El celibato, la castidad y la virginidad como bofetadas proféticas
Dicen que ya no se habla de sexo en las homilías. Será en algunas, porque este pasado domingo servidor se permitió el lujo de centrarse en la segunda lectura de la liturgia y hablar de sexo, abusos, celibato, castidad y virginidad. Rarezas de uno.
Vivimos en un mundo hiper sexualizado. No es solo que en nuestros colegios se empeñen en enseñar la teoría y la práctica de comportamientos del todo ajenos a la edad de los que lo reciben o en imponer la ideología de género, es que la cosa se ha ido a tal punto que hasta el gobierno quiere controlar el acceso de los menores a la pornografía.
Es igual. Todo es sexo hasta el punto de que ya no nos sorprenden noticias de violaciones en solitario o en manada, separaciones, divorcios, exaltación del culto al cuerpo, disfruta de ti mismo.

Cada vez que me llega un cartel a la parroquia o lo veo en redes sociales, me echo a temblar, porque lo primero que suelo observar es el terror a salirnos de lo politicamente correcto. Ya saben, lo fundamental es que los no creyentes, los anti católicos, no se sientan molestos. A partir de ahí, nos llegan unas cositas que ni sí, ni no, sino todo lo contrario, que en ocasiones se limitan a un mensaje buenecito estándar, no católico por supuesto, cuando no en un guiño de complacencia hacia los que nos van a señalar, y no para bien, en cualquier caso.
Lo de tener o no tener fe es cosa íntima de cada uno que solo Dios sabe. Lo recordamos en el canon romano: “
Tres por decir algo, que los hay que le buscan no sé si dos o hasta siete.
Lo he leído hace un rato en





