Otro baculazo de don Jesús (ya estaba tardando)
Estamos tan acostumbrados a ese “nunca pasa nada”, que el día en que un obispo dice sí pasa, y hasta aquí hemos llegado, la gente enmudece de asombro para explotar en un grito “ostentóreo” de “baculazo, baculazo”.
Le ha vuelto a tocar a D. Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo. Parece ser que había cosas que no eran de su agrado en la forma de trabajar la pastoral penitenciaria diocesana y ha decidido algo tan simple como suspender a todos los voluntarios. Pues nada que objetar, será más o menos acertado, pero, desde luego, es competencia suya y ha decidido ejercerla.
Dicen que esos voluntarios eran gente entregada, generosa y bien formada, y que además de ofrecer formación cristiana eran expertos en consolar, ayudar, sanar heridas. Es decir, que un obispo se encuentra con un equipo de treinta y cinco personas bien formadas, entregadas, que dan catequesis como se debe y que además hacen una excelente labor caritativa y decide prescindir de ellos. No se explica. A no ser que haya otras explicaciones.

En estas últimas semanas creo que son tres o cuatro las personas que me han amenazado con eso de que “encima querrán que vengamos a la iglesia”, como si lo de acudir a la parroquia fuera favor personal que le hacen al señor cura.
Cómo ha cambiado la cosa de los cumples. De niño recuerdo algunas celebraciones. Por ejemplo, los cumpleaños de tíos y abuelos, cuya celebración consistía en plato de galletas y algunos bollos de la panadería, y siempre una copita de vino dulce. Y ya. Que por cierto los niños de mi generación bebíamos alcohol, evidentemente en dosis muy moderadas, pero se nos daba sin problemas en los santos una copita y en caso de inapetencia un poco de quina Santa Catalina, que es medicina y es golosina, evidentemente con su poco de alcohol.
La cosa surgió, como suele pasar tantas veces, casi de casualidad. Estábamos en una reunión de matrimonios del Movimiento Familiar Cristiano y uno de los asistentes nos contaba cómo en la ermita de la Virgen del Milagro de Hornuez, cada segundo sábado de mes, los segovianos pueblos de Alconada, Alconadilla, Aldealengua, Cilleruelo, Carabias, Fuentemizarra y Valdevarnés, renuevan su voto de gratitud a la Virgen por haberles librado, hace siglos, de la hambruna y la peste. Problema grave, nos decía, conseguir un sacerdote, ya que los de la zona atienden hasta quince pueblos cada uno. El caso es que si tú podrías… y de paso hacíamos allí la convivencia de fin de curso de los grupos de matrimonios… ¡Hecho!
Tras lo de las estupideces eclesiales del otro día, a uno no le queda más remedio que hacerse preguntas.