¿Cómo interpretar los gestos de Francisco?
Ahora que internet nos abre una inmensa fuente de información sin más que tocar el ratón del ordenador, me está resultando entretenidísimo observar las diferentes interpretaciones que se hacen de cada uno de los gestos del santo padre. Porque estoy llegando a una conclusión: que desde el inicio del pontificado de Francisco cada cual tenía ya su idea de lo que iba a ser este papa hiciera lo que hiciera. Por tanto los gestos no son definitorios de su actitud, sino interpretados de manera diferente desde los prejuicios de cada uno.
El último ayer, el de acercarse públicamente al confesionario. Para cualquier progre al uso, volver al confesionario, la estola, el penitente de rodillas es regresar a lo más rancio, tétrico y oscurantista de la vida de la Iglesia. De hecho acudan a cualquier parroquia progre: observarán la no existencia de confesionarios, y en caso de que los haya posiblemente estarán convertidos en escoberos. Pero ¡ay amigo! se ha confesado Francisco en un confesionario de toda la vida. ¿Eso es señal de un papa tradicional, carca, involucionista? Nooooooooooooooo. Todo lo contrario: eso es que el papa en señal de humildad quiere bajarse de su pedestal y mostrarse pecador ante todos. Lo mismo nos llevamos una sorpresa y resulta que siguiendo su ejemplo desde hoy mismo las parroquias más progresistas van a empezar a desempolvar los confesionarios. Vana pretensión.


Y servidor sin enterarse. Perece ser, Benjamín Forcano dixit, que los católicos andábamos pelín atrasados con relación a los demás y en consecuencia con apariencia de vaya usted a saber pero en ningún caso humana. Ya saben, la culpa del beato Juan Pablo II y del malvado Ratzinger que en lugar de hacer lo que le apetecía a D. Benjamín se dedicaron a otra cosa. Error, qué gran error.
¡Cómo sonaba el gregoriano en la basílica del monasterio del Escorial! Bajo la experta dirección del P. Samuel Rubio, los estudiantes agustinos manejábamos el liber usualis con la misma facilidad que un chavalillo hoy intercambia guasaps con su panda. No éramos músicos profesionales pero entre el director, una eminencia, y algunos compañeros que sí que estudiaban música, se conseguía cantar con mucho más que dignidad.
Tengo sobre la mesa los documentos del concilio Vaticano II. La edición minor de la BAC del año 1967. Me estoy encontrando con un problema, y es que a esta edición le faltan bastantes páginas, incluidos decretos enteros. Porque me dicen cosas, me cuentan cosas que están en el concilio y servidor no las encuentra. Ya saben lo que pasa: que compra uno un libro con su mejor voluntad y mira por donde se traspapeló algún cuadernillo. Debe ser mi caso.