El bueno, el feo y el malo
Somos de natural llorones y proclives a descubrir lo malo, rebuscar escándalos, poner de manifiesto cualquier imperfección. El cura que celebra sin casulla, los sinodales comités alemanes, las barbaridades de James Martin, el teólogo hereje, el obispo cantamañanas. Es verdad. Son el malo malísimo de la película.
Luego tenemos una multitud que nadie podría contar de mediocres que no son malos, pero tampoco nada del otro mundo. Multitud de sacerdotes, obispos, religiosos, laicos que hacen lo que buenamente pueden, se esfuerzan algo, hacen que la Iglesia se vaya manteniendo. Ya sabe, padre, no son malos, pero podían ser mejores… Sí, como usted y como yo. Me van a permitir que sean el feo. No son buenos ni malos, son feos… Ahí están.






