Cientos de personas acompañaron anoche en procesión a la Virgen de los Dolores en Tres Olivos
Teníamos nuestros miedos. La parroquia, pequeña en feligreses. Apenas llegamos a los nueve mil. Mucha gente que nos había dicho que salía ya ayer mismo. Desde primera hora las carreteras colapsadas. Y encima, para más INRI, se anunciaba lluvia por la tarde. No solo se anunciaba, sino que media hora antes de la salida de la procesión, más que llover, jarreaba, que dirían los castizos.
Pero… aquí manda la Virgen y es ella la que dice, la que muestra caminos, la que decide si quiere procesión y quien congrega a los fieles. Y vaya si la Santísima Virgen de los Dolores estaba feliz con la iniciativa.

A mi amiga Laura, divorciada hace dos años.
Ya pueden imaginarse que la principal preocupación a la hora de abrir la capilla de adoración perpetua de la parroquia fue la de garantizar que no se produjese una profanación de la Eucaristía.
Demasiado silencio, dice los fieles. O al menos eso me hacen llegar. Cada día nos desayunamos, comemos, merendamos y cenamos, amén de algún aperitivo, con nuevas noticias de ofensas a los católicos y faltas de respeto por lo más santo. Lo malo, como en tantas otras cosas, es que nos acostumbramos a que esto sea lo normal.
Uno nunca sabe si está ante un texto consensuado y con un implícito visto bueno, un globo sonda, una imprudencia o un gol por toda la escuadra, porque las cosas en esta Santa Iglesia Católica parece que cuesta trabajo se sepan con claridad.





