La culpa fue del cha cha cha
Uno se hace sus preguntas. La esencial, sin duda, es el sentido de nuestro ser Iglesia y qué es lo que Cristo espera de nosotros. Posiblemente, y de forma implícita, se supone que todos lo debemos tener claro, pero quizá no nos viniera mal recordarlo de vez en cuando.
Me atrevo a decir lo que yo entiendo. Creo que nuestro objetivo como Iglesia, como diócesis, como parroquias, solo puede ser este: que todos los hombres se conviertan a Jesucristo, se bauticen, vivan santamente en este mundo y después de esta vida alcancen la felicidad eterna. Y me atrevo a decir que esto no lo escucho en parte alguna y mucho menos expresado con toda claridad y contundencia. No sé si es porque se supone que ya lo sabemos o por ese pudor que nos hace vivir entre complejos por si acaso se meten con nosotros.

Las cabezas se ponen tontas y en ocasiones mucho más de lo que parece.
Ayer tuvimos encuentro de todos los arciprestes de la archidiócesis de Madrid con el señor cardenal arzobispo. La verdad es que aunque da pereza, no olvidemos que un servidor tiene 85 km. desde sus pueblos al centro de Madrid, uno agradece el encuentro y la posibilidad de vernos y trabajar juntos.
- Santidad, disculpe las horas. Soy el P. James Martin, su hermano jesuíta.