Las cuatro viejas. Desagravio, reconocimiento y bendición
Pobres cuatro viejas. Nada hay más denostado y despreciado en la vida pastoral que las cuatro viejas. Ya saben eso de “no merece la pena, total, para cuatro viejas que vienen”. El rosario, la adoración, vida ascendente, una charla. Bah, si solo acuden cuatro viejas.
Por eso, en primer lugar, vayan estas líneas como desagravio por las veces en que estas frases las ha pronunciado un servidor. Si lo hice, por escrito u oralmente, es igual, perdón pido. Me pasé y punto.
En la iglesia siempre tuvieron un puesto importante las personas mayores, especialmente las señoras. Recuerdo, siendo monaguillo en mi pueblo, cómo lo hablábamos en la sacristía: “fíjate, a misa solo vienen señoras mayores; el día que se mueran no vendrá nadie”. Je. Según se morían, llegaban otras.

Muchas iniciativas pastorales de posible buen resultado no llegan siquiera a plantearse en serio abortadas bajo un contundente “es que es un lío”. Todos podemos poner mil ejemplos.
Lo de la formación es de esas cosas que todo el mundo reclama a la vez que no se tiene tiempo para acudir. No falla. Da igual una asamblea parroquial, un grupo de Cáritas, catequistas, liturgia o lo que nos haya podido ocurrir. Lo primero que dice la gente es que necesitan formación. Perfecto. Organizas unos cursos de formación, invitas a cursos que se estén impartiendo en la vicaría, en la diócesis. Nadie tiene tiempo para acudir. Pues vaya…
No sé si aún podrá quedar algún lector que no conozca a Socio. Por si acaso, decirles que Socio es un encantador perrillo westy, simpático, excelente rematador de cabeza, y que comparte su perruna existencia con un servidor.
Oigan, que es la impresión de uno, muy posiblemente equivocada. Pero como es lo que pienso, y en el blog escribe un servidor y es libre para hacerlo, pues lo digo.