Cafarnaúm busca que las personas con discapacidad se integren plenamente en la vida de la Iglesia

Juan Encío Avello nació en San Sebastián en 1999. En 2023 se graduó en Trabajo Social en la Universidad de Deusto. Vive con parálisis cerebral, lo que ha afinado su sensibilidad hacia la fragilidad y la autonomía de las personas y el valor de la comunidad. Persona de arraigada fe católica, fundó Cafarnaúm, un grupo de acompañamiento para personas con discapacidad, en donde coordina retiros y actividades. 

¿Cómo nacen los retiros de Cafarnaúm y con qué objetivo?

Cafarnaúm nace, principalmente, de tres experiencias. En primer lugar, de mi propia historia de vida y de mi participación en retiros de Effetá, SVE y grupos de alabanza, que poco a poco han ido marcando mi camino hacia el Cielo. En ellos he experimentado a Jesús como un amigo cercano, mientras que la alabanza me ha enseñado a reconocer que Dios es mucho más grande que mis pensamientos y mis miedos.

En segundo lugar, nace de las amistades que he encontrado en esos grupos. Son personas con sus propios miedos y dudas, pero también personas increíbles que me han permitido experimentar una vida abundante.

Por último, Cafarnaúm surge a partir de la experiencia de un amigo que, por sus circunstancias, no podía participar en Effetá, aunque disfrutaba mucho de las alabanzas.

Así nació Cafarnaúm: con el objetivo de que las personas con discapacidad conozcan a Dios y descubran el inmenso amor que siente por ellas a través de la amistad, el encuentro y la alabanza.

¿Por qué está dedicado específicamente a las personas con discapacidad?

Porque las personas con discapacidad somos, muchas veces, especialmente pobres en oportunidades para establecer amistades auténticas. Por desconocimiento, en ocasiones se nos tiene miedo, se nos infantiliza o se nos deja fuera de los planes.

Además, mi experiencia me dice que muchas actividades dirigidas a personas con discapacidad se centran únicamente en entretenerlas, pero no siempre buscan generar un verdadero valor humano basado en el encuentro de persona a persona. Cafarnaúm quiere ofrecer algo más profundo: relaciones auténticas en las que cada persona pueda amar, ser amada y aportar a los demás.

¿Necesita este colectivo actividades pastorales como esta?

Sí. Queremos que las personas con discapacidad estén plenamente integradas en la vida de la Iglesia, y Cafarnaúm puede ser una puerta para conseguirlo.
Ahora bien, Cafarnaúm no es necesario solamente para las personas con discapacidad, sino también para quienes aparentemente no la tienen, porque creemos que todos llevamos dentro alguna fragilidad o limitación.

Cafarnaúm es un lugar de encuentro en el que jóvenes y adultos, con y sin discapacidad, pueden vivir el Evangelio: amar al amigo que es reflejo de Cristo y dejarse amar por quienes también son reflejo de Jesús.

¿Qué frutos ha dado en ediciones anteriores?

El fruto más importante ha sido la creación de una comunidad en la que personas con y sin discapacidad pueden vivir el Evangelio y compartir el amor.
Por supuesto, celebramos especialmente que muchas personas se hayan sentido amadas por Jesús. Sin embargo, diría que el mayor fruto es el propio grupo: los vínculos que han nacido y la comunidad que se ha ido formando.

¿Cómo le ha ayudado personalmente?

Me ha ayudado a salir de mí mismo y a reconocer que los demás también necesitan amar y sentirse amados. Además, me ha permitido comprobar que yo también puedo cuidar, acompañar, respetar y amar a otras personas.
Cafarnaúm me ha ayudado a no verme únicamente como alguien que necesita ayuda, sino también como una persona capaz de entregarse y de aportar mucho a los demás.

¿Por qué el lema de este año es «Ven y verás»?

En realidad, es el lema que mantenemos todos los años. Nos inspiramos en Effetá y en su forma de conservar cierto “secreto” para transmitir una sensación de novedad y descubrimiento.

Cafarnaúm es una experiencia que no se puede explicar completamente desde fuera: es como un regalo que cada persona tiene que abrir y descubrir por sí misma. Por eso, nuestra invitación es sencilla: «Ven y verás».

¿Por qué el mensaje final invita a descubrir el amor de Dios?

Porque las personas que forman Cafarnaúm son un reflejo del amor de Dios. Son personas con sus propios miedos, dudas, perezas y soledades, pero también con una enorme capacidad para amar y entregarse.
El amor de Dios se descubre no solo en lo que se dice durante el retiro, sino también en la amistad, el cuidado, la escucha y la entrega de quienes participan en él.

¿Qué sacerdote lo imparte y qué estructura tiene el retiro?

En San Sebastián nos acompaña Jon Molina. Su labor es acompañarnos, cuidarnos y ayudarnos a vivir la experiencia desde la fe.

Respecto a la estructura, no podemos desvelarla por completo, porque queremos conservar el carácter de sorpresa. Lo que sí podemos decir es que sigue un estilo parecido al de Effetá, adaptado a las personas que participan y con una presencia muy importante de la música y la alabanza.

¿Cómo valora que se haya extendido a otras ciudades?

Lo valoro como una confirmación de que esta experiencia es necesaria. El amor de Dios debe llegar especialmente a sus pequeños y a las personas que, con demasiada frecuencia, se han sentido apartadas o poco valoradas.
Que Cafarnaúm llegue a otras ciudades significa que más personas podrán encontrar una comunidad, hacer amigos y descubrir que son profundamente amadas por Dios. No buscamos simplemente extender una actividad, sino compartir una experiencia de encuentro y de amor que puede transformar vidas.

Por Javier Navascués

2 comentarios

  
Matilde
Este es el mejor blog
20/07/26 6:33 PM
  
María Hernández
¡Maravilloso!. Un ejemplo de "periferia". El testimonio de este chico confirma que en la Iglesia desde hace mucho tiempo hay mucha gente que se mira el ombligo, pensando que todos tienen las mismas oportunidades. ¡Bravo por este valiente y porque una vez má es el Señor el que va abriendo puertas!.
20/07/26 6:42 PM

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