Memeces litúrgicas
No quisiera un servidor dedicarse al catálogo de posibles irregularidades litúrgicas con que uno puede encontrarse en una celebración de la eucaristía. Pero hay cosas que es que ya no son simples irregularidades, son directamente memeces, chorradas o pura y simplemente gilipulluás.
En pocos días me han contado un par de memeces, por un lado gordas, porque afectan al canon de la misa, y por otra parte difíciles de explicar si no es desde la estupidez humana y clerical, que es una estupidez muy peculiar porque lleva aneja la sensación de autosuficiencia: pa que veáis cuánto valgo y qué insertado en la realidad estoy.

Mucho me temo que, para Cáritas, Manos Unidas y similares, debo ser algo así como una bestia negra, un incordiante que se pasa el día metiendo el dedo en el ojo. Tanto como todo el día no, pero un poco he de reconocer que sí que lo hago.
A mí lo de ser abiertos me parece bien. En realidad, a un servidor le parece bien casi todo siempre y cuando me lo expliquen y me dejen sacar mis propias conclusiones.
No sé qué nos pasa en algunos sectores de la Iglesia que de repente recibimos una luz cegadora que nos tira del caballo y nos hace comprender que hay personajes sin los cuales no hay reunión, congreso, charla, curso o encuentro que se precien. No es fácil saber cómo comienza la cosa, pero hay un día en que surge un nombre, como si del último profeta se tratara, y a partir de ese momento si no va Fulanito es que ni charla ni nada.
Sale hoy en todos los medios un tweet del actual concejal de hacienda del ayuntamiento de Madrid, de Podemos, por supuesto, en el que directamente califica de gentuza a la gente que va a misa, a la vez que afirma que el Jesús de Nazaret de esa gente que ha abierto y sigue #YoVoyaMisa estaría apedreando a mujeres adúlteras y mercadeando en el templo.