La Capilla de Adoración Perpetua de Tarrasa vuelve a salir a la calle para anunciar que Cristo está vivo

Entrevistamos sobre esta iniciativa, que se pone en marcha por segundo año consecutivo, a Montse Carreras, abogado y responsable de la Capilla de Adoración Perpetua de Tarrasa junto a su esposo.
¿Por qué han decidido desde la Capilla de Adoración Perpetua de Tarrasa hacer una nueva campaña para difundir la adoración por toda la ciudad?
Porque creemos que la fe no puede vivirse escondida. Queremos dar visibilidad a toda la ciudad y hacer llegar este mensaje tanto a creyentes como a no creyentes. Nuestro objetivo no es tanto conseguir más adoradores como captar la atención, provocar una pregunta interior, despertar una inquietud.
Vivimos en una sociedad marcada por el “juvenismo”, donde todo se detiene en la juventud; por el culto al cuerpo; por el miedo a envejecer, inmersos en una atmósfera de apostasía en la que muchos en la iglesia ya no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y todo ello alentado por un modernismo que duda de todo y niega lo sobrenatural: los milagros, la virginidad de María, la Resurrección de Cristo. Poco a poco, esta cultura va penetrando en todo.
Por eso sentimos la necesidad urgente de dar a conocer que hay un lugar donde se encuentra Dios mismo: el mismo Dios que estuvo en Nazaret, el de la Santa Cena, el que acompañó a los apóstoles, el que caminó sobre las aguas del mar de Galilea.
La adoración es hoy un acto profundamente revolucionario: poner a Dios en el centro cuando el mundo lo ha desplazado.
Los católicos no podemos guardarnos este regalo solo para nosotros. Tenemos que “salir del armario” y anunciar, con sencillez y valentía, que Cristo está vivo, que permanece presente y que nos espera.
Esta campaña quiere hacer ruido en medio del ruido, visibilizar que también en un entorno consumista, existe un lugar donde descansar, donde parar y simplemente estar ante un Dios vivo. Por eso hemos utilizado la misma imagen corporativa y el mismo mensaje de la campaña anterior, casi como una marca reconocible, nuestro distintivo. Queremos que los ciudadanos se familiaricen con esa imagen y la identifiquen inmediatamente con la Capilla de Adoración Perpetua de Sant Pere de Terrassa.
¿Qué frutos dio la campaña anterior y cómo se han ido viendo en hechos concretos?
La campaña anterior tuvo una enorme repercusión mediática a nivel nacional, precisamente porque rompía todos los moldes. No se anunciaba un producto de consumo, ni un evento, ni una experiencia pasajera: se anunciaba algo radicalmente distinto, la presencia real de Dios.
Al inicio existían ciertas reticencias. Pensábamos que podía ser criticada por corrientes contrarias a la religión o incluso provocar reacciones hostiles. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula: la aceptación fue enorme. Los comentarios recibidos, incluso de personas alejadas de la fe, fueron de respeto, curiosidad y agradecimiento. Confirmamos algo muy profundo: la gente tiene sed de Dios, aunque a veces no sepa ponerle nombre.
¿Qué nuevas gracias esperan de esta campaña?
Honestamente, no sabemos qué gracias concretas se derramarán, ni es ese nuestro objetivo principal. No hacemos esta campaña buscando resultados medibles ni frutos cuantificables. Nuestra finalidad es mucho más sencilla y, a la vez, más profunda: ser instrumentos, ponernos disponibles para que Dios mismo derrame las gracias que Él considere oportunas, en el momento y en las personas que Él quiera. Fue gracias a Él que se abrió la Capilla, nosotros sólo lo gestionamos.
La experiencia nos ha enseñado que cuando se da visibilidad a Dios, Él actúa. La Capilla de Adoración Perpetua de Sant Pere de Terrassa se abrió en septiembre de 2019 y, desde entonces, en ella se han derramado innumerables gracias, muchas de ellas silenciosas pero algunas compartidas.
En la capilla hay un libro de testimonios, accesible para todos, donde cualquier persona puede dejar constancia de lo que ha vivido gracias a la adoración. Invitamos a detenerse y a leerlo, porque sus páginas guardan auténticas perlas de un valor espiritual incalculable. En ellas se narran historias reales de conversión, agradecimiento, curaciones corporales y sanaciones espirituales, vividas en el silencio de la adoración.
Son testimonios sencillos, sin artificios, pero de una fuerza extraordinaria, que permiten constatar que Dios sigue actuando hoy, de manera concreta y transformadora. No suelen ocupar titulares, no salen en los telediarios ni en los informativos, pero están ahí, escritos a mano, como prueba viva de que el Señor continúa obrando en el corazón de quienes se dejan encontrar por Él.
No podemos olvidar que las paredes de este conjunto de iglesias custodian siglos de tradición y culto católico ininterrumpido. Generaciones enteras han rezado entre estos muros, han celebrado la fe y han invocado a Dios a lo largo de la historia. Hoy, ese legado se ve coronado por un don inmenso: tener a Dios mismo presente de manera permanente, las 24 horas del día, todos los días del año.
La capilla está ubicada en un lugar muy bello…
Efectivamente. La capilla está ubicada dentro de la iglesia principal del conjunto de las tres iglesias románicas de Sant Pere, un recinto de gran valor histórico y artístico que hoy forma parte también de un museo, con numerosas visitas a lo largo del año. Y, sin embargo, en medio de ese patrimonio monumental, la verdadera atracción no es la piedra, sino la Presencia viva de Cristo.
En una ocasión, alguien preguntó al rector de las iglesias, Mn. Antoni Deulofeu, cómo era posible que la capilla permaneciera abierta las 24 horas del día, todos los días del año. Su respuesta fue tan sencilla como reveladora: «Cuando me traigas a personas dispuestas a turnarse, día y noche, durante todo el año, solo para contemplar este conjunto artístico y monumental, entenderé que hay algo más fuerte que la simple belleza artística” Solo Dios es capaz de suscitar una fidelidad así.
Desde su apertura, la capilla ha provocado una transformación profunda y visible en la comunidad. La vida espiritual ha florecido con una fuerza inesperada: los horarios de las celebraciones eucarísticas se han duplicado, la asistencia de fieles ha crecido de manera constante y las actividades religiosas se han multiplicado, generando un dinamismo pastoral vivo y sostenido.
Este borbotón de gracia no solo no se ha detenido, sino que continúa manando con discreción y profundidad, calando los corazones como una lluvia fina y perseverante. Y estamos convencidos de que esta nueva campaña no hará sino ensanchar aún más el cauce por el que Dios quiere seguir derramando su acción en la ciudad y en quienes se dejen encontrar por Él.
¿Cómo han elegido los puntos estratégicos en donde irán los carteles?
La elección no ha sido improvisada. Nuestra coordinadora del turno de mañanas, Mariona Borrell, que es diseñadora gráfica y responsable de toda la comunicación, campañas y diseños de la capilla, ha trabajado juntamente con una agencia de publicidad.
De este modo, se han seleccionado varios puntos estratégicos de la ciudad para garantizar la máxima visibilidad y que el mensaje llegue al mayor número de personas posible en su vida cotidiana.
¿Merece la pena este gran esfuerzo económico?
Sin ninguna duda, sí. Porque la publicidad va mucho más allá del mero cartel publicitario. Cada imagen, cada frase, cada mirada que se cruza con el anuncio puede convertirse en una semilla sembrada en el corazón de alguien que quizá nunca se habría planteado entrar en una iglesia.
Cuando se trata de anunciar a Dios, ningún esfuerzo es excesivo.
¿Con qué medios cuentan para poder costearlo?
La capilla se sostiene al 100% gracias a los donativos de los fieles, de los adoradores y de todas las personas que pasan por la capilla. Aunque supone un esfuerzo económico importante, confiamos plenamente en que los frutos superarán con creces las expectativas, como ya ocurrió en campañas anteriores.
¿Cree que esta iniciativa se debería llevar a otras ciudades?
Sin duda. Porque Dios tiene prisa. Vivimos tiempos difíciles, donde se duda de todo y se relativiza todo. Anunciar el Evangelio con claridad y valentía en otras ciudades ayudaría a contrarrestar una cultura que muchas veces va en dirección opuesta a la fe.
La adoración no es una opción para unos pocos: es un regalo que necesita ser anunciado. Como decía el Santo Padre Papa Benedicto XVI “la adoración no es un lujo sino una prioridad”.
¿Por qué el Adviento y la Navidad es una fecha propicia para que el Señor, presente en el Santísimo Sacramento, nazca en el corazón de muchas personas alejadas?
Porque es un tiempo especialmente hermoso y significativo. El Adviento prepara el corazón para recordar el nacimiento de Jesús, y la Navidad, incluso para quienes están alejados de la fe, sigue siendo un momento cargado de sentido, nostalgia y apertura interior.
En medio de luces, compras y celebraciones, Cristo puede volver a nacer en muchos corazones. Y la adoración ofrece ese espacio de silencio donde Dios no grita, sino que espera.
Por Javier Navascués
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