Se nos pedirá cuenta. A los más altos, más
Hay que estar ciego para no ver la tristísima realidad de la Iglesia católica hoy. Lo de los números es solo la consecuencia de la descomposición interna. Conventos que se cierran cada día, vocaciones en caída libre, práctica sacramental bajo mínimos, audiencias papales con vacíos sangrantes. Estas son las consecuencias. ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando?
Un cura de pueblo como un servidor difícilmente hará análisis sesudos que a los grandes expertos se los dejo si quieren y se atreven, que esa es otra, a hacerlos. Pero no me importa en absoluto dejar mi opinión. Breve, en pinceladas, pero estas son algunas de las causas que me atrevo a señalar.

Servidor mismo. Ayer sin ir más lejos.
Ya saben que servidor es muy suyo, o muy mío, y que tiene su forma de administrar el blog. Atentos que no digo que sea una forma buena o mala. Es mía. Simplemente mía.
Este es hoy el problema de muchas familias católicas. De vez en cuando me encuentro con personas que se dirigen a un servidor pidiendo que les ayude a encontrar una parroquia de confianza donde acudir a misa, confesarse y llevar a sus hijos a catequesis. Mi primera respuesta es la fácil: todas las parroquias son de confianza.
Ayer domingo publicó en ABC el profesor Serrano Oceja un artículo escalofriante en el que se hace eco de los datos sobre creencias religiosas según la encuesta del CIS del mes de noviembre. Dice D. José Francisco: “lo más llamativo quizá sea que sólo el 11,7% de los jóvenes de entre 18 a 24 años, y el 8,9 % de los que tienen entre 25 y 34 años, se declaran católicos. Esto supone que sólo uno de cada diez jóvenes españoles se confiesa creyente católico. ¿Cuál será, por tanto, el futuro de la presencia de la propuesta de la Iglesia?”





