El P. José Manuel García profundiza en la riquísima espiritualidad de la obra Mi Cristo Roto

José Manuel García sacerdote de la Diócesis de Getafe, licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Eclesiástica San Dámaso. Ordenado en el año 2010. Vicario en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Chinchón.
¿Se puede considerar “Mi Cristo roto” uno de los grandes clásicos de espiritualidad?
Claro que sí Javier. Hace algún tiempo escuché en un documental la siguiente reflexión: “El arte responde a una necesidad; el resultado del arte bien hecho es una obra bella. Lo bello no es más que todo cuanto puede ser resucitado, arrebatado a lo eterno, salvado de lo eterno y traído hasta la hermosa fragilidad del presente. Eternidad aquí abajo”.
“Mi Cristo roto” puede considerarse un clásico de la espiritualidad porque contiene esa belleza que merece ser resucitada y arrebatada a lo eterno. San Agustín nos habló de Cristo como la belleza siempre antigua y siempre nueva. Considero que los clásicos de la espiritualidad tienen que reunir esas características de antigüedad y de novedad. Eso es precisamente lo que convierte a los clásicos de la espiritualidad en atemporales y eso es lo que se puede ver en la representación de esta obra. Cuando uno la ve o, mejor dicho, la contempla, percibe que esta obra es totalmente actual. Yo me atrevería a decir que, incluso, necesaria.
¿Por qué ha sido tan positivo adaptar el libro al teatro?
Todos sabemos que, actualmente, se lee bastante poco en general. Vivimos en la era digital y nos impacta mucho más lo que vemos que lo que simplemente leemos. Adaptar el libro al teatro supone recibirlo de una manera mucho más profunda porque son más los sentidos que se ponen en juego. Si además contamos con la incorporación de las canciones y de la música se consigue potenciar todo mucho más.





