Vaya semanita
Es que uno va de susto en susto y tiro porque me toca.
Empiezo por una serie de asuntos, digamos de legislación general, que deberían tenernos muy preocupados. Vamos a ello.
- Aborto. El Parlamento Europeo ha dado el visto bueno al informe para instar a los países miembros a eliminar cualquier obstáculo en el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) y considerarlo como un «derecho humano». Un derecho humano. ¿Se dan cuenta? Tan derecho humano es el derecho a la vida como el derecho a destruirla en el seno materno. Se acaba, además, el derecho a la objeción de conciencia, al considerar el aborto un acto médico más, como quitar un grano.

Un buen amigo me acaba de hacer llegar la
Sé que no es fácil reconocer un fracaso de años y años, pero es lo que hay. Estrepitoso el de las misas de niños, con niños, de familias, con familias, de catequesis o de lo que quieran. Pobre parroquia la que no tuviera algo así como expresión de la pastoral de infancia más adecuada. Desde los años setenta, es decir, desde hace cincuenta años, andamos en estas. Cualquier españolito medianamente corriente entre los treinta y los sesenta años anduvo en catequesis y en esas misas. Hoy la práctica religiosa en esas edades está bajo mínimos. Ni misa, ni boda, ni nada de nada. Cincuenta años.
Me temo que los señores obispos de la autodenominada Conferencia Episcopal Tarraconense -no reconocida como tal por la Santa Sede-, acaban de pegar un doble salto mortal de funestas consecuencias. Por más que nos quieran hacer tragar que
Contaron los medios, hace días, que el papa Francisco, en una visita al Dicasterio para la comunicación, se hacía esta pregunta: “¿cuántos escuchan la Radio, y cuántos leen L’Osservatore Romano?”. Santidad, así entre nosotros, nadie.