Campanillas: variaciones sobre un mismo tema

Es interesante cómo las cosas aparentemente más simples acaban convirtiéndose en un conjunto de variaciones sobre un mismo tema que a uno le dejan asombrado.
Hace aproximadamente un mes que empezamos a tocar las campanillas en todas las misas en el momento de la consagración. La cosa no tiene mayor problema. Cuando hay monaguillos, los monaguillos, y en las otras misas, especialmente en las de días laborables, cualquier feligrés. Sin mayor dificultad.
Lo curioso es que voy observando variantes que pudieran parecer imposibles. Porque vamos, digo yo, tocar una campanilla en la consagración admite pocas florituras. Pues nada de eso, en un mes he podido observar unas cuantas variantes.


Bolsas de ropa. Así me las he encontrado esta mañana cuando sacaba a pasear al perro. No es la primera vez. Ropa y cualquier otra cosa. Para la parroquia, todo vale.
Vaya la que lió Rafaela el otro día con su llamada de teléfono. La pobre no comprendía algunas cosas y simplemente intentaba aclarar sus dudas. La ingente cantidad de lecturas del post y los 135 comentarios a estas horas, dan prueba de ello.
“Es una vergüenza”. Así se expresaba el papa Francisco I ante la tragedia de Lampedusa. Es lo menos que puede decirse cuando los muertos se cuentan por centenares y además existen testimonios de náufragos según los cuales hubo barcos que, viendo la tragedia, parece que no ayudaron. Cada día ocurren cosas parecidas en Lampedusa, Ceuta, Melilla o la salida de Cuba. Personas que mueren en el intento de alcanzar la libertad y un porvenir donde les sea permitido alimentarse cada día. Mala cosa que acabemos acostumbrándonos.





