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1.11.19

De cuando rezo el rosario (IV) Tanta cosa nueva...

De cuando rezo el rosario voy notando, no solo que cada vez tengo mayor sed de rezarlo sino de rezarlo bien; para empezar, sin quedarme dormida al segundo misterio, cosa que me ha venido pasando durante los primeros dos años de mi consagración a María. Por eso lo estoy rezando más temprano, un par de horas antes de caer la tarde. Antes de caer rendida por el ajetreo. 
No quedarnos dormidos es un pequeño ejemplo del cambio que Nuestra Señora nos alcanza con la gracia de Dios.
Algunos cambios llegan a ser perceptibles a largo plazo y otros, casi de inmediato, como la necesidad imperiosa de rezarlo y, además, de hacerlo como un servicio a las almas que están al cuidado de María quien las ama mucho más y mejor que yo.
El caso es que, termina uno amando a esas almas, doliéndose (con dolor de muerte), alegrándose y consolándose por lo que son, llegan, pueden o se niegan llegar a ser.  
Es como si, por ese rato en el que rezas, el corazón no te perteneciera, como si los sentimientos y pensamientos que produce, te los estuvieran prestando; lo notas porque son intensos, verdaderos, profundos; como que brotan de una fuente inagotable, que se  prolonga, alcanzando más allá del tiempo, a todas las almas y, además, se queda contigo en la medida en que cabe en tu corazón. 
Supongo que son como los sentimientos y pensamientos que llega a tener un servidor que comprende que el sentido de su existencia, su vocación, es colaborar en lo poco para que los deseos y necesidades de su rey, su reinado, sea haga realidad y perdure para el bienestar de todos. Los sentimientos y pensamientos de un servidor que ama y confía en su rey.
De meditar en estas cosas es que, a la vez, vengo a darme cuenta que, como consecuencia de rezar el rosario y de pedir al Señor humildad y docilidad como las suyas, observo que, al final de cuentas, lo que pido es semejarme a María y lo va logrando porque, apenas sin notarlo, me veo diciendo mi propio Fiat a diario, en cualquier lugar, por cualquier motivo, todo lo que sucede se transforma en el momento de la Anunciación. 

Sí, sí, si… una y otra vez a lo largo del día:-  “Sí!. Hágase tu voluntad! Hágase la tuya y no la mía!”
Tal como María en la Anunciación.
Un “Si” con tal poder que, al ser dicho, cambia a quien lo dice y afecta a por quien se ofrece.
Un “Sí” que, por haber sido dicho por la Llena de Gracia, contiene el poder que reinicia la Historia de Salvación. 

Como les digo, de cuando rezo el rosario, vengo a notar tanta cosa nueva en mí…  

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Como hoy es la Fiesta de Todos los Santos aprovecho para decir que no temamos ser santos ya que el mérito nunca será nuestro sino de la gracia de Dios. Y mucho menos hemos de temer siendo que nos ponen la santidad en bandeja de plata con tanto sufrimiento al que nos venimos enfrentando con total y absoluta impotencia.

Deo omnis gloria!

21.10.19

Whatsapp, mi párroco y yo (III)

Nueva entrega de un mensaje que le he dejado hace unos minutos a mi querido párroco por quien no dejo de dar gracias a Dios y no sacaré nunca de mis intenciones del rosario. 
Dios lo guarde porque, desde mi forma de ver la situación de mi país, es un sacerdote de quien se puede uno fiar lo quiere guiar al cielo. 
 
“Hola
 
Meditando en su homilía recordé que mamá, el domingo antes del jueves que murió, sin razón alguna, pidió permiso al padre para decir unas palabras al finalizar la misa. Liliam Marín la escuchó y fue la primera que, al enterarse de la súbita muerte de mamá, llegó a mi casa diciendo que ella se había despedido ese domingo. 
 
Qué fue lo que dijo? No hizo otra cosa sino dar gracias a Dios por haberla traido a vivir a este lugar donde encontró a tanta gente tan buena, asidua a la oración y fáciles a la caridad. 
Mamá era un católico comprometido, de esos como doña Ana. 
 
De mamá fue que aprendí a ver en los vecinos la gracia que Dios les regala y que, pese a sus defectos y carencias, los hace ser personas de oración y fáciles a la caridad. 

Por ejemplo, uno no los ve yendo a orar al templo a esas sesiones de oración largas y algo bulliciosas pero los ve reunirse en los velorios, en las misas de requiem, en las novenas y aniversarios. 

Hay que ver el montón de señoras, señores y algunos jóvenes que se reunen a rezar por los difuntos y el seguimiento que dan a los enfermitos y luego a los deudos. No se si los ha visto salir en carrera a ayudar cuando alguno sufre alguna tragedia. Se pasan yendo a sus casas, pendientes de cualquier cosa que necesiten. 
 
Yo no lo vivo en carne propia porque a mi nadie me invita a nada ni me comunican rezos ni velorios ni nada, me tiene al margen pero ya lo acepté;  pero igual me entero de todo lo que hacen por los demás y de cuánto rezan u oran. 

Uno se da cuenta que oran mucho cuando habla con cada uno sobre ese tema. Yo lo hago porque es algo que de lo que me gusta hablar ya que soy un poco rara. 
 
Si, padre, es como se lo digo. 
 
También es como le digo que tengo 40 años de escuchar a los párrocos quejarse de nuestra forma de ser y a muy pocos o ninguno, hacer como mamá, es decir, reconocer la gracia que nos regala Dios pese a nuestros defectos y carencias, solo porque nos ama y nos ve ávidos de amar al prójimo. . 
 
Mucha gente muy santa tiene usted en su parroquia, padre. 
Demos gracias a Dios".
 
 
 

21.08.19

Allá en el fondo del sufrimiento... ¿es o no es, así?

Hablando por correo con un apreciado sacerdote, le he hecho la siguiente pregunta:  

“Fíjese, padre, una cosa que pensé el otro día. Pensé que, me parece, que allá -en el fondo del sufrimiento- donde uno, finalmente sufre, y sufre, y sufre sin ver que nada ni nadie puede ayudar o rescatarle; allí donde uno -aparentemente solo- no tiene otra opción que dar gracias a Dios, rendido, alabarle y glorificarle continuamente y con todas las fuerzas que le quedan. Allí, en ese lugar vacío, donde parece que no hay nada más que tu alma. Allí, uno, como que escucha el mandato de ser feliz. Y sale de ahí, siéndolo y ya parece que nunca se le quita. Es o no es así?”

La verdad, le hice la pregunta más que por la respuesta para darle aviso de que voy por buen camino y alegrarle. Saben? A ese sacerdote, pienso, le debe dar mucha felicidad escuchar estas cosas. Digo, les debe dar alegría saber que hay almas que siguen a Dios, lo aman, adoran y glorifican en todo momento. Cierto? Es que, para qué más se haría uno sacerdote y perseveraría en el servicio de Dios?

Eso, pienso, viene a ser como un toque de gloria del tipo que habla Bruno Moreno en su último post y del que le compartí como comentario cuando le conté que en mi parroquia sucede lo mismo pero, además, cosas como la que observé apenas hace unos días cuando la viejecita más vieja, gran servidora que ha adornado el presbiterio desde hace 20 años y  llevado la Santa Comunión a los enfermos durante 40,  ha empezado a comulgar de rodillas.

No realmente extrañada (en ella era algo de esperar) sino por mera curiosidad, este domingo le pregunté: “¡Diay, Doña Ana! ¿Qué fue eso? ¡Usted comulgado de rodillas! ¿Qué se le metió?” 

Lo pregunté de ese modo porque somos amigas y porque muchas veces hemos conversado sobre la necesidad de hacerlo aunque ella nunca quiso profundizar debido a que respeta mucho lo que ordenan los sacerdotes y como ellos nunca ordenan, piden o sugieren comulgar de esa forma, ella, poco o nada habla de cosas que, aparentemente, suenan a desobediencia o rebeldía.

El caso es que me respondió: “Mire, lo hago como acción de gracias por tantos años que el Señor me ha permitido servirle en los enfermos. Como acción de gracias. Solo por eso y no para que me vean” (Se ve que ha luchado con este asunto).

“¡Acción de gracias!” Haría falta alguna otra cosa para tirarse al suelo aun teniendo las coyunturas oxidadas, los huesos viejos y cansados? Nada. Nada más hace falta más que un corazón agradecido que alegre, reboza de gozo y paz. 

Tal como a Doña Ana, a muchos les toma años decidirse pero a la “santita", como con cariño le decía mamá hablando de ella entre nosotras, al fin le llegó el momento.  

Este fue mi toque de gloria que en el fondo, allá muy en el fondo del sufrimiento que sufro, lo escucho como aquél mandato de ser feliz. 

Sí, esos pequeños toques de gloria, me mandan ser feliz.

¿Es o no es, así?

25.07.19

De cuando rezo el rosario (III) Tras el calvario del día

“La cruz horada con su merced divina la necedad del pecado, y se planta como victoria de Cristo en tu horizonte humano. Surge el Calvario en tu vida donde antes no había nada, y así caminas a grandes pasos, de horizonte en horizonte, hacia la meta".

Alonso Gracián

 

Yo, lo de Alonso me lo aplicaría diciendo que voy caminando “a grandes pasos de rosario en rosario hacia la meta”

Es tanto el ajetreo, tanto sobrellevar dolores y realizar deberes, que se pasan las horas volando al punto de que uno olvida para quién trabaja y para qué lo hace.

El caso es que, la hora en que la Madre me espera para conversar, es el pedacito de cielo que necesito para recordar lo que es fundamental jamás olvidar.

Qué cosa buena era recostarme junto a mamá para conversar antes de la siesta. Platicábamos y, luego, dormíamos un ratito.  Era tan reconfortante, brindaba una seguridad y paz tan grandes!

Ese delicioso momento, bastaba para seguir con lo que quedaba del día.

Pues bien, algo parecido –ya que no es igual sino mucho mejor- son esos minutos que paso con la joven María, a quien tanto quiero.

Claro, siempre que el mundo quede fuera de mi cabeza o que los de fuera dejen de tocar la puerta pese a que coloqué el rotulito que dice “Rezando”.

Qué caray! Debo admitir que, de cuando rezo el rosario tras el calvario del día, regreso a mí por María solo para darme cuenta que por merced divina su Hijo amado tiene la victoria sobre el territorio de mi existencia donde antes no había nada.


Madre adorada, gracias por esperarme cada tarde.

Gracias por la gracia que me alcanzas para regresar a mí y, por ti,  a ya sabes Quién.

20.07.19

De cuando rezo el rosario (II) A su lado la gracia te moldeará en Amor

El otro día miré un video en el que entrevistaron a Fray Nelson Medina en el que contó que, siendo joven y estando alejado de Dios, se despertó en el una enorme fascinación por la Virgen María la que, al fin y al cabo, fue lo quien lo atrajo a la fe y a su vocación como miembro de la Orden de Predicadores (OP) o dominicos.

A Fray Medina, de cuando lo veo en persona, le pongo mucha atención porque, por poco que diga, lo que dice es algo que debe ser dicho. Ni una letra más ni una menos.

En esta ocasión, haber conocido de su boca que María lo atrajo y que sea algo que tengo con el en común me pareció bellísimo. Estaba escrito que mirara yo ese video para conocer el hecho de su propia boca.

A mí María Santísima me atrajo hace poco y fue que, de repente, se me despertó una gran necesidad de consagrarme; así que tomé el primer curso que pude y que consistía en la lectura y meditación de Tratado de la Verdadera Devoción, algunas lecturas de varios otros santos y papas.

De las lecturas caí en la cuenta que consagrarme iba a ser un acto definitivo del que, no solo emanaría gracia sino también sufrimiento ya que, pertenecer a Jesús por María, es pertenecer a la obra de redención hasta en sus mínimos detalles sean o no agradables.

Sufrir a nadie le gusta por lo que, por supuesto que titubeé por un micro-instante; sin embargo, me tiré de consumida en la experiencia con una confianza que, ahora entiendo, no era mía sino un regalo de Dios. 

El caso es que, desde entonces todo lo que prometió María se ha cumplido: llega sufrimiento hasta de las cosas más insignificantes pero también mucha gracia al punto que mi vida ya no parece mía aunque lo sigue siendo.

Ahora bien, qué tiene que ver con María, con fray Medina y conmigo?

Tiene que ver con que, así como con Fray Medina presto atención con el fin de no perderme detalle de su boca durante el poquitico tiempo en que nos encontramos, igual con María cuando con ella rezo el rosario ya que, de tenerla delante por tan solo minutos, no querrías perder detalle de su boca. .

Por eso rezarlo con devoción, modestia y atención es tan importante (aunque a veces requiera de una doble o triple invocación al Espíritu Santo) ya que siempre te dirá algo que debes saber como, por ejemplo, algo tan simple como su-pre-ma-men-te importante como que te conserves en la confianza y esperanza de que a su lado la gracia te moldeará en Amor. 

Por eso y muchas otras cosas, presto atención a los instantes con fray Medina y pido la gracia que necesito para también ponerla durante el ratico chirrisquitico que paso a diario con Nuestra Señora, María Santísima, Madre de Dios, Madre Nuestra y Madre Mía.

“Tratad mucho a Santa María. No hay senda más segura para afinar en la vida interior. Saboread esos piropos que nos muestran su dignidad sin par: Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo. Y utilizad el atajo: ir por María a Jesús “. Beato Álvaro del Portillo