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31.07.22

Erika Prieto: “Covadonga fue un soplo de aire fresco y hálito de fe, el amor de Dios, ver que no estoy sola”

Erika Prieto es una joven estudiante de Ingeniería Industrial que ha venido por primera vez a la peregrinación a Covadonga. Comparte con nosotros la experiencia.

¿Qué ha supuesto para usted poder peregrinar a Covadonga por primera vez?

Como para cualquier joven fiel a la liturgia romana tradicional, poder entregar estos días de penitencia a la Santísima Virgen acompañados de la Santa Misa Tradicional ha sido una verdadera bendición.

Recuerdo cuando el año pasado me comentaron superficialmente la existencia de este nuevo proyecto. pues lamentablemente no pude acudir, pero a la llegada de aquellos conocidos que tuvieron el honor de asistir, tras ver su testimonio y las imágenes que captaron, daba por seguro que este año tenía que ir. Fue tan esperanzador ver a aquellas 1000 personas, tanto familias, jóvenes como no tan jóvenes, ofreciendo cada paso con tanta devoción. Puede imaginarse, por tanto, la grandísima e indescriptible satisfacción que supuso para mí ser partícipe de estas jornadas.

En el segundo año se ha visto que la participación va en aumento y que esto es imparable…

¡Y tanto!, y espero que Dios mediante cada año se duplique la participación de esta. Estoy segura de que esto solo es el inicio, tan solo hay que ver el revuelo que está habiendo en redes sociales. Tenemos que seguir apostando por la tradición y solo así seremos capaces de atraer a la máxima gente posible.

En cualquier caso es bueno perseverar para que siga creciendo si es voluntad de Dios.

No hay ninguna duda de que esto solo va a ir a más. Esto lo podemos apreciar en nuestro propio entorno, yo misma lo he vivido. Actualmente, en las parroquias la edad media de los fieles es obvio que va en aumento, en cambio en aquí cada vez hay más jóvenes que llegan y valoran la belleza de la liturgia tradicional. Nuestro deber es extenderla y darla a conocer, el resto ya viene por sentado.

¿Cómo ha sido el amor a Dios que ha percibido?

¡Maravilloso!, y muy alentador. no solo por parte de los laicos sino también por parte de los sacerdotes. Más de 40 sacerdotes caminaron hasta desgastarse, siempre con una sonrisa en la cara, para llegar al campamento y ponerse a confesar horas y horas.

Verdaderamente, estos días han sido un soplo de aire fresco y un hálito de fe, días en los que realmente he podido ver y sentir el amor de Dios. Ver que no estás solo, sino que realmente hay muchas personas en el mismo camino que tú.

¿Y el momento qué más le ha llegado al corazón?

Me resulta muy difícil escoger un solo momento, pero yo me quedaría con la Santa Misa solemne en la basílica. Personalmente, estoy acostumbrada a escuchar la Santa Misa Tradicional en capillas muy humildes y ver su majestuosidad en una basílica de esta magnitud ha sido indescriptible.

Pese a que todos estábamos exhaustos después de la larga peregrinación, la basílica estaba a rebosar. se podía apreciar gente de pie sin ningún tipo de visión intentando seguir la Santa Misa como buenamente podían, sacerdotes confesando pese a las dificultades de acceso al confesionario y colas muy largas para poder comulgar de rodillas y en la boca.

También cabe destacar la belleza del momento de la consagración al sonido de la marcha real.

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30.07.22

6 sacerdotes reflexionan sobre la bendición que supuso la peregrinación a Covadonga

Seguimos ofreciendo testimonios de la peregrinación a Covadonga, que esperamos sean de su agrado y les edifiquen. En esta ocasión continuamos con más sacerdotes, aunque irán saliendo a la luz también los de varios seglares, voluntarios…

P. Pablo Pich-Aguilera

Después de una exitosa primera edición, no podía faltar a la segunda de esta maravillosa iniciativa de peregrinar a la Santina de Covadonga. Unidos en María, Madre de la Iglesia, hemos marchado durante 90 kilómetros para pedir por la Iglesia y por España.

Fue una alegría saludar a tantos que repitieron y ver rostros nuevos. Muchos de ellos jamás habían ido a Misa Tradicional, otros solamente habían oído hablar de ella. De nuevo, como en la primera edición, se respiró un aire de amor a la Iglesia y a la Santa Misa, alejados de toda polémica.

El camino se hizo, este año, más arduo que el anterior, ya que tuvimos que andar dos días bajo un sol abrasador. El sufrimiento de muchos se palpaba en rostros y en maneras de andar, pero la alegría de sus rostros hacían notar ese espíritu penitencial.

Para mí ha sido profundamente edificante en varias historias de personas con las que he coincidido y a las que el Señor ha tocado el corazón. Uno, incluso sin bautizar, quedó profundamente tocado por lo que hemos vivido estos días.

Doy profundas gracias a Dios y a la Santísima Virgen de Covadonga por este grandísimo regalo. Esperamos ya con ansia la tercera edición. ¡Laudate, laudate, laudate Maria!

Mn Emmanuel Pujol

Grande, sublime y católico. Muy católico… Genuinamente católico. Descaradamente católico. Un faro de esperanza y un movimiento que todavía ha de dar muchos más frutos. El acontecimiento más esperado del año para todos los que amamos la Santa Misa tradicional y el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.

No ha decepcionado. De nuevo, otra vez, un reclamo unánime, inspirado en los ánimos juveniles de estos mil peregrinos que simplemente anhelan lo sagrado y que vibran con los Ideales que llevaron a nuestros mayores a legarnos la fe en un cuerpo social. Eso es lo que significa para todos Covadonga: es la Cristiandad, defendida bajo el amparo maternal de María, Auxilio de los cristianos, por una pequeña pero irreductible resistencia, al grito de «¡Santiago y cierra, España!». Y de nuevo defendida en tantas batallas en nuestros reinos y ante tantos enemigos externos e internos con idéntico espíritu católico.

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29.07.22

Mons. González Chaves: "Era consciente de que la Misa en Covadonga suponía un momento histórico"

Mons. Alberto José González Chaves.

Galardón Alter Christus Atención al Clero y a la Vida Consagrada

Nació en Badajoz en 1970 y fue ordenado sacerdote en Toledo en 1995. Su primer destino pastoral fueron las parroquias de Peñalsordo y Capilla, en la provincia de Badajoz, pero pertenecientes a la archidiócesis de Toledo. De 2006 a 2014 trabajó en la Congregación para los Obispos, en la Santa Sede. En 2008 se doctoró en Teología Espiritual en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, de Roma, con una tesis sobre “Santa Maravillas de Jesús, naturalidad en lo sobrenatural". En 2009 obtuvo o un Master en Bioetica, en el mismo Ateneo. En 2011 Benedicto XVI le nombró Capellán de Su Santidad. De 2015 a 2021 ha sido Delegado Episcopal para la Vida consagrada en Córdoba, con facultad de Vicario para las claustrales. Ha dirigido numerosos Ejercicios Espirituales y dictado conferencias y cursillos en España e Hispanoamerica. Es autor de artículos y libros de espiritualidad y liturgia, y hagiografías sobre Santa Teresa de Jesús, Rafael Merry del Val, San José Maria Rubio, el Beato Marcelo Spínola, Santa Maravillas de Jesús, Santa Maria Micaela del Santísimo Sacramento, Santa Génova Torres, San Juan Pablo II, el Beato Tiburcio Arnaiz… Una de sus últimas obras es la biografía del más reciente Doctor de la Iglesia y Patrono del clero secular español, San Juan de Ávila. Ahora está trabajando en una extensa biografía de uno de los hombres de la Iglesia de España más importantes del siglo XX, el Cardenal Primado, Marcelo González Martín, que le ordenó sacerdote.

¿Qué ha supuesto para usted poder peregrinar a Covadonga con Nuestra Señora de la Cristiandad?

Como otros momentos especiales de mi vida sacerdotal, ha sido un Pentecostés, una efusión del Espíritu Santo con sus diversos carismas y dones, como diversas eran las procedencias y características de los 1000 peregrinos. Se palpaba la alegría, la naturalidad, el espíritu de sacrificio, la servicialidad abnegada y pronta, el cor unum et anima una de los primeros cristianos, en tantos hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes. Para mí, ello ha supuesto un ejemplo muy edificante y un estímulo para dar gracias al Buen Dios, que con su gracia actúa y mueve los corazones. Ha sido una hermosa experiencia de Iglesia Católica, de universalidad, de unidad en la pluriforme manifestación de la riqueza de España en la diversidad de sus regiones y de otros pueblos hermanos de Hispanoamérica, amén de la presencia, siempre tan grata y aleccionadora, de nuestros queridos portugueses.

Incluso ha podido predicar un día y otro día presidir la última Misa en la Basílica.

A través del capellán general de la peregrinación, D. Ínigo Serrano, a quien agradezco mucho su discreta y eficaz labor, los organizadores tuvieron a bien invitarme a predicar en la Misa del segundo día, domingo séptimo después de Pentecostés, y a celebrar la Santa Misa del último día en la Basílica de Covadonga. Para mí, el último sacerdote de la cuarentena que había en la peregrinación, fue un honor y una responsabilidad, y como una caricia de la amorosa Providencia. En el caso de la prédica, fue una ocasión muy idónea de evangelizar al grupo íntegro de los peregrinos, que, sentados en el santo suelo de la verde explanada de El Remedio, ante la carpa donde se celebró la Misa de campaña, bajo los primeros rayos del sol escucharon  sin moverse, ni aun pestañear, una homilía ¡que duró media hora! En ocasiones así pienso que, según los maestros espirituales, el gusto por la predicación sagrada y la receptividad ante ella, es un signo de predestinación.

La celebración de la Santa Misa solemnísima en la Basílica de Covadonga hizo que me sintiese abrumado ante la belleza, la sacralidad, el recogimiento, el espíritu de oración y la emoción evidente de los 1000 peregrinos que acababan de llegar minutos antes, cantando y enarbolando sus estandartes y banderas, tras haber superado las últimas cimas de aquellos montes astures para encontrarse con la Santina. Atravesar procesionalmente, con todos los demás clérigos, la nave central de la Basílica, como abriéndonos paso entre un mar humano que cantaba enfervorecido tras caminar sonriendo 100 km en tres días, era una experiencia sobrecogedora, de impresionante nobleza humana y rotunda elegancia espiritual.

¿Cómo le estimula en su vida sacerdotal ver a una feligresía tan devota y que vive la fe con valentía?

No sólo me estimula: me compromete y me exige. Me hace plantearme que si no veo con más frecuencia grupos de fieles así, que purifican sus almas en el sacramento de la penitencia, como hicieron casi todos los peregrinos, y comulgan de rodillas y en la boca, expresando una veneración visible y humilde a Jesús Sacramentado, es porque ni rezo bastante, ni hago suficiente penitencia, ni poseo el celo de almas y la creatividad apostólica que Dios tiene  tanto derecho a esperar de mí. En una palabra: que no hay más seglares santos porque yo, sacerdote, no soy santo.

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27.07.22

Algunos de los sacerdotes presentes en Covadonga reflexionan sobre la inolvidable experiencia vivida

Tras disfrutar de una nueva peregrinación, llena de bendiciones celestes y haber podido acabar nuevamente (esta vez sin penurias) todas las etapas, me dispongo a recopilar los primeros testimonios para que salgan a la luz cuanto antes. El año pasado fueron, creo recordar, unas 27 entrevistas (que aunque para algunos pudieron ser excesivas) en general ayudaron mucho a la gente, según me han ido contando. Este año probablemente sean algunas menos, por lo que voy a dejar que salgan las que Dios quiera.

Por eso este año animo a los peregrinos que tengan algo impactante o edificante que contar o necesidad de dar testimonio que me contacten a través de whatspp o tfno 629021465 y (en caso de que tenga sustancia, que de entrada no lo dudo), ya vemos en que formato dar el testimonio según deseen (bien en forma de texto, bien en forma de entrevista o bien en formato valoración resumida, formato vídeo etc)….

Quería agradecer a la organización de Nuestra Señora de la Cristiandad España que me ha parecido modélica una vez más y a los voluntarios que han hecho posible que España tenga su Chartres particular, con el espíritu aguerrido de D. Pelayo.

También especialmente hay que destacar la labor de aquellos que desde el coro han hecho posible que la liturgia brillase en todo su esplendor. La Misa final en la Basílica fue algo sublime, que emocionó hasta las lágrimas a muchos de los presentes.

Al año que viene, Dios mediante, seremos más. También agradezco a los miembros de mi Capítulo Nuestra Señora de Montserrat por soportarme y a todos los peregrinos a los que he tenido la oportunidad de saludar.

Para abrir boca les dejo con los breves testimonios de algunos sacerdotes.

P. José Manuel González Alfaya

La peregrinación ha sido nuevamente algo impresionante, no te deja indiferente: 1000 jóvenes unidos por el amor al Papa, a la iglesia, a España, a la misa tradicional ofreciendo con gozo trabajo, dolor, esfuerzo… Ser testigo de esta peregrinación es ser testigo de un verdadero espectáculo de fe y de esperanza. Una peregrinación penitencial que deja una alegría inmensa en medio del cansancio y el sacrificio. Ver esa columna de peregrinos con sus cruces, estandartes y banderas más variadas es un aire fresco de renovación y entusiasmo, de reconquista y evangelización, en este -nuestro tiempo- que nos exige audacia, ilusión, creatividad, celo, fortaleza… En una palabra, que nos exige santidad.

Las palabras del arzobispo d. Jesús Sanz me han reafirmado en que celebrar y asistir a la liturgia tradicional no es ponerse fuera de la Iglesia. La unidad de la iglesia no está en una falsa uniformidad impuesta, si no en el espíritu. Nosotros somos y queremos estar en la Iglesia “cum Petro et sub Petro” . Nos ha acogido como padre y pastor, a nosotros, jóvenes, que hemos descubierto esta forma litúrgica, nos sentimos atraídos por ella y encontramos en la misma una forma, particularmente adecuada de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía.

A dos días de terminar la peregrinación, sigo dando gracias a Dios nuestro Señor por su providencia amorosa y por habernos dado una Madre tan excelsa que brilla en la altura más bella que el sol. Gracias a la organización de NS de la Cristiandad y a todos los voluntarios que han hecho posible esta maravilla. Gracias a los sacerdotes diocesanos y sacerdotes miembros de los institutos tradicionales, así como a los religiosos y seminaristas por su entrega y testimonio. Gracias a la diócesis de Oviedo por su acogida y las personas que han colaborado con sus terrenos. Gracias a los mil peregrinos por vuestro comportamiento ejemplar.

Nos encontraremos el año que viene, Dios mediante, para la III Peregrinación. Si cada uno conseguimos traer a otro, seremos el doble.

P. Javier Olivera Ravasi

La España profunda, la de la piel de toro, se hizo presente con más de 1000 peregrinos (duplicando, en estos tiempos recios, lo que algunos creían imposible) con un promedio de 25 años que, durante tres días, caminaron cara al sol, hasta el santuario de Nuestra Señora de Covadonga, inicio de la reconquista, teniendo como centro la misa tradicional (que muchos ni siquiera conocían, por cierto, lo que demuestra que la estrategia de limitarla o abolirla, sólo engendra más curiosidad…). Esta España, vive, goza y grita por volver a sus orígenes.

Tuvimos el honor de poder caminarla entera y hasta de poder dar la homilía de cierre allí, ante nuestros hermanos y padres en la Fe, cuyos ancestros nos la llevaron y plantaron en nuestras queridas tierras hispanoamericanas, el mismo día de Santiago Apóstol, su principal patrono. Hoy, que algunos piden perdón por los supuestos errores del pasado, nosotros damos las gracias, a manos llenas, por la gran hazaña española.

P. Juan Pablo Donoso IBP

La segunda versión de la peregrinación Nuestra Señora de Cristiandad en España ha sido una manifestación de que queremos vivir nuestra fe católica como hijos de la Iglesia en la Tradición de nuestros mayores.

Y ello ha sido patente a nuestros ojos y oídos al ver y escuchar a mil personas rezando y cantando nuestra Fe, heredada de nuestros antepasados, con alegría y entusiasmo, encabezados por la Cruz y la imagen de Nuestra Señora de Covadonga.

Todo pese a la dificultad de la marcha, símbolo de las dificultades de la vida y de nuestra actual sociedad que pretende olvidarse De Dios. Ha sido un grito de ¡Viva Cristo Rey! en medio del mundo secularizado que no quiere someterse al suave yugo de Cristo y que cree que obtendrá la verdadera felicidad sin Él. Sólo en Cristo y con su santa ley seremos verdaderamente libres y felices.

P. Raúl Olazábal ICRSS

La peregrinación ha sido muy importante como siempre porque nos ha ayudado a fortalecernos en la fe y a ofrecer un sacrificio a Dios en espíritu de penitencia y reparación, a centrarnos en Dios y a darle el primer lugar en nuestras vidas y a hacer un gran esfuerzo físico. El plan de los tres días era únicamente conocer amar y servir a Dios, es el fin que tenemos como hombres y el plan perfecto porque es el plan de nuestra propia creación. Hemos sido creados para conocer, alabar, amar y servir a Dios nuestro Señor.

A muchos peregrinos esta peregrinación ha ayudado a un crecimiento en la fe y en la devoción. Necesitamos en España mucha oración y creo que la peregrinación nos debe empujar en el camino de la oración. También ha sido una oportunidad de poder recibir el sacramento de la confesión sin prisas, tranquilamente, hacer largas y buenas confesiones y poder mostrar los pliegues del alma para que la gracia del sacramento, a través de su ministro, nos cure.

P. José Calvín FSSP

La peregrinación de este año ha confirmado y ha superado la experiencia del año pasado y el número de participantes se ha duplicado. Una vez más ha sido reconfortante ver tantos jóvenes y familias compartiendo estos tres días de marcha por las rutas de la reconquista, convocados por la fe, guiados por María y unidos por el apego a la liturgia tradicional. Ha sido reconfortante ver que otra juventud es posible. Se han creado lazos de amistad y unión entre jóvenes católicos de toda España.

Hay que resaltar la actitud del arzobispo de Oviedo, su paternal acogida y su presencia física en la catedral y sus palabras de bendición. Hay que agradecer que este año se haya podido celebrar la Misa del 25 de julio, día de Santiago, en la colegiata, lo cual ha sido un colofón magnífico, un broche de oro, un momento de una intensidad espiritual inolvidable para los que lo hemos vivido.

Lo vivido manifiesta que nuestro amor por la liturgia tradicional es amor de la Iglesia. Precisamente porque amamos la Iglesia amamos su gran Tradición. Felicito a la organización y a los numerosos voluntarios en todos los campos, que han hecho posible que todo se haya desarrollado de manera tan perfecta. Demos gracias a Dios y esperemos que el año que viene con gozo.

Por Javier Navascués

26.07.22

La peregrinación a Covadonga duplica participantes con el colofón de la Misa solemne en la Basílica

Por segundo año consecutivo el tapiz de los montes asturianos y el cielo turquesa de España, encapotado de bellas tonalidades grisáceas, se han convertido en el caleidoscopio de la Tradición patria, una alfombra incensada de sinceras plegarias. La campiña asturiana se reviste primorosa y se engalana para acoger a los entusiastas peregrinos de España y el mundo entero, tejiendo un perfecto maridaje entre la sublime grandeza del Creador y las maravillas de la creación, armónicamente esmaltadas.

Unos 30000 metros diarios que se tornan en una serpiente multicolor de esperanza, un reguero ardiente de fe y devoción, aroma de virginal deleite y buen olor de Cristo. Este año ha quemado el sol, como los corazones de los peregrinos, henchidos de espíritu de amor y penitencia. También ha habido momentos de frescor salvaje, un soplo de aire fresco rebelde en la torridez estival.

Las gentes asturianas salieron a sus balcones a contemplar este pequeño vestigio de cristiandad que sobrevive en el mar tempestuoso de la modernidad.

La segunda edición de la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad ha contado este año con un millar de peregrinos, más del doble que el año pasado, por lo que se afianza como una de las grandes peregrinaciones en suelo patrio, con una organización modélica y un creciente entusiasmo, especialmente entre los jóvenes y las familias. También ha destacado el ambiente de sana amistad y cristiana alegría, remanso de paz y rara avis en nuestros días.

Durante estos tres días de marcha se ha celebrado la Santa Misa solemne de campaña y, además, se ha podido clausurar la peregrinación por todo lo alto, en el día de Santiago apóstol, con la celebración de la Santa Misa en la Basílica de Covadonga, con júbilo impreso en las almas de los peregrinos. Presidió la Misa, con gran piedad y gravedad, Mons. González Chaves y predicó el P. Javier Olivera Ravasi, con un mensaje directo y contundente en favor de la hispanidad y la cristiandad y un llamamiento a las familias cristianas a tener hijos para que no prevalezcan otras religiones en nuestra patria.

Desde la organización de Nuestra Señora de la Cristiandad quieren agradecer a todos los peregrinos, voluntarios, sacerdotes, ángeles de la guarda, colaboradores, propietarios de los terrenos, etc., que hacen posible la peregrinación. También desean mostrar su gratitud al Sr. Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, por su acogida en la diócesis, y en particular en la catedral, así como al Sr. Abad de Covadonga y a los párrocos del Remediu y Sevares.

NSC-E agradece la gran generosidad de los propietarios de los terrenos cedidos desinteresadamente para la pernocta de los peregrinos: nuestros queridos Pepa y José de El Remediu y los propietarios del fabuloso espacio natural de Veredales Resort en el entorno del Palacio de Sorribas, en Sevares.

Esperamos que esta peregrinación haya servido y sirva para derramar abundantes gracias espirituales en todos los participantes, y que, mediante la intercesión de nuestra querida Santina, aproveche para el bien de la Iglesia, de España y para la reinstauración del reinado social de Nuestro Señor y el espíritu de la Cristiandad. Desde ya la organización empieza a trabajar en la próxima edición de la peregrinación, a la que esperamos que puedan acudir aún más peregrinos, para gloria de Dios.

En resumen un vergel de tradición en un mundo decadente y la sensación de que la peregrinación no solo ha crecido en número sino en espíritu.

Por Javier Navascués