El P. Linares nos cuenta cómo consoló a las familias rotas por el dolor tras el accidente de Adamuz

Fueron varios los sacerdotes que estuvieron atendiendo a las familias de las víctimas del accidente de Adamuz en el Centro Cívico de Poniente en Córdoba. Al P. Jesús Linares, le tocó estar una tarde, una tarde intensa que nunca se le olvidará. Comparte con nosotros su experiencia y reflexiona sobre el gran misterio del dolor y la labor del sacerdote para llevar el auxilio y el consuelo de Dios.
¿Por qué no dudó en ir al Centro Cívico de Córdoba a dar atención espiritual a los familiares y pasajeros del accidente de Adamuz?
Me llamó un hermano sacerdote para que lo acompañara la tarde del martes al Centro Cívico de Poniente, donde se encontraban las familias de las víctimas del accidente. No me lo pensé, me dije para mí: Dios me llama a acercarme a estas personas que están sufriendo. Con esta disposición fui, también con cierto temor de no saber cómo iba a ser recibido. Recuerdo ir rezando el Rosario yendo de camino.
¿Cómo les pudo dar esperanza católica en medio del dolor?
La situación era, ciertamente dolorosa, se adivinaba en los rostros de las personas (algunas aún no sabían el paradero de sus familiares). Lo primero que hice fue darme una vuelta por el recinto y saludar a cuántos me iba encontrando: preguntar cómo estaban, bendecirles, escucharles e incluso rezar con y por ellos. A algunos, incluso, pude abrazarlos (querían que sintieran la cercanía del Señor).





