La verdad para la que estamos hechos
He observado que tenemos ante las narices verdades tan grandes como el mundo y somos incapaces de reconocerlas. Son del tipo de verdades, tal como el tesoro escondido en el campo (Mt 13, 45-46), por las cuales uno vendería todo lo que tiene para adquirirlas.

Me conmovió desde que lo leí pero me ha conmovido más desde lo que, a lo largo del día, he reflexionado sobre lo que implica el durísimo camino que conduce al punto de humillarse para pedir perdón.
Con esto de que nos hemos encontrado en facebook un número significativo de fieles que deseamos la misa según la forma extraordinaria del rito romano he llegado a reconocer la existencia de una también significativa cantidad de fieles que circulamos por las parroquias de la Gran Área Metropolitana, como dijo alguna vez la poetisa brasileña Adelia Prado: “buscando un lugar para rezar”.