David Corral, de la fiesta de Ibiza a una profunda conversión que propició también la de sus padres

David Corral Moral tiene 51 años. Estudió Psicología Clínica en la universidad de Palma de Mallorca, certificado en Lifecouching y Psicología Espiritual Católica. Actualmente cursando modulo de pecados capitales por el instituto In deum Vivum en México. Trabajó 17 años en el aeropuerto de Ibiza como coordinador y técnico informático, tuvo consulta privada como terapeuta 4 años, actualmente trabaja desde hace 10 años como fotógrafo profesional de eventos y bodas en Ibiza en su empresa www.ibizainlove.es
¿Qué es lo que le hizo apartarse de la fe?
Mi familia me educó en la Fe, llevándome a colegios con educación católica (los primeros años) y luego a la escuela pública de EGB, en la que aún se estudiaba religión, hasta la realización de la comunión. Me interesé por la religión en el colegio y por estar cerca del Señor en la misa dominical. Estuve de monaguillo en la iglesia de San Pablo en Ibiza por un tiempo. Sentía allí mucha paz y estaba acompañado por el Señor. Me alejé de la fe al empezar mis estudios en el instituto en Ibiza, en el que la mayoría de los compañeros no hablaba de Dios ni de la fe.
Abandoné progresivamente la vida de fe. Me fui alejando para formar parte de mi nuevo grupo de amistades. Me sentía acogido, sin responsabilidad hacia el Señor, parecía que todo estaba bien y no pasaba nada. Consideraba que era lo normal en esa edad ese alejamiento.
¿Cómo fueron sus años al margen de Dios?
Quería sentirme libre de responsabilidades e ir por mi cuenta. Pensé que al alejarme de Dios no pasaba nada. Prácticamente me olvidé de mi responsabilidad con Él y ahí tuve un vacío que busqué llenar de otras maneras y actividades. Al alejarme de Dios, estuve con pandillas de jóvenes que vivían sin Dios y con una vida sin preocupación. Buscábamos tener aventuras y emociones nuevas, salir de la monotonía familiar y de la vida tradicional. Era un modo de escape. En esas pandillas se consumía alcohol y se fumaba, ya que era parte del crecimiento, para hacerse mayor. Ahí consumí alcohol por primera vez y empecé a beber principalmente los fines de semana. Igualmente comencé a fumar tabaco diariamente como una manera de sentirme integrado en el grupo de amistades. Pensé que así me hacía mayor, que era como una iniciación a la vida adulta.
Fueron años con momentos buenos y malos. Tuve algún accidente (en moto) y problemas diversos por el consumo de alcohol, ya que los fines de semana desconectaba con la bebida y mi grupo de amistades. Me entregué a la “cultura” del bar y de la fiesta, que abundaba en la isla en los años 90 en Ibiza. En esa época comencé a estudiar Psicología en la Universidad. Me marché a vivir a Palma de Mallorca y al finalizar me puse a trabajar como técnico informático en el Aeropuerto de Ibiza, ya que era otra de mis pasiones, la informática. No me sentía con motivación para iniciar nada relacionado con la psicología al finalizar los estudios, así que decidí iniciar otra carrera profesional que me abría las puertas en esos momentos.
A la vuelta de mis estudios, conocí a la que sería la madre de mi hija y estuve viviendo en pareja de hecho durante 5 años. Antes de iniciar la relación, soñé que tenía una hija con ella y cuando iniciamos la convivencia, ella se quedó pronto embarazada y nació mi hija. Todo fue bien, pero aun ahí notaba un vacío, algo que faltaba en la relación, que no terminaba de llenarme. Sentí que la cosa no iba bien y pronto llegaron los problemas de la relación y la separación. Eso me llevó a una crisis personal, que traté de olvidar nuevamente con el alcohol y las fiestas, caí en una depresión y una falta de amor hacia mí mismo, un vacío absoluto.
Háblenos de su primer cambio de vida, antes de la conversión…
A los 30 años decidí dejar el alcohol y la vida del bar, después de varios sustos (accidentes y avisos). Estaba operado de un soplo en el corazón desde joven. Sentía que el alcohol me robaba mucha energía y me agotaba del todo. Dejar de consumir alcohol fue como empezar de nuevo, abandonando completamente ese estilo de vida para buscar otro mas saludable.
A partir de ahí tuve una vida mundana y sobria, centrado en el trabajo y mi familia y prosperando profesionalmente. Aún alejado de la iglesia, volví al mundo terapéutico y a la fotografía profesional y me encontré con la espiritualidad de nuevo (aunque falsa) a través de las terapias. Eran algunas de Nueva Era mezcladas con la psicología moderna. Pensé que era el Dios verdadero, pero modernizado. La tradición de la Iglesia la veía ya como algo lejano del pasado. Nunca se nombraba a Cristo ni a la Virgen, solo un Dios bondadoso, que no hacía justicia. Todo estaba bien, no existía el concepto de pecado. Solo había que intentar sanar tus heridas, algo que nunca se acababa con el mero voluntarismo.
¿Cómo experimentó el vacío de las cosas mundanas?
El vacío es total, ya puedes tener todas las relaciones, amistades, cosas o dinero que nunca estarás completo. Es un vacío absoluto el vivir sin el Dios verdadero. Lo experimentas con un dolor extremo. No hay amor, y lo buscas muchas veces en las personas erróneas. Estás muy alejado de Dios. Es ese punto, estas en el fango y no lo sabes, solo sientes un vacío que no puedes llenar con nada plenamente, solo de manera efímera.
En ese punto, el Señor me permitió ver que la causa de mi dolor y mi vacío era la vida alejada de Él. Tenía una existencia llena de pecados capitales. Había normalizado el pecado en mi estilo de vida. Eso me causo un gran dolor y angustia. Y pedí ayuda a Dios para poder salir de aquí y pude apreciar en un momento de gran dolor interior una mano que se me tendía y me pedía que lo siguiera. Era Jesús. Él nunca te abandona. Esto me dejo sin habla, pero me hizo dar un siguiente paso decisivo para mi vuelta a la fe.
¿Cómo fue el proceso de vuelta a Dios?
La vuelta a la fe fue muy significativa. En el 2019 me invitaron a visitar la virgen del Rocío en Ayamonte. Me acerqué con una amiga que vivía en Huelva. Había ido a a ayudarla. Allí pasó algo que no me esperaba. Al entrar en la iglesia del pueblo me senté a meditar y sentí la paz que emanaba el grupo de oración que allí había. La iglesia estaba a tope de gente rezando el rosario. La presencia de la Virgen del Rocío me impresionó, brillante y majestuosa, con su traje dorado y sus 12 estrellas en la cabeza. Parecía viva, como si me mirara y me sonreía a la vez. Ahí en ese momento escuché una voz suave dentro de mi corazón con la siguientes palabras, que me dejaron mudo:
“David te has ganado un puesto en el Cielo. Da sin esperar nada a cambio”.
Le pregunte: ¿Quién soy yo? La Virgen me contestó: “Eres hijo de Cristo. Reza tres Avemarías”.
Aquí recé las 3 Avemarías. Casi no me acordaba, no las había rezado desde joven, pero logré acordarme. Al acabar sentí una paz inmensa, como si mi alma descansara, esa paz que solo Dios puede darnos. Era lo que necesitaba, esa paz y la oración.
De repente se hizo un clic en mi interior y comencé a rezar cada día, a buscar oraciones cristianas para practicarlas, siendo la principal el rezo del rosario, que lo desconocía. Así empecé a realizar mi búsqueda personal de Dios en la fe. Comencé a realizar peregrinaciones por lugares santos de apariciones de la Virgen: Fátima, Lourdes, Garabandal, El Rocío y Medjugorje. Cada vez que visitaba uno de estos lugares sentía que mi alma sanaba y se llenaba de gracias, algo que no encontraba en la isla de Ibiza.
Durante mi trabajo terapéutico comencé a orar en silencio por mis clientes (oraciones católicas) y sentía que recibían una gran liberación en cada sesión. Ahí experimenté como Dios actúa también en el mundo terapéutico, en cada sesión, con cada cliente, dándome la capacidad de sentir y percibir el mundo espiritual que no vemos.
¿Cuál fue el punto de inflexión que le hizo cambiar definitivamente de vida?
La pandemia en el 2020 fue un punto de inflexión en mi vida. Perdí un año de trabajo completo pero gané un acercamiento al Señor y decidí volver a la Iglesia y realizar una confesión general de toda mi vida después de los 3 meses de encierro. Tuve la necesidad de volver y acercarme al Señor y a la fe y definitivamente ya era el momento. Ahí volví a recibir la Eucaristía por primera vez en años y el Señor me permitió ver, en la iglesia de San Pablo algo maravilloso. Cuando el sacerdote consagraba la Eucaristía e imponía las manos, cerré los ojos y vi al Señor Jesucristo difunto en el altar. Estaba allí tendido como si se hubiera descolgado del crucifijo pero inerte. También empecé a apreciar que de las manos de todo sacerdote que consagra la Eucaristía sale una gran luz blanca que inunda la sala (esto lo sigo viendo y sintiendo al día de hoy).
Esa imagen me impactó y al tomar la Eucaristía sentí que me llenaba de luz y de paz de nuevo, que mi alma se calmaba y ahí comencé una sanación eucarística profunda. El dolor de los pecados y de mis faltas fueron sustituidos por el amor y la aceptación de mi cruz a través del cuerpo de Cristo. Alabado sea el Señor.
¿Por qué fue necesario cortar con ciertas amistades?
El corte de amistades fue progresivo y a día de hoy sigo en ese proceso. Es como si Dios me apartara a la gente que ya no tiene que estar en mi vida. Él sabe muy bien los que son mis verdaderos amigos, los que me acercan a Él y el que me puede alejar de la fe. Entiendo que Dios es mi protector y me acompaña allí donde vaya. El protege mi camino. Al entrar en la fe y frecuentar diariamente la iglesia y los sacramentos, mis amistades antiguas fueron cayendo y apareciendo nuevas, algo que era de esperar, pero que es difícil aceptar al principio.
¿Cómo la confesión y la dirección espiritual le ayudó a quitarse un gran peso de encima y a cerrar heridas?
La confesión me quito un gran peso en el alma. Hay un yugo que ninguna terapia puede quitarte. Solo te lo quita el perdón de los pecados. Solo las manos consagradas al Señor y solo las de los sacerdotes católicos pueden hacerlo. La guía espiritual de mi sacerdote confesor me ayudó a alejarme de amistades y también de prácticas que tenían elementos de Nueva Era, algo que desgraciadamente está muy incrustado y normalizado en Ibiza.
¿Qué gracias le regaló el Señor tras su conversión?
Previo a mi conversión ya percibí que podía sentir el mundo espiritual, en los espacios y personas. Dios me ha permitido también el tener la sensibilidad espiritual de apreciar lo que hay en la Eucaristía, que es nuestro Señor Jesucristo. Él está vivo en ella y cada vez que un sacerdote consagra la hostia, una gran luz inunda la sala de la iglesia, lo que me estremece en cada Misa.
También me ha permitido conectar con el amor de la Virgen María, a la que estoy consagrado, ya que ella es nuestra Madre corredentora, que nos cuida y nos lleva hasta su hijo Jesucristo. Siento que me acompaña y me guía muy de cerca, al igual que su hijo Jesucristo. Ella cumple siempre, si tú te entregas a Ella con la oración diaria del Rosario, nunca defrauda. La oración diaria del Rosario, entre otras, también me ha permitido tener mas paz mental y vivir una vida mas cercana a la Virgen y al Señor. Los dones espirituales y la sensibilidad a veces son una bendición, pero también una carga, puedes sentir mucho, pero te exige que ordenes más y purifiques, a través de Cristo, tu entorno.
¿Cómo estos signos sensibles le ayudaron a consolidar su fe?
Me ayudaron a tener paz mental, a sentirme pleno, a confiar en Dios y a tener fe. Recibir cada día los sacramentos es parte de mi rutina diaria, siendo la Misa el centro de todo. El vacío de mi vida anterior mundana ha desaparecido y ha sido sustituido por la paz y el amor hacia el Señor Jesucristo y devoción a su madre María. Ellos me cuidan y me guían cada día.
¿Qué importancia tiene la Eucaristía y la devoción a la Virgen?
La Eucaristía es literalmente el pan de vida, es luz, es lo que nos nutre el alma. Creo que sin ella enfermaría, no tendría fuerzas suficientes para avanzar en la vida actual y este mundo tan contaminado. Jesús nos da la vida en ella literalmente y es junto a su madre María.
La devoción a la Virgen, me ha dado paz y amor hacia la madre corredentora y hacia mí mismo. Me ha dado mucha confianza en nuestros padres espirituales que velan por nosotros cada día y están ahí. La Virgen está en la tierra y está muy activa, solo hay que visitarla en cualquiera de sus hogares, en los que hubo y hay actualmente apariciones. Ella te llena de gracias y regalos si la visitas. El rezo del Rosario nos acerca cada día más a su corazón y nos cubre con su manto para protegernos.
¿Cómo le ayudaron las peregrinaciones a santuarios marianos?
Cada peregrinación ha sido un aprendizaje y una sanación para el alma, cada lugar es diferente y único, con mucha belleza. Considero que son hogares de la Virgen, pero también escuelas en las que recibes un aprendizaje interior junto con la penitencia, el ayuno, la oración y la confesión. Todo hace que nos acerquemos más a Ella, a su Hijo Jesucristo y a la voluntad de Dios para poder vivir en gracia. Dios le ha dado unos lugares muy activos y bellos en la tierra para que siga cuidando de todos los hijos que la visiten. Ahí ha dado mensajes que son verdaderos y se cumplen en cada palabra.
¿En qué medida su fidelidad arrastró a sus padres también a la conversión?
Debido a mi conversión tuve la necesidad de hablar con mis padres, pues siendo católicos apenas iban a Misa. Tampoco se rezaba en familia. Era algo que nos alejó a mí y mis hermanos de la fe, había dejadez espiritual y olvido en la familia. Toda la familia nos habíamos alejado y olvidado de Cristo y mis hermanos y yo caímos en malas prácticas (una mezcla de budismo, cristianismo, santería y new age). Esto provocó que viviéramos muchas disputas y problemas familiares. Mi madre cayó en depresión y crisis de ansiedad y yo sufría de ansiedad y dolor por la situación. Tuve una disputa bastante grave con mi hermana que hizo que se alejara por un largo tiempo de la familia. Había que poner limites y orden en la familia y a Dios en el centro.
En este punto peregriné a Fátima en Portugal un fin de semana y allí le pedí a la Virgen que me ayudara a sanarme y a que sanase a mi familia, ya que nada estaba bien. Y la Virgen me escuchó. A la vuelta tras hablar con mis padres y sacar los objetos no cristianos de casa, les pedí que volvieran a la práctica diaria de los sacramentos y que hicieran una buena confesión, ya que sino toda la familia estábamos en peligro. Mi padre y mi madre me escucharon, ya que no había otra solución al problema familiar. Comenzaron a ir a Misa diariamente y rezar el Rosario y yo les acompañaba. Este fue el punto de inflexión.
Tuvieron que venir varios sacerdotes a bendecir y exorcizar el hogar familiar y tras la perseverancia en la oración diaria, la paz fue volviendo al hogar y la salud de todos. En el centro del jardín le pedí a mi padre que pusiera una cruz y yo hice una pequeña ermita a la Virgen.
¿Qué dificultades tuvo en el proceso de conversión?
En este cambio de vida, yo sentía ataques espirituales eran muy duros, algo que me costó pero acepté como parte de mi responsabilidad familiar y personal. Decidí quedarme a ayudar a mi familia y acompañarlos en su conversión a la vez que yo me hacia más devoto y practicante diario.
Había días que ir a la iglesia se convertía en un infierno, sentía muchos ataques y molestias, mucho dolor físico y malestar y ansiedad muy alta por momentos. Pero siempre que iba y finalizaba la Misa volvía a estar en paz y con más fuerza. Era como si el Señor me protegiera al tomar la Eucaristía y me daba fuerzas.
El demonio es como un perro con rabia que te espera en la puerta de tu casa para asaltarte y lanzarse sobre ti para que no vayas a Misa. También te distrae con cosas mundanas, pero yo insistí… y si al bicho (al diablo) le molesta, es que vas por buen camino, aquí desarrollé mucha resiliencia y estoicismo.
Pedí ayuda a Dios y poco a poco la fui recibiendo a través de mi entorno, sacerdotes y seglares. Hasta el punto de que decidí profundizar en el problema y estudiar psicología espiritual católica en un instituto en México. Allí me formé y me dieron más herramientas para el combate espiritual. Me formé en la lucha contra la Santa Muerte (santería) y sus efectos, que aquí en la isla es muy común y está muy contaminada. Estudié y me acerqué a los libros de exorcismos y liberación del Padre Amorth y del Padre Luzón.
¿Qué supone para usted ver a sus padres ya en el buen camino?
Me llenó de alegría, satisfacción y paz ver a mis padres volviendo a la fe y el ver que tomaron conciencia de la importancia de poner a Cristo en el centro de la familia. Jesús y la Virgen son nuestros mejores amigos y aliados en la familia para mantenerla unida. Aunque mis hermanos se mantuvieron al margen al principio, hemos rezado cada día por su alma y ellos han ido aceptando esa transformación que ha ido también influenciándoles de manera positiva.
Estas navidades del 2025, después de varios años nos hemos sentado todos juntos y ha reinado de nuevo la paz y el orden, el respeto en el día del nacimiento del Señor.
¿Con qué medios cuenta para perseverar en la fe?
Principalmente con la práctica de los sacramentos diarios, Misa diaria, lectura de la Biblia, rezo del Santo Rosario, ayunos, confesión periódica y rodearte de personas que aman a Dios y practican la fe. Es primordial alejarte de las amistades que te apartan de Dios y no te respetan.
¿Se puede decir que su vida, aunque tengas sus cruces, es una vida plena ahora?
La vida cerca de Dios es siempre más plena y rica, más pacífica y llena de bendiciones. Te das cuenta de que todo sufrimiento fue causa de la desobediencia a Dios y del orgullo… En definitiva del pecado capital de la soberbia, normalizado en la familia y en uno mismo. Todo eso acaba pasando factura tarde o temprano. Todos podemos volver a Dios y arrepentirnos de nuestros pecados, lo digo por experiencia. Mientras tengamos vida estamos a tiempo, pero hay que hacerlo cuanto antes, pues no sabemos cuando nos va a llamar el Señor.
Por Javier Navascués
2 comentarios
Conozco bastantes casos cercanos de problemas familiares a causa del alcohol.
Si Dios está en nuestra vida, todo es posible.
La Virgen nos escucha y nos atiende.
Pero claro...hay que romper con todo lo anterior.
Y el valor de la familia.
Lo más importante.
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