Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?
Es que se ríen de nosotros, nos hacen pipí en la boca y se lo agradecemos como si fuera champán francés.
Las normas que van apareciendo en el BOE sobre las desescaladas y cada una de las fases son de verdad del todo risibles. Ya comenté que son tan especiales que se permitiría, por ejemplo, hacer un festival de jotas en la plaza de Braojos, pero con las mismas condiciones y precauciones no podríamos celebrar la santa misa.
Hoy quiero hacerme eco de otro dato interesante. Restaurantes y bares pueden servir en el exterior, en las terrazas. En el interior más tarde y con especialísimo cuidado. Parece que la razón estaría en que al aire libre el bicho ataca menos, siempre que se guarden las elementales distancias de seguridad. En ambiente cerrado, con menos ventilación, pareciera que el riesgo se multiplica. Está claro: menos posibilidad de contagio en el exterior. Tan es así que lo primero que se fue liberalizando fueron los paseos al aire libre, y lo último los centros comerciales.

Ocurrencias de un servidor en tiempos de coronavirus. La verdad es que han sido semanas terroríficas. Ahora ya vamos asomando la patita fuera de casa y cualquier pequeña libertad que se nos concede es un alivio enorme.
Yo sé que reivindicar hoy los catecismos de Astete y Ripalda o simplemente los catecismos nacionales de primer y segundo grado que se estudiaban en España te convierten en católico despreciable y sin posibilidad de reconversión. Habida cuenta de que ya cuento con ello, al asunto me lanzo.





