Testimonio con genuino sabor español en la primera peregrinación tradicional Roma Subiaco

Manuel es un joven de un pueblo de Burgos, que ha crecido en su parroquia, en la que lleva colaborando toda su vida desde niño y donde ha aprendido el amor por la liturgia y todo lo relacionado con ella.
¿Por qué decidió ir desde Burgos a la peregrinación tradicional Roma Subiaco con el Capítulo de Covadonga?
Pues estaba pasando por un momento bajo espiritualmente y surgió la oportunidad de participar en esta primera peregrinación a Monte Subiaco, un lugar al que considero especial, pues en él vivió su vida eremítica San Benito, un santo al que profeso mucha devoción. Además, la peregrinación partía de Roma, un lugar por el que siento especial atracción por motivos diferentes, y el participar en la peregrinación me brindaba la oportunidad de volver a visitar esta histórica ciudad, concretamente la Basílica de Santa María a la que tengo especial cariño. Y luego estaba el hecho de que al ser la primera edición no se tenía previsto una participación masiva y se preveía un ambiente familiar entre los peregrinos, lo cual me resultó acogedor.
En el plano espiritual lo necesitaba plenamente; yo vivo en un pueblo de esta diócesis en cuya parroquia yo asistía a misa diaria, pero la escasez de sacerdotes ha provocado que el nuevo párroco no resida en la parroquia y ahora sólo hay misa los domingos, y ello, el hecho de no tener un acceso tan fácil a los sacramentos como antes, me ha hecho sentir un poco dejado espiritualmente, si bien es cierto que gracias a esta circunstancia he cultivado una espiritualidad interior incrementando mi vida de oración personal, pero claro, no es lo mismo; si se me permite la manera vulgar de expresarlo, es como si hubiese sido privado de participar en un gran banquete y para matar el hambre me tuviese que conformar con comer un bocadillo o una latina de conservas, que sirven para engañar al estómago pero no te llenan. Y en esta situación, donde además ha coincidido una época difícil en mi vida en el plano personal que estoy intentando superar, surgió la oportunidad de participar en esta peregrinación y no me eché atrás.
¿Por qué le atrajo el hecho de que al ser el primer año hubiese poca gente y fuese algo más familiar?
Pues porque, aparte de que mi manera de ser un tanto introvertida me dificulta desenvolverme en lugares masificados, sobre todo está el hecho de que al ser un grupo más reducido iba a ser todo como más auténtico, más puro, facilitando una relación de cercanía con los demás participantes. He sentido como que éramos una gran familia, especialmente nuestro capítulo, el de España, en el que fuimos catorce peregrinos de diferentes puntos de la geografía española pero nos sentíamos todos “como en casa".
¿Cómo fue el ambiente de fervor que ahí se vivió?
Eso fue sin duda lo mejor. El recogimiento en la celebración de la Santa Misa, los momentos de silencio que nos brinda la liturgia tradicional, el peregrinar rezando el Rosario y otros ejercicios piadosos y cantando cantos religiosos… Imagen de la verdadera peregrinación que hacemos en esta vida, hacia el cielo. Sobre todo me quedo con un detalle, la mayoría de los peregrinos éramos jóvenes, la mayor parte lo eran todavía más que yo; jóvenes que no se conforman con las cosas materiales que nos da la vida, sino que buscan algo más, buscan lo trascendental, pues bien saben que las cosas materiales no nos llenan. Jóvenes que han redescubierto un tesoro que la vaciedad de los tiempos les había escondido, el de la misa tradicional, la liturgia milenaria de la Iglesia, con la que han santificado su vida montones de santos que ahora interceden en el cielo por nosotros. Es como un tesoro que nos habían escondido y hemos tenido que encontrar.
¿Le ha ayudado la peregrinación a superar un momento difícil por el que está pasando?
Realmente no ayuda necesariamente a superar el momento difícil por el que en mi caso estoy pasando, pero sí ayuda a saber llevarlo mejor, desde una óptica más positiva en la que sabes que Dios providente está en nuestra vida, en nuestros afanes y preocupaciones. Dios no sólo está en las grandes cosas de la Historia, sino que también está en las pequeñas cosas de cada uno. Obviamente los problemas de nuestro día a día siguen ahí, pero las gracias espirituales que obtenemos en la peregrinación nos ayudan a desprendernos de las preocupaciones materiales y a no darles más importancia de la que merecen.
¿Qué supuso poder visitar Subiaco, ese lugar tan bendecido para San Benito?
Fue muy especial. La misma ascensión al monte, hasta el monasterio, fue como una metáfora de la subida o acercamiento al cielo, a donde aspiramos llegar todos. Y la liberación que sientes, tanto en lo físico después de tanto esfuerzo, como en lo espiritual después de tres días de penitencia, una vez que has llegado, es indescriptible. Físicamente llegas cansado, pero espiritualmente lleno. Yo sentí una alegría inmensa. Visitar el lugar donde vivió San Benito apartado del mundo y de sus afanes, sólo para Dios, con el maravilloso ejemplo que nos supone, fue maravilloso. El Cielo en la tierra.
Igualmente fue una gracia salir desde la Basílica de Santa María la Mayor o peregrinar al santuario de la Madre del Buen Consejo en Genazzano…
Sí. Santa María la Mayor es muy especial: el icono de la “Salus Populi", las reliquias de la Santa Cuna…, el poder celebrar allí mismo la Santa Misa en forma tradicional, nada más y nada menos que en una basílica papal. Recorrer lugares emblemáticos como Castel Gandolfo, y especialmente la visita al santuario de Genazzano, recibidos al tañer de las campanas, y poderse arrodillar ante la venerada imagen de la Virgen, quizá fue el momento más especial junto con la llegada a la santa cueva del Monte Subiaco. Y eso por no mencionar también la parte “material” de la peregrinación: todos los hermosos paisajes que recibió nuestra vista como regalo a lo largo del recorrido fueron como un aliciente más para que el camino fuera más llevadero, y también lo bien que estuvo la Organización, ofreciendo pasta para cenar en el campamento las dos noches y dando todas las facilidades para montar las tiendas, sobre todo a los que éramos “de fuera".
¿Cómo pudo disfrutar de la liturgia tradicional en esos días, teniendo en cuenta que no lo puede hacer en Burgos durante el año?
Pues quizá por eso, por el hecho de no tener acceso habitual a la misa tradicional, me ha resultado una participación más plena. Lo curioso es que participar en la misa tradicional me ayuda a comprender mejor la misa en forma ordinaria; es decir, al comparar las diferentes partes de la misa y sus contrapartes en una forma y otra, me ha llevado a un mejor entendimiento de las mismas partes de la misa en la forma ordinaria. Es como un enriquecimiento que sirve para sacar mayor provecho en ambas formas del rito. Si le cuento que las pocas veces en mi vida que he asistido a misa tradicional he llorado de emoción en todas ellas, y ello es porque en la misa tradicional se subraya aún más, de manera todavía más clara, el valor sacrificial de la Eucaristía, el hecho de que en la Misa Jesús se entrega por todos nosotros actualizando el mismo sacrificio que se ofreció en la Cruz por amor nuestro, como propiciación por nuestros pecados.
¿Cree que la peregrinación irá creciendo y consolidándose en los próximos años?
Sin lugar a dudas. Era el primer año y se ha organizado en poco tiempo, y aun así han asistido más de cien peregrinos de al menos seis países diferentes, por lo que es fácil suponer que en ediciones sucesivas, que se prepararán con más tiempo, la cosa vaya a más. El ejemplo lo tenemos en la peregrinación a Covadonga en España, que no ha dejado de crecer en cada una de sus ediciones.
Por Javier Navascués
2 comentarios
Una provincia grande, una archidiócesis histórica, llena de monasterios, como Silos y Cardeña, Miraflores y las Huelgas, y conventos ..... y ni una sola Misa tradicional.
El obispo Iceta se ocupa de acabar con el estrafalario cisma de las desventuradas clarisas de Belorado. Esto es lo que tenemos.
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