A ver qué haces
Uno de los objetivos de este blog es ofrecer a mis lectores las mismas cosas, pero vistas desde el otro lado del altar, y ya les digo yo que no todo es tan sencillo. Voy a poner dos ejemplos sacados de cosas que e han pasado y siguen pasando en el ritual de exequias.
Domingo del Domund. Perfecto. Pero mira por dónde, apenas unos minutos antes de la misa te aparece una familia con una urna que contiene las cenizas del esposo y padre. Y te dicen que han quedado con el encargado del cementerio para depositar las cenizas en un columbario y te piden el favor de que apliques esa misa por el difunto y depositar la urna delante del altar en la misa. ¿Qué haces? Hay una solución sencilla: es domingo, es la misa parroquial, tengo obligación de ofrecerla “pro populo”, por tanto, no por su difunto. Así que lo siento, pero es lo que hay.

Perdí a la última abuela hace cincuenta años y no tengo padre ni madre, aunque sí un perrito que me ladre que, en el caso de Socio, ladra poco. Me quedan los “likes” de las redes sociales para la cosa de la autoestima, aunque, seamos claros, después de cuarenta años de ministerio sacerdotal lo de la cosa de la autoestima es algo del todo superado.
El ideal, lo que todos queremos, pretendemos y exigimos es que a todos se nos trate por igual. Desde niños. Las comparaciones no son para nada odiosas, sino muy clarificadoras. A ver, ¿por qué a Fulano se le permite y a Mengano no? Nos puede suceder en las parroquias a nada que nos descuidemos.
Me piden, cómo no, unas palabras sobre la Instrucción





