Mons. Sanz: “Hacer del Valle una pasarela de sus ideologías sería propio de una dictadura bananera”

Agradezco a Mons. Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, que me haya concedido una entrevista sobre la situación del Valle de los Caídos y de la abadía benedictina.
¿Qué opina sobre todo lo que está ocurriendo con el Valle de los Caídos y de la llamada resignificación, que usted ha llamado profanación?
Me he expresado varias veces en público, y también en textos publicados como tribunas en la prensa nacional. No tengo inconveniente en insistir en mi conocida posición para recordar al respecto lo que quizás nos estamos jugando en este asunto y cómo hay una razón de trasfondo en donde la libertad de la Iglesia puede quedar resentida y conculcados sus derechos también internacionales, y la pretensión de algunos mandamases campee por sus fueros con una impunidad enmascarada. He tenido ocasión de recordar al respecto que hay quienes se sienten molestos por esa referencia al amor y la verdad que representa la Abadía y su Cruz, cuando se vive y maquina en la insidia y la mentira como forma de gobernanza.
El alarde de un calculado ataque a esa Cruz tan visible y significativa se hace en aras de una aséptica equidistancia para no irritar a los que no son cristianos, enarbolando la tramposa neutralidad religiosa desde un impositivo laicismo que no inocentemente erradica nuestra historia, tergiversa nuestros símbolos y censura nuestra comparecencia eclesial pretendiendo enmudecer nuestra palabra e invisibilizar nuestra presencia cristiana. Otra cosa es que ellos lo consigan o que nosotros cedamos a tamaño chantaje, y por nuestra parte deberíamos evitarlo cada cual con su responsabilidad y desde su posibilidad fehaciente.
¿Cree que en la jerarquía de la Iglesia en España ha habido suficiente oposición a la infame ley de memoria histórica/democrática y a lo que está pasando en el Valle?
La competencia eclesial y canónica sobre esa Abadía y la Basílica reside exclusivamente sobre la Santa Sede y la Orden Benedictina (primero la Comunidad que allí vive, y luego la Congregación benedictina de Solesmes a la que está vinculada).
Efectivamente, es la Santa Sede quien puede dilucidar por mandato del Sumo Pontífice el devenir de la Abadía de los monjes y de la Abadía como tal, pues fue lo que se determinó con la anuencia suprema del Papa Pío XII en su Carta Apostólica “Stat Crux” (1958), aludiendo en la conclusión del texto a la dedicación del templo y mostrando la firmeza de su escrito al respecto: “erigimos y constituimos para siempre, con nuestra Autoridad apostólica y en virtud de estas Letras, la nueva Abadía exenta, que ha de ser nombrada con el título de Santa Cruz del Valle de los Caídos, a la cual, como perteneciente a la Congregación de Solesmes de la Orden de San Benito, la hacemos partícipe de todos los privilegios concedidos a los Abades de tal familia religiosa. Sin que nada lo pueda impedir. Esto promulgamos, establecemos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces: que produzcan y conserven íntegros sus plenos derechos que favorezcan cumplidamente, ahora y después, a los Prelados y monjes, tanto presentes como futuros, de la mencionada Abadía, que de esta forma establecemos y, conforme a esto, se ha de interpretar y definir. Desde ahora se ha de tener sin efecto y sin valor cuanto aconteciera ir en contra de ellas, sea a sabiendas o por ignorancia, o por quienquiera o en nombre de cualquier autoridad”. Así de claro.
Ni el arzobispo de Madrid ni la Conferencia Episcopal Española, así como tampoco el resto de las diócesis, tienen competencia, propiamente hablando, sobre ese lugar. Sólo la Santa Sede y la Orden Benedictina. Otra cosa es que podamos hablar –como alguno hacemos– expresando nuestro parecer, o que acaso nos constituyésemos en interlocutores o mediadores indebidamente, propiciando una excusa legal que termina siendo tramposa, y por lo tanto ilegítima.
En el Valle vemos una hermosa evocación de lo que significa esa Cruz que preside una historia de amor y de esperanza. La comunidad benedictina en ese lugar eleva su plegaria para pedir ese don que sólo Dios concede. La Cruz nos lo recuerda, los monjes lo cantan.
¿Considera que debe prevalecer ante todo el Tratado Internacional entre la Santa Sede y el Estado Español por el que todo recinto dedicado al culto, como son la Basílica y la Abadía benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, es inviolable?
Hemos de recordar lo que no pocas veces he dicho: que la Abadía benedictina en el Valle de los Caídos y la inmensa Cruz que la preside, nacieron como un espacio de encuentro y reconciliación tras el conflicto bélico entre hermanos que tantas vidas se llevó por delante. De hecho, allí reposan en paz personas que cayeron detrás de los dos bandos, bajo las dos banderas, en medio de ambas trincheras, hasta que algunos han perturbado ese sagrado descanso para jalear esa memoria manipulada en beneficio propio. Sin embargo, levantar acta de ese ejercicio de paz fraterna, hija del perdón sincero y generoso como expresión de una sociedad reconciliada fue un regalo no suficientemente agradecido ni reconocido, intentando vincular el espacio del lugar y el significado de su presencia a la gobernanza de un periodo de España para proceder a demonizar el espacio y su significado y justificar su transformación arbitraria.
Por este motivo, querer utilizar a los muertos inhumándolos para ganar batallas perdidas reabriendo las heridas que tanto nos costaron cerrar como hermanos, es algo que responde a una maldad irresponsable, con pretensiones inconfesadas, que insidia la convivencia en nuestra sociedad y que tan fácilmente excita la confrontación indeseada. Tal vez sea para algunos, una vez más, una cortina de humo más ante los quebraderos de cabeza y temas judiciales que en torno a la corrupción de gente muy cercana a vínculos familiares y correligionarios, con prevaricaciones calculadas, malversación de fondos públicos y dilapidación del necesario equilibrio en la división de poderes en un Estado de Derecho. Todo esto, además de la fijación “resignificante” (que termina siendo vaciadora) de la Abadía y de la Cruz, que con un ritmo de calculado calendario se saca a la palestra para distraer o jalear al personal.
Por lo tanto la Iglesia tiene poder para exigir que se cumpla ese Tratado Internacional y no se resignifique el Valle, lo que sería una profanación…
Entiendo que la Santa Sede y la Orden Benedictina pueden hacer valer el derecho que les asiste a la hora de pedir que se cumpla un Tratado Internacional. Porque querer “resignificar” el sentido que tuvo y tiene ese lugar como reclamo para la reconciliación verdadera, que es el que ha tenido en la sincera evolución de su historia durante estos años, es un ejercicio de censura de algo que no es secundario en la conciencia cristiana. Ya conocemos la andanada laicista de algunos gobernantes a quienes les molesta precisamente la Cruz y la presencia monástica, proponiendo invadir en una enorme proporción la Basílica para imponer allí otra cosa distinta a la reconciliación ensoñada y celebrada en esas naves basilicales durante décadas, junto a los mártires y los que duermen allí el sueño de la paz. Como he dicho en otro lugar, pretender hacer en la Basílica una especie de pasarela del aeropuerto de su ideología para tener que acceder al mínimo espacio que quisieran concedernos para la liturgia cristiana, a través del “duty free” de sus relatos, sus rencores y sus acechanzas, es demasiado obsceno por sabido ya, es un dejà vu que hemos visto muchas veces y que nos suena de cercanas dictaduras bananeras. Lo digo sin remilgos y con la convicción de estar ante una profanación invasiva.
¿Sabe si el Papa está al corriente de la verdadera situación con todos los detalles? ¿Sería el único que podría detener la profanación de resignificar un recinto sagrado?
Obviamente, desconozco el grado de información del Papa al respecto, pero por la seriedad con la que afronta tantas cuestiones en el seno de la Iglesia que preside en la caridad como Sucesor del Apóstol Pedro, así como la prudencia y hondura con la que también aborda los desafíos que nuestro momento histórico tiene en el orden internacional, quiero pensar que él está al corriente y también creo que Dios le iluminará para hacer o decir lo que por bien de todos cabe esperar. Sus intervenciones en la reciente visita apostólica a la Iglesia en España, y especialmente la que tuvo en el Palacio Real y en el Parlamento, fueron ejemplo de su profundidad y libertad a la hora de afrontar todas las cuestiones en las que su palabra y sus decisiones se acogen con tanto provecho y autoridad moral.
Pero en este sentido siempre ayuda recordar el significado que San Juan XXIII dio a aquel lugar en el Breve pontificio “Salutiferae Crucis” (1960) declarando la Iglesia de la Santa Cruz como Basílica papal, cuando con belleza y conmovida emoción, describía ese espacio de peregrinación en el Valle de los Caídos que tiene como misión rezar por la unidad, por el perdón y por la reconciliación entre españoles: “se yergue en las cumbres del Guadarrama el signo de la Cruz Redentora, que extiende sus brazos piadosos como alas protectoras, bajo las cuales los muertos gozan el eterno descanso. Este monte sobre el que se eleva el signo de la Redención humana ha sido excavado en inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos en la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española”. Este, y no otro, fue el sentido y la significación de la Abadía con su Cruz.
¿Piensa que el conjunto monumental del Valle de los Caídos debería ser declarado, no solo Bien de Interés Cultural, sino incluso Patrimonio de la Humanidad?
Sin duda que las designaciones civiles de espacios artísticos, históricos o patrimoniales con una denominación significativa, tienen como objeto la de señalar la importancia y la pertinencia de los mismos con toda su carga ejemplar y beneficiosa desde la historia y desde la cultura en bien de la humanidad. Así es en positivo cuando se señalan como paradigmáticos por su significado, y así es igualmente en negativo cuando se censuran esos espacios desde alguna pretendida memoria demasiado vinculada a una determinada ideología. Yo creo que estamos ante algo inusual que exigiría una denominación generosa en su declaración civil por tratarse de un espacio para la reconciliación tras una guerra fratricida en aquel contexto inviable de convivencia y justicia en la sociedad española de aquel momento.
Por eso a nosotros los obispos, a la mayoría de la comunidad cristiana y a tanta gente de bien que no tiene prejuicios ni cojea de ideologías, también nos importa la deriva que podría tener ese espacio monástico donde se reza por la paz al tiempo que encomienda a los caídos pidiendo por su eterno descanso. Creo que es algo más que un Bien de Interés Cultural, que también lo es, y se podría abrigar el título de Patrimonio de la Humanidad porque en ese valle hay una Cruz enhiesta entre la crestería verde de sus montañas, que domina con dulzura y su perenne mensaje toda aquella naturaleza desde la colina en la que se levanta. Esa Cruz preside una historia dolorosa como siempre sucede cuando los hermanos se declaran la guerra haciéndose tanto daño en una confrontación fratricida. Pero esa inmensa Cruz, la más alta que hay en el mundo con sus 152’5 metros, no es enseña de bandería, no responde a ninguna sigla política y no es tutora de ideología alguna.
Como aquella primera cruz cristiana con Jesús clavado en ella, esta tiene también su mensaje bondadoso de lo que supone dar la vida por quienes abrazas en sus heridas, sus preguntas, sus contradicciones y pecados. Esto hizo Cristo con cada uno de nosotros. No es un motivo banal ni frívolo, ni siquiera exclusivamente confesional, cuando en esa Basílica coronada por tan inmensa Cruz, se reza a diario por la paz desarmada y desarmante, como repite el Papa León XIV.
¿Tras llegar la maquinaria al Valle el proceso de “resignificación” sería ya imparable?
Además de las actuaciones que conculcan palmariamente Tratados Internacionales, el derecho de personas, familias e instituciones sin ninguna razón legal y sin ninguna autoridad moral, me impresionó que mientras el Santo Padre estaba hablando en el Parlamento de las Cortes españolas durante su reciente e inolvidable visita, “alguien” dio la orden de hacer catas y prospecciones para comenzar contra derecho la ejecución de sus fijaciones. Es de agradecer la diligente actuación de la Justicia para detener tamaño abuso de poder. Albergo la esperanza de que la verdad y el derecho se hagan cauce a tiempo y en forma para poder parar lo que “algunos” sueñan como imparable. No es sólo un deseo sincero compartido con tantas personas de bien, sino también una humilde plegaria para que nos asista Dios en esta batalla contracorriente.
Por Javier Navascués
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