Faros para los que han quedado, un referente para superar todo tipo de duelos y vacíos en nuestra vida

Manuel López-López. Nace en la España de la posguerra obteniendo el doctorado en Ingeniería Naval en Madrid y otros títulos en Estados Unidos, donde se traslada con su familia en 1980. Ocupó cargos de alta responsabilidad en diversas corporaciones dentro de las áreas de energía, bienes de equipo y tecnología. Enamorado del mar, ha navegado por todo el mundo. Posee la Cruz al Mérito Naval de Primera Clase. Tras el éxito de su anterior libro Navegando del duelo a la esperanza acaba de publicar Faros para los que han quedado, ambos de Libros Libres.
¿A qué inquietudes responde realmente este nuevo proyecto?
El Proyecto Faros responde a una transformación profunda en cómo nuestra sociedad comprende y gestiona el duelo. La proliferación de soluciones tecnológicas basadas en inteligencia artificial, la fragmentación de estructuras tradicionales de acompañamiento comunitario y la creciente medicalización de procesos emocionales naturales han generado un vacío: falta presencia humana auténtica donde más se necesita. Este proyecto ofrece una respuesta fundada en principios antropológicos y éticos que la tecnología no puede suplir.
¿En qué libro se fundamenta tanto este libro como el anterior?
El proyecto se basa en las ideas descritas en el libro Comprende tus emociones, del Dr. Rojas, y las aplica al contexto de las nuevas realidades creadas por la inteligencia artificial y el cambio social que esto implica, especialmente en el acompañamiento a personas que atraviesan el duelo vinculado a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Se trata de ofrecer marcos de comprensión profundos sin caer en la prescripción y de acompañar sin convertir el acompañamiento en un protocolo.
El Dr. Rojas, a través de su obra, ha proporcionado un fundamento conceptual riguroso para articular lo que la experiencia personal había revelado: que el duelo requiere comprensión, no solución; acompañamiento, no prescripción; integración de la complejidad emocional, no simplificación técnica. Los dos libros “Navegando del duelo a la esperanza” y “Faros para los que han quedado", están fundamentados en el principio de “acompañamiento sin prescripción": ofrecer testimonio y presencia sin pretender dictar cómo debe vivirse el duelo ajeno.
¿Por qué tras el éxito de su anterior libro, Navegando del Duero a la esperanza, del que ya tuvimos la ocasión de entrevistarle, se decidió a escribir Faros para los que han quedado?
Conocer a personas que vivían mí realidad me llevó a pensar cómo podía ayudarlas. Siguiendo el lema de una gran universidad americana, pensé que era necesario alumbrar y sugerir posibles singladuras en su vida de duelo, dejando siempre la elección del destino a la persona protagonista.
Antes de hablar de ese nuevo libro que supuso que la misma Conferencia Episcopal Española reconociera su trabajo.
Una satisfacción inmensa al ver que alguien con la máxima autoridad moral reconocía el cuidado y el amor que mis hijos y yo habíamos dedicado a mi esposa. Este reconocimiento era mucho más importante, que la concesión de la Cruz del Mérito Naval de Primera Clase que en su día me otorgó la Armada Española señalando la espiritualidad de mis acciones.
Porque en su nuevo libro extiende el concepto de duelo más allá de la pérdida de un ser querido y lo amplía a toda pérdida y carencia que dejan un hueco en general.
Entiendo que el sentimiento e impacto creados por la pérdida de una persona son, en muchos casos, comparables a los que sufrimos en nuestra vida. El nacimiento de un hijo con importantes minusvalías, el fin de una relación que se pensaba iba a durar una vida, la pérdida de una capacidad que pensábamos íbamos a tener mientras viviéramos, la perdida de trabajo, el descubrimiento del engaño de alguien que pensábamos era nuestro mayor cobijo, el suspenso y abandono definitivo de un proyecto personal que nos obliga a reconstruir nuestros objetivos de vida y así podríamos citar muchos otros casos que provocan la misma emoción y sentimiento que la pérdida de un ser amado.
¿Por qué para recuperar esas pérdidas y ese vacío, se requiere un viaje interior?
Nuestro cerebro necesita ese viaje interior para volver del silencio y la soledad que siempre acompañan al duelo. Somos seres con sentimientos y emociones que necesitan de otros seres para sentirnos parte de un proyecto de vida con un sentido trascendental, y ello nos obliga a ver nuestro interior más profundo y comprender nuestro rumbo de vida.
“Faros” trata de ser un viaje que nos muestre nuestra realidad, nuestras carencias y necesidades. Como en todo viaje, trato de alcanzar el asombro ante la belleza que todos llevamos dentro, que en muchas ocasiones ocultamos en un universo de melancolía y nostalgia del pasado.
¿Por qué en ese viaje a menudo oscuro, vienen bien los faros para iluminar el camino correcto?
Los faros siempre iluminan posibles rumbos, identifican dónde pueden aparecer las incertidumbres y las dudas sobre nuestro sentido de la vida. Son la mejor expresión del libre albedrío con el que nos ha dotado Dios para llegar a él. No hay nada predestinado ni establecido hasta que cada uno decide su nuevo puerto de destino.
San Bernardo señala la estela Maris María Santísima porque en el plano humano también necesitamos referentes que nos ayuden a llevar una vida ordenada a todos los niveles.
En mi experiencia, las personas invisibles son las que marcan nuestro futuro sin pedir nada a cambio. Su humildad y ejemplo, la mayoría de las veces no reconocido, son una muestra de la bondad, generosidad y empatía que Dios puso en nosotros.
¿Por qué el libro viene a demostrar que toda experiencia de dolor y miseria humana se puede superar desde la trascendencia, como demostró Víctor Frank tras su experiencia en los campos de concentración?
Está comprobado que cada ser humano, al ser la expresión de un Ser superior, es capaz de alcanzar la trascendencia en cualquier circunstancia. “Pedir y se os dará”, dice la sagrada escritura, mostrando el amor infinito del Creador.
Es, por tanto, siempre el amor más fuerte que todo, incluso que la misma muerte.
Como definió Einstein: “el amor es la mayor fuerza de la naturaleza”. No hay nada comparable a sentirse parte del otro y alcanzar una unidad total. La experiencia con mi esposa me permitió sentir todo mi cuidado por ella como una recompensa que me permitió estar a su lado en lugar de haberla perdido mucho antes.
En un mundo caótico y saturado, el silencio, la serenidad y la nostalgia en armonía eran lo que representaba Lita para mí. Su luz iluminaba y acompañaba nuestros silencios. Su sensibilidad dialogaba con la naturaleza y con unos colores vivos únicos en sus pinturas, ofrecía sensaciones y emociones que muchas veces parecían imposibles. Hoy sigo sintiendo que está conmigo y que seguimos juntos esperando llegar a nuestro puerto de destino.
Aunque el libro va dirigido a todo tipo de personas, creyentes o no, es una manera de evangelizar.
Entiendo que mi testimonio es una forma de comunicar lo que, para nosotros, ha significado tener un propósito y un destino más allá de la mera inmanencia. Creo que las circunstancias del duelo y la forma de vivirlo, aunque únicas y diferentes para cada persona, aparecen muy distintas cuando entra en juego la búsqueda de una trascendencia que da sentido a nuestra vida. Se trata de encontrar ese sentimiento de plenitud que acompaña nuestro ideal de trascendencia.
¿Cómo enriquecen y potencian el libro, las imágenes tan evocadoras, especialmente los cuadros de la esposa, podrían considerarse reflejos de su alma y adquirirían tintes de inmortalidad?
Para mí han representado la presencia y el apoyo que ella me brindaba y me sigue brindando. Sus colores, sus interpretaciones y sobre todo, su cercanía eran la mejor muestra de una presencia que me hacía volver a vivir juntos emociones y momentos inolvidables.
Por Javier Navascués
Todavía no hay comentarios
Dejar un comentario





