Una asamblea episcopal con claros derrotados
Ayer La Cigüeña de la Torre decía en un post, hablando de este servidor, “no sé, no sabemos, lo que le han parecido las últimas elecciones episcopales. Y seguramente es bueno que no lo sepamos sea lo que fuere”. Efectivamente ni lo saben, ni se lo pienso contar. Los obispos son los sucesores de los apóstoles, don Carlos Osoro es mi obispo, y a partir de ahí está todo más que dicho. Lo que los obispos voten me parece perfecto, independientemente de que haya cosas, como lo de Salinas, que creo hubieran sido manifiestamente mejorables.
Me parecería un error de bulto, insisto en lo de la peculiar lógica del estamento episcopal, que yo me pusiera a declarar obispos vencedores o vencidos, triunfantes o dolientes, que me diera por soltar calificaciones, llorar por las esquinas o brindar con agua del Carmen. Si algo de esto decido llevar a cabo, les aseguro que será sin más testigos que Socio, de natural discretísimo, consecuencia de su condición perruna.

Aunque la plenaria de la Conferencia Episcopal Española dura hasta mañana, día 17, lo más interesante ya se ha producido entre martes y miércoles. Lo que más interés causaba estaba, por supuesto, en la elección del presidente, aunque todas las quinielas apuntaban a Blázquez, salvo sorpresa de última hora, que no la hubo. Conocimos más tarde la elección de vicepresidente, que recayó en Cañizares, y los miembros del ejecutivo. Ayer fueron elegidos los presidentes de las distintas comisiones y algunas subcomisiones.
Hematoma, quiero decir, para que nadie se llame a engaño, que aquí los hay que a la primera quieren ver lo que no hay y sacar conclusiones jamás pensadas.
Como jugada, y como publicidad, hay que reconocer que a Hazteoir lo del autobús le ha salido de lujo. Televisiones, radio, prensa, foros, redes sociales. Para bien, y sobre todo para mal, lo del bus ha sido un exitazo.
Siempre he dicho que los mayores conflictos parroquiales nunca vienen ni por temas de dogmática, ni mucho menos de moral. Hoy nadie discute con su vecino o con su párroco por la conveniencia o no de proclamar a María corredentora, ni se va a hacer problema de si tal cosa es pecado o no. Hemos llegado a un estatus de cómodo relativismo según el cual cada uno es cada uno y tiene, piensa y vive sus peculiares cadaunadas.