Silencio sinodal
Me sorpende. O no. O sí, o según depende. Pero el hecho es lo que es y los datos, tercos.
Silencio en los sacerdotes. Hablo con muchos compañeros sacerdotes de Madrid y de otras diócesis, porque una de las cosas buenas de las redes sociales es que te pone en contacto con muchos compañeros de los lugares más diversos. Transcurridos unos meses desde la apertura oficial del sínodo de la sinodalidad esto es lo que percibo:

Los curas de pueblo tenemos la suerte del poyo. En la capital hay bancos de madera y piedra para los viandantes. En el pueblo somos más de poyo de piedra. Los pórticos de los templos fueron lugar de reunión de vecinos que ahí se congregaban a toque de campana para tratar de las cosas del pueblo. Quizá como recuerdo de aquellos tiempos se sigue encontrando el poyo a la puerta.
En mis pueblos cada tarde rosario y misa. Dos días en cada uno de ellos. El rosario siempre acaba igual: una salve por las intenciones del santo padre.
Era una forma de titular, pensé también en “impasible el ademán hasta el fracaso total”. Vayan las dos. ¿Muy exagerado? Ustedes me dirán, pero ya se sabe eso de que los datos son tercos. Verán como alguien me llamará agorero y ave de mal agüero por lo que voy a decir. Pero es lo que hay.
Que dice que no se viene a España todavía, que se lo está pasando en grande y que por lo menos hasta después de reyes que no contemos con ella.





