Pan para hoy y mucha hambre para mañana
Una realidad que me cuentan desde diversas diócesis y congregaciones religiosas. No tenemos vocaciones, los obispos se encuentran muy limitados por la falta de sacerdotes a la hora de atender su diócesis, y a esto se unen las malditas estadísticas que por más que se enmascaren son lo que son. Jorobado para un obispo salir cada día en los papeles con un escasísimo número de seminaristas, y muy jorobado presentarte en Roma con esos datos.
Monasterios, órdenes y congregaciones religiosas están igual o peor. Así que la posibilidad de una vocación siempre es recibida con Te Deum, jolgorio general y palmas con las orejas.
Las diócesis andan solucionando el asunto, en parte, con clero importado, básicamente de África e Hispanoamérica que, las cosas como son, no está dando los mejores resultados. No entro en detalles. Si a esto añadimos una bajada de las exigencias a los nuevos candidatos al sacerdocio, nos encontramos con lo que nos encontramos.

En el cristianismo antiguo y la Edad Media, se llamaba giróvagos a los monjes que vagaban de monasterio en monasterio sin aceptar la disciplina ni las reglas de una orden específica. En lenguaje vulgar diríamos que un giróvago es un culo de mal asiento. Hoy también puede aplicarse a religiosos o sacerdotes a los que es imposible sujetar a mandamiento. Yo creo que me entienden.
Documentos que uno no recordaba pero que están ahí. Leyendo un artículo de Religión Confidencial he vuelto a encontrarme con “el documento
Timo y de los gordos. Más que la estampita, el tocomocho, el nazareto y los conocidos trileros. Mucho más. Porque no es un timo, son dos en uno. Mucho mejor.





