Gritarán las piedras
La imposibilidad en la práctica de acudir a los templos durante dos meses no ha sido lo peor. Se están jugando muchas cosas en estos momentos y nos tocará, me temo alzar la voz. Si no lo hacemos, gritarán las piedras.
Me permito señalar cosas graves que a mi modo de ver están sucediendo ya y que creo exigirían una respuesta contundente desde la Iglesia española. Las coloco sin orden especial, simplemente según me vienen a la cabeza:
1. Avance prodigioso del laicismo anticatólico. Llevamos semanas viendo como se pisotean los derechos más elementales de los católicos. Las interrupciones de la policía de manera indiscriminada en templos donde se guardaban escrupulosamente las medidas exigidas por el decreto de alerta son del todo inaceptables. Hemos visto, mientras, y seguimos viendo, la exquisita tolerancia ante el islam.

Me sueltan el argumento algunas veces. Yo sé que el disenso molesta. Y mucho. Hay cuestiones en las que uno, libremente, disiente de otros, sin excluir sus pastores. Evidentemente en cosas que pueden ser matizables. Aquí no hablamos del credo, el dogma, las normas litúrgicas o la moral católica según se nos ha enseñado de siempre. Hasta ahí podíamos llegar. Hay otras cuestiones que son perfectamente opinables.
Lo de Pedro por intolerante, por bruto, por poco cuidadoso, por insultador, fanático, prepotente, personalista, agresivo y proselitista.
Y el que no la estuviera esperando es que es bobo o se lo hace.
Tras la crisis de la pandemia todos lo repiten: nada volverá a ser lo mismo. Creo que en lo eclesial se va a cumplir esto perfectamente. Ya saben que esto no son más que las reflexiones muy personales de un servidor. Varias cosas se me ocurren.





