Perder la vergüenza
Lo de tener o no tener fe es cosa íntima de cada uno que solo Dios sabe. Lo recordamos en el canon romano: “Acuérdate, Señor, de tus hijos … y y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces". Dios, que no nosotros.
Demasiadas veces oigo decir de alguien que si este ha perdido la fe, que si el P. Fulánez no cree en nada, el obispo Merengánez más de lo mismo, los catequistas de santa Veneranda vaya usted a saber en qué leches creen y así hasta casi el infinito.
Una barbaridad, porque la fe y la entrega de cada uno solo las conoce Dios, y porque de lo que hay en el corazón del hombre, de su intimidad más íntima, no juzga ni la Iglesia. Por tanto, decir si Fulano tiene fe o ha dejado de tenerla es, cuando menos, muy arriesgado. De lo único que puede juzgar uno externamente es de si alguien, sin entrar en la cosa de sus creencias más internas, lo que ha perdido ha sido la vergüenza, y eso sí es un dato objetivo.

Tres por decir algo, que los hay que le buscan no sé si dos o hasta siete.
Lo he leído hace un rato en
Hablaba ayer con un buen amigo sacerdote. Joven, muy buena formación y creo que las ideas suficientemente claras. Me decía que lo que más le está sorprendiendo en su corta vida sacerdotal es encontrarse con que la fidelidad en cosas que debieran parecer simples le está suponiendo graves dificultades.
Hace tiempo escribí sobre la





