P. Jesús Higueras explica por qué algunos católicos tienen más apego a la tierra que deseos de Cielo

Jesús Higueras (1963) es párroco de Santa María de Caná (Pozuelo de Alarcón, Madrid) y licenciado en Teología. Fue auditor en el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización (2012). Imparte ejercicios espirituales y conferencias en España y Latinoamérica. Colabora con diversos medios de comunicación social.
¿Podría decirse que la manera de afrontar la muerte o una grave enfermedad es el verdadero termómetro de la vida espiritual?
En gran medida, sí. La vida espiritual, en el fondo, está orientada a reconocer a Jesucristo, y no a un Cristo abstracto, sino a Jesucristo crucificado. A todos nos gustaría que Dios se manifestara siempre en la claridad, en el consuelo inmediato, en lo agradable. Y, en cierto modo, así es… pero siempre después de la cruz, no antes.
Por eso, el ser humano se define realmente en cómo gestiona el misterio del dolor cuando le alcanza. Mientras todo va bien, podemos sostener muchas ideas sobre Dios, pero es en la prueba donde se verifica su verdad. Para algunos, el dolor es un escándalo que rompe su fe; para otros, es el lugar más verdadero de encuentro con Dios.





