Los sueños como centro y clave de la predicación
Supongo que se habrán dado cuenta, y si no se lo hago notar, de que también en el lenguaje eclesiástico – homilético – pastoral – actual se descubre un adaptarse a las modas. Si ustedes leen hoy alguna revista religiosa de hace unos cuantos años, pongamos de los sesenta, los ochenta y ahora, lo notarán a la primera.
Dentro de este cambio de lenguaje observo hoy una forma de escribir y predicar de la progresía más agotada que consiste en escribir y predicar tomando como base la interpelación personal, la autocomplacencia y los sueños. Ya. Que no me lo pillan. Tranquilos, a todos nos puede pasar. Verán como un ejemplo lo aclara todo.
El evangelio de la misa de hoy mismo: “En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Leo en 
Lo que está claro, lo queramos reconocer o no, es el fracaso de la catequesis y de la enseñanza religiosa en los útimos cincuenta años. Tenemos una muchedumbre de gente que no practica su fe, pero que además no tiene ni idea de las cuestiones más básicas de la fe, lo que tratándose de un pais de honda tradición cristiana, tiene sus bemoles.
Buena tengo a Rafaela. Me dice que acaba de quedarse sin madre.





