Pagola y cía: la infalibilidad al revés
En España, al menos, y en una buena parte de Hispanoamérica, la teología de los años setenta y ochenta, llegando en muchos casos hasta hoy, se ha nutrido de una serie de personas que alcanzaron y hoy mantienen la categoría de intocables e infalibles. Sus textos estaban por encima de toda crítica y revisión. Eran textos, perdón por el palabro, “axiomáticos”: no necesitaban demostración. Eran la demostración, el paradigma, la verdad cuasi con mayúscula.
Seguro que hay autores y libros que les suenan de algo. Podemos empezar por la cristología de González Fauss, el libro de los sacramentos de la vida de Boff, seguir por la moral de actitudes de Vidal, continuar por los múltiples comentarios y libros de Pagola, la alternativa cristiana de Castillo, para concluir con el canto del pájaro de Tony de Mello para la meditación. Oigan, que podía citar muchas más cosas, pero seguro que ya me comprenden con la muestra.

Leo estos días que desde
Quien paga manda, y nos puede pasar que, por recibir subvenciones para algunas actividades netamente católicas y eclesiales, nos quieran hacer pasar por el aro y encima crearnos mala conciencia.
No quisiera un servidor dedicarse al catálogo de posibles irregularidades litúrgicas con que uno puede encontrarse en una celebración de la eucaristía. Pero hay cosas que es que ya no son simples irregularidades, son directamente memeces, chorradas o pura y simplemente gilipulluás.
Mucho me temo que, para Cáritas, Manos Unidas y similares, debo ser algo así como una bestia negra, un incordiante que se pasa el día metiendo el dedo en el ojo. Tanto como todo el día no, pero un poco he de reconocer que sí que lo hago.