InfoCatólica / Deo Omnis Gloria / Categoría: Celebrando la vida

20.12.20

De las cosas de cada día (VIII) Como la jirafa

Catorce mil millones de años tiene el universo de existir.
Doce años mil tiene el ser humano.
Dos átomos, uno de carbono y otro de uranio, salieron disparados tras la muerte de algunas supernovas ubicadas en lugares opuestos del universo para darse cita en este pequeño lugar y originar la vida que conocemos.

La soberbia humana ha llegado al extremo de pretender hacernos pensar que aquello fue fortuito pese a que es evidente que el universo es infinito, a que son incontables las supernovas que han muerto y a que es imposible calcular las posibilidades del encuentro en la vastedad del universo de dos átomos perdidos; sin mencionar el sinnúmero de otros factores que permitieron la existencia de la vida; tal como las cinco veces en que se ha extinguido y vuelto a existir no sin mostrar, cada vez, un avance en su naturaleza y esencia que, junto a otros factores, la hacen ser lo que es.

Tuve a un gran teólogo viviendo conmigo y fue mi madre. No fue teólogo propiamente sino solo una mujer que oraba, leía, frecuentaba sacramentos, estudiaba, trabajaba, amaba. La amo tanto por haberme mostrado a Dios! Ella decía que a Dios, para conocerlo, basta con contemplar la naturaleza. Cuánta razón tenía!

Ella vivió la mayor parte de su vida en el campo y también yo; por lo que  de ella aprendí a  valorar, observar y cuidar lo que Dios, con tanta sabiduría, bondad y generosidad, nos da en todo lo que ante nuestros sentidos se presenta.

Con frecuencia, ante la belleza del paisaje decía en voz alta para sí misma: “Qué necesidad había de hacerlo tan bello y a mí con capacidad para contemplarlo?”

Una madre jirafa en duelo por su cría permanece a su lado durante días; cosa que no le impide defender con su vida a una cría de antílope cruelmente secuestrada por leones pequeños que la muerden, corretean y maltratan con el fin de practicar cacería.

La jirafa los enfrenta y su acción permite que el pequeño antílope escape. Tras asegurarse de que regresa con su mamá, la jirafa vuelve al lado de su cría muerta.

Yo digo que no es fortuito que los animales hayan desarrollado el cerebro al punto de que manifiesten realicen este tipo de acciones hacia especies en desventaja, y tampoco lo es que el ser humano haya llegado a existir y que, además, haya dado el salto de lo irracional a lo racional al punto de llegar a tener conciencia de sí mismo, de poseer espíritu o alma con anhelo de infinito, fe en el creador, esperanza de vida perdurable y amor por la vida en todas sus expresiones.

Lo afirmo sin ser científico, nada más por poseer cinco sentidos y un cerebro con la capacidad de llegar a conclusiones; por lo que -no parece tener sentido- que alguno, sin estar muy enfermo,  me obligue a pensar de diferente modo.

Ni siquiera siendo yo irracional como la jirafa, permitiría que ninguno me obligara a hacerlo.
La jirafa, sin ser racional, actuó de acuerdo a lo que veían sus ojos.  
Quién tendría derecho de obligarme a actuar de diferente modo?

Sin embargo, es lo que sucede en nuestros días.

Ahora muchos pretenden convencernos de que lo evidente no es real sino que lo real son las ideas y, principalmente, las que salen de sus cabezas; tal como que la vida no comienza en la concepción, que no existe desorden afectivo en la atracción de personas del mismo sexo, que da lo mismo que la familia no sea de papá y mamá o que las almas se pueden comprar y vender con el fin de imponer con la ley sus opiniones y, supuestamente, sin que aquello redunde en daño gravísimo para la conciencia y espíritu y, por tanto, para la existencia humana.

Esos que así actúan son como los leoncitos jugando con la vida del antílope bebé; nosotros, cada hijo de Dios que ame, crea, espere y adore -para no echar por la borda la intención que entrañan los 14mil millones de años del universo- tendría que ser la madre jirafa, como mínimo.

Por cierto, luego de considerar todo lo anterior, podría alguno -en sus cinco sentidos- concluir que todo sucede por azar y sin propósito?

14.12.20

De las cosas de cada día (VII) Algo tan simple!

Cuando uno conoce que no es más importante que una mota de polvo en el universo pero se le ha dado suficiente luz en el entendimiento para reconocer el pecado propio y ajeno y dolerse y expiar por él; cuando uno ve que parece no tener efecto en algunas personas la profundidad de las llagas de nuestro señor Jesucristo; cuando uno ve que de todas formas continúan existiendo maestros de la ley corruptos cuyos superiores parece que no los aman lo suficiente como para corregirlos; cuando ni siquiera nuestros superiores saben hacerlo o lo hacen o aceptan que se les corrija de ninguna manera, ni siquiera por amor; cuando uno habla y habla para echar luz, de la poca  -aunque muy veráz- que se le ha dado, y no consigue ver ningún resultado; cuando uno pasa orando y orando por las autoridades y sencillamente no parece que vayan a convertirse a Dios en toda su vida; cuando uno observa que todo esto y mucho más parece no tener remedio es cuando uno debe recordar la historia del Universo pero también y sobre todo, la Historia de sSalvación, uno debe recordar quién tuvo el primer pensamiento sobre la creación, quién le dio forma y la sustenta; uno debe recordar a los primeros padres, a los profetas, a los patriarcas, a María santísima y a San José, a los apóstoles y a sus sucesores; debe uno recordar a los santos de antes y a los de ahora; debe también volverse hacia la bondad, verdad y belleza de los pequeños actos de quienes, alrededor y pese a sus defectos y recaídas en el pecado, aman a Dios sobre todas las cosas.

Uno debe recordar que literalmente, es nada; que si Dios estuviese ubicado en algún lugar del universo, desde su perspectiva, prácticamente, no existiríamos dentro de la vastedad del universo, dada la pequeñez del planeta y lo ínfimo de nuestros cuerpos con alma. Ciertamente, no somos “mayores que una mota de polvo” y “nuestra vida no es más que un soplo qué pasa”.

Para recordar y reflexionar sobre todo esto ayuda mucho hacer la Liturgia de las Horas pero, sobre todo, vivir en gracia para  rezarla desde un corazón que le pertenezca por completo a Nuestro Señor Jesucristo, tanto habrá de pertenecerle que parezca el suyo propio; para –de ese modo- orar en él y con él; para alabar, glorificar, adorar, gemir e implorar misericordia desde la perspectiva del último de la fila y quien a la vez, “es el primero en todo".

La Liturgia de las Horas contiene lo necesario para llevar todo nuestro ser a Dios para recibir de su gracia lo que nos permita comprender un poquito mejor el sentido de la Historia de Salvación y con ello, nuestra propia historia; de lo que no es raro, recibamos Paz.

Ahora, justo cuando tanto lo necesitamos para valorar con serenidad la Fe, la Esperanza y la Caridad que se nos han dado.

Fe, Esperanza y Caridad es lo que necesitamos para llegar a la vida eterna junto a Dios.

Sobre tres simples dones se sostiene el sentido de la existencia humana.

Bendito sea Dios! Algo tan simple!

Me hace pensar en que, el pensamiento del cual fuimos creados, debe haber sido igual de simple.

12.12.20

De las cosas de cada día (VI) Un regalazo divino!

“Aunque germinen como hierba los malvados y florezcan los malhechores, serán destruidos para siempre. Tú, en cambio, Señor, eres excelso por los siglos”.
Salmo 91

 

Me enriquece leer los escritos del padre Iraburu. Los tomo como regalo del cielo. 

Por este tiempo, como preparándonos para Navidad, nos tiene leyendo sobre espiritualidad.
Una, de tantas cosas que ha dicho,  llamó mi atención ya que la había pensado. Cito textualmente:

“todos estamos llamados a «engendrar» a Jesús en nuestras vidas, todos hemos de ser «madres» de Cristo. Dice el Señor: «quien hiciere la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,35). Por tanto, madre de Jesús se hacen cuantos «oyen la palabra de Dios y la ponen por obra» (Lc 8,21)”; por tanto, si la gracia nos hace madre de Cristo, ese nacimiento es del mismo Cristo en nosotros.

Aunque en teoría no parece que esté diciendo nada nuevo; sin embargo, será novedad para quien descubra en sí mismo que está en labor de parto.

No es algo de lo que se pueda hablar fácilmente, de hecho, a veces es preferible callar; sin embargo, el Espíritu inspira cuándo hablar, tal como ahora.

Y, para qué hablar? Para que se conozca la obra de Dios y aumente así la fe, la esperanza y el amor, propios y ajenos.

Y, para qué aumentar la fe? Para que creamos a Dios cuando nos dice que nos quiere santos. Para creerle que nos santifica a pesar nuestro.

A muchos les debe pasar como a mí; por ejemplo, tengo unos hermanos llenísimos de defectos; algunos de sus defectos son terribles pero, así y todo, veo claramente que el Señor los santifica y solo porque ese par de dos se le han rendido de forma incondicional.

Y, qué después de ver la fe aumentada? Que la esperanza aumenta a la enésima potencia. No es cosa de la imaginación, sino de Dios para “que nadie se engalle”.

Y, qué después de ver aquella esperanza grandotota, inabarcable, inmensa? Que, entonces, van desapareciendo los límites que ponemos al amor, es otro amor con el que amas y te sabes amado. Ya no es tuvo, sino de Dios, para que no te engalles.

Después de todo eso, qué? Que ya no importa otra cosa más que ser de Dios y estar con Él. Nada importa. 

Y,  el pastel tiene cereza? Como es cosa de Dios no podría faltar: la cereza es la Paz.   

Después, lo que sobreviniere será medio para llegar a la dicha eterna.

Es un regalazo! Un regalazo divino! 

Por eso, que “germinen los malvados y florezcan los malhechores, (que -de hecho- germinan y florecen), el Señor es excelso por los siglos”

Aunque pareciera, como lo de engendrar a Cristo no es un parto fácil, el Señor que es bueno nos ha dado a María, Madre del Redentor y Madre nuestra:

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas [ ] ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿no estás bajo mi sombra? ¿no soy yo tu salud? ¿no estás por ventura en mi regazo? ¿qué más has menester? No te apene ni inquiete otra cosa”

 Amen


11.11.20

De las cosas de cada día (IV) Las certezas existen y, el control, lo tiene Dios.

Como si la pandemia fuera poco, los medios de comunicación y el propio Biden, han puesto en jaque la Democracia, al declararlo ganador antes de tiempo.

No hay duda de que son tiempos en los que no se puede tener certeza ni control sobre casi nada.

Dentro del presente estado de cosas, no sé qué habré estado soñando la otra noche; me parece que de haber sido algo en lo que mi vida corría peligro ya que, en algún momento, hice recuento de artículos para sobrevivencia. Mientras buscaba en una mochila, muy parecida a mi alma, me iba diciendo: “Si, aquí tengo la fe, aquí la esperanza y está el amor. Listo!".

Después de la verificar, me acurruqué; tras unos segundos, sonreí al verme en paz con “tan solo” los dones divinos; pero, por qué no estar en paz?

Uno, que –por lo regular- piensa más como piensa el mundo, dice que no existen certezas ni se tiene control; sin embargo, talcomo lo supe en mi sueño, las certezas existen y, el control, lo tiene Dios.   

De esto, mucho han conocido los santos y mártires de todos los tiempos.
 
En el Oficio de Lectura hemos empezado a leer el Libro de los Macabeos, es un libro al que siempre le he tenido miedo, sin embargo, leyendo las perícopas que día a día y tan bien hilvanadas nos presenta el Oficio, voy descubriendo las semejanzas con el tiempo presente.

Aquellas gentes –muchos no vivieron largo tiempo- enfrentaron sus días bajo amenaza de muerte dentro de circunstancias atroces; por ejemplo, de los siete hermanos, el primero fue martirizado de manera semejante a como padece un bebé en el vientre materno cuando, por métodos abortivos, es mutilado y quemado vivo. El mismo método aplicaron a los restantes hermanos.  

Cuando constato que, tal como Caín, el ser humano todavía odia su vida y que, todavía, adora dioses extraños, tal como los poderosos de este mundo adoran el dinero, es cuando me resulta  fenomenal que el gobierno de Trump, hace un par de semanas, haya firmado la Declaración de Ginebra y que, por lo mismo, algunos juzguen a su país como uno que se suma a tantos en los que “la vida y la salud corren peligro”, únicamente, por declarar que la vida humana inicia en la concepción.

Firmar esta Declaración antes de las elecciones fue ponerse la soga al cuello ya que no existe forma de interpretar que dijera algo diferente a  “En este país se respetará la Ley (de Dios) sin importar las consecuencias”; semejante a como hicieron los Macabeos antes de morir.

No comparo a Trump con ellos (ya que ni siquiera es católico, todavía), digo que existen certezas que hacen que declares a favor de Dios, Creador, Dueño y Señor.

(Yo digo que, aunque Trump resultara perdedor, saldrá siendo modelo para quienes podrían tener dudas de firmar declaraciones como la de Ginebra)

No sabemos cuánto tiempo tardaremos en salir de este infame periodo pero – de seguro- saldremos ya que la Historia tiene Dueño y, nunca ha sido ni será ninguno de los poderosos de este mundo. Lo atestiguan los Macabeos.

“Has de reconocer hoy y recordar que el Señor es Dios,

en lo alto del cielo y abajo en la tierra,

y que no hay otro.  

Guarda los mandatos y preceptos que te voy a dar hoy”  Dt 4, 39-40ª

 
Después de miles de años, lo dicho a Moisés, continúa siendo Palabra Viva que vivirá eternamente. 

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A todo esto, les informo que hace mucho bien rezar la Liturgia de las Horas.
Dios les ha de estar inspirando hacerlo, escuchen y obedezcan, no quedarán defraudados.

1.05.20

Ideas sueltas para mis vecinos y un par de mis queridos obispos

Mi distrito es muy pequeño, quizá cinco mil habitantes pero, además, es de los más pobres del país. La pobreza no se palpa tan facilmente porque es el campo y aquí, parece todo marchar bien, pero no es así; ya desde antes del virus, habría gente pasando necesidad. El virus nada más ha complicado las cosas y obligado a muchos a esperar ayuda del gobierno. Mucho me temo que si no hacemos un esfuerzo para que estas personas no dependan del Estado, la situación será mas grave. 

La intervención de Mons. Luis Arguello, vocero de la CEE, viene muy al pelo a la situación presente y oportunísima para el Día del Trabajo. 

A continuación algunas de las ideas que vengo dando a mis vecinos y a un par de obispos que, por gracia de Dios, me escuchan. 

  • No sé cómo será que terminarán distribuyendo los alimentos y, aunque asumo que lo harán bien, ninguno debería quedarse esperando ya que, como lo he venido diciendo, las cosas no mejorarán pronto por lo que, es necesario que se comprenda que la vida debe continuar y que el esfuerzo debe duplicarse para no caer en un punto de pobreza del que no podamos salir por nuestros medios. Analicen con cuidado quienes siguen trabajando para que observen que si es posible continuar generando ingresos.
  • Un ejemplo de superación lo he conocido de manera muy cercana y es el de cinco hermanas que quedaron embarazadas muy jóvenes pero que se ayudaban una a la otra para seguir estudiando o ir a trabajar.
    Este mismo ejemplo lo pueden seguir no sólo hermanas sino mujeres de una misma familia, primas, sobrinas, etc. o las mujeres de un mismo vecindario.
    Que todos estemos bajo tanta presión hay que entenderlo como el camino que hemos de seguir para cambiar radicalmente la mentalidad que nos trajo al deplorable estado en el que estamos.
  • En el tiempo de mi abuelita y de mi mamá la gente era mucho más pobre  pero se ayudaban entre ellos según la posibilidad de cada uno; por ejemplo, las señoras con mayores recursos recogían chiquitas de sus parientes o de sus vecinos y las criaban.
    Llegaban señoras a vender tortillas a la casa, los panaderos vendían casa por casa sus productos, las personas intercambiaban trabajo por plato de comida. La gente no tenía para desperdiciar y entonces les alcanzaba más lo que tenían. Muchos no temían trabajar en el campo o haciendo pequeñas labores de todo tipo.
    En ese tiempo no había tanta ayuda del gobierno y por eso las personas eran más independientes y, aunque tuvieran pocos recursos, vivían con mucha dignidad porque debían esforzarse para obtener lo necesario.
    Esa es la dignidad que debemos recuperar porque, aparentemente, la hemos perdido
  • Y es que, póngase a ver; qué de bueno puede tener lo que se obtenga si no es por el trabajo?La ayuda del gobierno no es la tabla de salvación sino el trabajo.
    Si el gobierno o la municipalidad no aprovechan esta situación para ayudar a los pobres a vivir de forma independiente, lo que están generando es una carga extra para el Estado que a ninguno beneficia.Nosotros mismos hemos de exigir que se administre el país de manera que podamos vivir del trabajo en lugar de la ayuda del gobierno.
  • Conozco familias que no son pobres pero que ya cambiaron su estilo de vida, por ejemplo, cancelaron el cable y el internet, contrataron al ICE teléfono fijo y solo el papa y la mamá conservan celular; además, se propusieron distruirse las labores del hogar, Empezaron a comprar en otros establecimientos y a los productores o emprendedores.
    Sin TV ni celulares les queda mucho tiempo para estar en familia y conversar, para rezar los que rezan y para generar ideas para producir, entretenerse y divertirse.
    Ese tipo de cambios son los que esta nueva situación exige.
    Quien pretenda seguir dando prioridad al consumismo, al egoísmo o al ocio, está cavando su propia fosa.
  • Monseñor, buenos días:
    Mi distrito es de los más pobres del país pero existen muchos emprendedores
    Tengo como tres párrocos de estar sugiriendo que utilicen un local comercial que nunca alquilan para crear ahí un mercado para esos ellos.
    Lo he pensado por tanto tiempo que ya tengo bastante clara la idea de lo que se puede o no se puede hacer ahí.
    Yo se que muchas parroquias podrían tener ese tipo de locales por lo que, vendrían bien, ir pensando poner en práctica la doctrina social de la iglesia desde ahí.

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El realismo que aprendí de Mons. Luigi Giussani rinde frutos y es que, sin realismo no es posible la razonabilidad ¿o, será más bien al contrario?. Ser razonable y ser realista es de de lo que encuentro más apegado a vida cristiana que conozco ya que es el ejemplo dejado por los discípulos y aprendido de mano de Nuestro Señor Jesucristo. De parte nuestra no deberá faltar la oración ya que no faltará la intervención directa del Espíritu Santo. Esa fue la promesa. Lo recuerdan?