como miembros de la Federación Internacional Una Voce (FIUV) las asociaciones de laicos de Puerto Rico y Costa Rica.
Días atrás, conversando y más que conversando desahogándome con Juan el joven que me ayuda a atender a mi padre, le contaba mientras se me salían las lágrimas que mi madre había muerto sola en el hospital.
El Señor me ha deparado una gracia muy grande como es estar experimentando la maternidad a los 52 años a través de los cuidados que demanda la edad y la salud de mi padre.





