Junta extraordinaria de no nacidos
Sí. Tuvo lugar ayer sábado, día 7 de noviembre, a última hora de la tarde, hora USA. No es que los niños ahora salgan espabilados, es que desde el vientre materno empiezan a organizarse. No me digan cómo, aunque hay quien mete a sus ángeles de la guarda en el asunto. El caso es que los no nacidos se entienden entre ellos, se movilizan y hasta quien sabe si acabarán convertidos en sindicato, grupo de presión o movimiento ciudadano liberacionista.
Los niños no nacidos no votan. Lo hacen sus padres. Pero sí siguen la campaña electoral porque, aunque están calentitos y tan cómodos en la tripita de mamá, tragan mucha tele, mucho debate y mucha propuesta. De muchas cosas no entienden, por ejemplo, saben poco de emigración, aunque los hay con mamás en situación legal irregular, pero nada de las relaciones comerciales con China o el supuesto armamento nuclear de Corea del Norte, cómo llevar las relaciones políticas y económicas con Europa o de hacer un plan para la reindustrialización de Detroit.

Celebra hoy la Iglesia la memoria de los mártires del siglo XX. Muchos han sido los cristianos que en el pasado siglo vieron arrebatada su vida por el hecho de creer en Jesucristo. Recordaba en su momento monseñor Martínez Camino que, además de los mártires de los años 30 en España “la Iglesia Ortodoxa Rusa ha canonizado ya 1100 nuevos mártires; fue la que más sufrió el martirio en el siglo XX: unos 250 obispos y 200.000 monjes y clérigos fueron asesinados por ser tales".
Imaginen. Pongan imaginación, que eso es baratito (al menos de momento, que cualquier día hasta por eso nos van a cobrar). Imaginen que ustedes, en un deslumbramiento psicodélico, deciden abrazar el islam con todas las consecuencias. Cómprense una chilaba, vistan a su señora y a sus hijas en edad núbil con el hiyab, hagan sus rezos y, por supuesto, manden a sus niños a la escuela coránica para que aprendan a ser buenos musulmanes. Lo normal ¿no?
Tengo la costumbre, buena o mala no lo sé, de dar la razón a la gente en todo lo que me dicen. Por principio. Pero una cosa es que dé la razón y otra muy distinta que me calle, porque servidor, una vez aceptada la cuestión, tiene por costumbre sacar sus propias conclusiones. Ahí comienzan los problemas.





