El bochornoso espectáculo de la Macarena
Porque no se puede denominar de otra manera. Fue algo indignante y bochornoso. Los demás adjetivos, ustedes mismos.
Vergonzoso desde el gobierno de la nación. Me acordaba de una anécdota de los años sesenta. Contaban que llegaron a la madrileña estación de Atocha un torero de postín y su cuadrilla que viajaban a Sevilla. La máquina de vapor echaba humo con abundancia y rugía que daba miedo en demostración de potencia. Un banderillero se acercó a la máquina y le dijo: “esos … los quiero yo en Despeñaperros".
Pues sí, esos … del gobierno los queríamos haber visto todos en vida de Franco. Casi cincuenta años después de su muerte ya no tiene gracia ni mérito.

Lo de ser cristiano es más simple que el mecanismo de un botijo. Lo que pasa es que de puro simple asusta o de puro simple hay gente a la que le parece que hay que buscar cosas más nuevas, extraordinarias, que sorprendan y llamen la atención. Ganas de hacer el canelo.
Hace unos días me hacía eco del silencio impuesto a D. José Luis Aberasturi. Me duele y me preocupa, pero solo hasta cierto punto. Es un sacerdote con años y con la fortaleza de la experiencia y una dilatada vida sacerdotal. Más me duelen los silencios impuestos a otros sacerdotes, en ocasiones muy jóvenes, porque están mucho más indefensos. Las razones que se esgrimen para los silencios impuestos o recomendados, algo sé, son razones de prudencia y de comunión eclesial.
Si dijera que el titular me ha sorprendido, estaría mintiendo. Aquí lo único que sorprende es que alguien se atreva a proclamar la fe de la Iglesia y recuerde sus implicaciones morales. Es que esta mañana he podido leer la noticia en Infocatólica, en portada estaba, según la cual el cardenal Hollerich, arzobispo de Luxemburgo y presidente del episcopado europeo (COMECE), aboga por bendecir parejas homosexuales y por un evangelio sin normas ni prohibiciones.





