Por qué es errado minimizar la importancia de los pecados sexuales

Es muy frecuente escuchar estos días aquello de que los pecados relacionados con el sexto mandamiento no son tan importantes, que no hay que prestarles tanta atención porque, al fin y al cabo, hay pecados mucho más graves. A continuación se suele añadir, como ejemplos de pecado mayores, la injusticia social, la desigualdad o la discriminación de los inmigrantes.

Los ejemplos, aunque se pueden matizar, suelen ser malos. La injusticia social es, en muchos casos, un término etéreo que camufla el resentimiento y la envidia de quienes la denuncian, acabar con la desigualdad significaría convertirnos a todos en esclavos uniformes y discriminar, esto es, tratar de modo diferente a quien está en situación diferente, es un acto de justicia. Por eso me gusta más lo que tradicionalmente ha enseñado la Iglesia sobre los pecados más graves.

Por ejemplo, sobre los pecados que claman al cielo (de los que uno, por cierto, es contra el sexto mandamiento): «la sangre de Abel; el pecado de los sodomitas; el clamor del pueblo oprimido en Egipto; el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano; la injusticia para con el asalariado», tal y como son recogidos en el punto 1867 del Catecismo de la Iglesia Católica.

También tenemos los pecados contra el Espíritu Santo, de gravedad extrema: desesperación de la salvación; presunción de salvarse sin merecimientos; negar la verdad conocida como tal; tener envidia o pesar de la gracia ajena; obstinación en el pecado; impenitencia final.

Pero volviendo a los pecados de la carne, es obvio que hay pecados más graves: viene enseguida a la mente el pecado de soberbia, raíz de todos los vicios. Los pecados capitales son el origen de muchos otros pecados… y aquí también tenemos uno relacionado con el sexto mandamiento: la lujuria.

Dejando pues claro que por supuesto que existen pecados más graves que los que se cometen contra el sexto mandamiento, me parece que quienes insisten en rebajar la gravedad de los pecados sexuales (algo que, por cierto, agrada mucho al mundo) caen en una visión antropológicamente simplista y superficial que les impide entender la importancia del asunto (que quienes se oponen a las enseñanzas de la Iglesia Católica sí comprenden y lo demuestran con sus prioridades).

Leyendo el último libro de Gianfranco Cesana encontraba estos días una escueta reflexión al respecto que creo que arroja luz sobre el asunto. Escribe Cesana sobre la sexualidad:

«La cuestión es seria, porque, al ser la sexualidad constitutiva de la atención a la relación entre personas -en sus aspectos no solo instintivos, sino también afectivos y cognitivos - la sexualidad incide en toda la personalidad. Ésta no existe aislada, sino que está hecha de relación con el otro. Equivocar el contenido y el modo de la relaciones es un error que puede arruinar la vida de los individuos y de la sociedad.

El sexo, precisamente, en cuanto posibilidad de satisfacción, felicidad y generación, si se vive de manera superficial y transgresiva puede dar lugar a experiencias traumáticas de frustración y violencia

Es esto. No tanto el pecado en sí, que en ocasiones podríamos considerar un desliz de unos minutos, como sus efectos en toda nuestra personalidad y en algo tan nuclear como la relación con el otro, que queda dañada y distorsionada cuando la sexualidad se vive «de manera superficial y transgresiva». Por eso los pecados contra el sexto mandamiento no son un detalle menor, por eso tienen consecuencias mucho más devastadoras que, por ejemplo, «la desigualdad» (sea eso lo que sea).

 

18 comentarios

  
Jaime
La desigualdad no me parece que sea un pecado, un pecado es siempre la acción de una persona o de un grupo. De hecho, no está entre los tres mandamientos, pecado es la avaricia y el robo, sea directo o de manera sibilina. La desigualdad solo sería pecado, en mi opinión, si proviene de un acto injusto propio y si la desigualdad es injusta (pues la desigualdad, puede ser justa si es equitativa, por ejemplo, la desigualdad puede consistir en que ciertas personas tengan propiedad sobre los medios productivos porque son los más capaces de tomar las mejores decisiones para con esos medios productivos conseguir reducir o eliminar la pobreza). Por eso Cristo no condena a Zaqueo, sino que le pide que devuelva el cuadruple de lo robado y reparta una parte de sus bienes (en concreto la mitad, algo que hoy reparte la clase media a través de todo tipo de impuestos). ESo sí, Cristo exige de sus apostoles que renuncien a toda riqueza, Pero tampoco la Iglesia renuncia a todas sus riquezas, sino que las administra en bien de los pobres y, en bien de la evangelización (así una catedrál como San Pedro y unos mueseos de tanto valor si se subastasen sus obras como los muesos vaticanos son un modo de ofertar belleza y cultura a todos y un argumento para fomentar el respeto y admiración por la Iglesia).
03/08/26 7:34 PM
  
Marcelo Fernando Gerstner.
Son importantes sin duda. Hay otros más importantes que son de índole predominantemente ESPIRITUAL. Tal es el caso de LA PERTINACIA, LA SOBERBIA, la MALEDICENCIA, la CONFABULACIÓN y un largúisimo etcétera.
03/08/26 11:14 PM
  
Sancho
Lo que agrava sobremanera los pecados sexuales es que destruyen el templo del Espíritu Santo, que es el cuerpo:

"Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?" (1 Cor. 6, 18-19).

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo (1 Cor. 3, 16-17).
03/08/26 11:49 PM
  
Chico
La sexualidad no forma parte de la esencia de la persona humana pero la toca muy íntimamente y repercute en ella profundamente en la vida terrenal. Leamos el Documento Persona Humana. Ahí está claro el tema.
04/08/26 12:53 AM
  
Daniel Argentina
Creo que algunos papas, obispos, sacerdotes y pensadores mas bien hacen referencia a no considerar solo los pecados sexuales, sino la realidad integral.
No hay un pecado mortal mas grave que otro, todos llevan al mismo lugar.
04/08/26 1:08 AM
  
pipo
este artículo contradice "el Magisterio vivo de la Iglesia" plasmado en lo que un pontifice le dijo en un libro-entrevista a un psiquiatra ateo, de que no hay que reducir la predicación a la moral "de la cintura para abajo".

En otra ocasión. ese mismo Papa, dijo: “uno se concentra en el sexo y, después, no se le da peso a la injusticia social, a la calumnia, a los chismes, a las mentiras”.

Obviamente yo estoy de acuerdo con el artículo, solamente señalo que las incoherencias e incongruencias vienen desde el vértice de la Iglesia hacia abajo.
04/08/26 2:06 AM
  
Francisco Javier
En plena época de escándalos de abusos y tibieza con los perpetradores los modernistas salen con que los pecados de la cintura para abajo no tienen tanta importancia...raro no?
04/08/26 2:23 AM
  
J. Antonio Murcia
Si se quiere defender la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre la gravedad de los pecados contra la castidad, conviene hacerlo con argumentos que brotan de la Escritura, la Tradición, el Magisterio y una sólida antropología cristiana, evitando exageraciones o afirmaciones que la Iglesia no ha definido. Algunos argumentos que pueden enriquecer la postura del autor son:

1. El cuerpo tiene una dignidad sacramental. San Pablo afirma que el cuerpo del cristiano es "templo del Espíritu Santo" (1 Co 6,19-20). Por ello, los pecados sexuales no afectan solo a la voluntad, sino también al significado mismo del cuerpo como lenguaje del amor y de la entrega.

2. Es el único pecado que San Pablo describe como dirigido "contra el propio cuerpo". En 1 Co 6,18 dice: "El que fornica peca contra su propio cuerpo". Los Padres de la Iglesia vieron en esta expresión una gravedad peculiar, aunque no exclusiva, de los pecados de impureza.

3. Oscurecen la inteligencia y debilitan la voluntad. Desde Santo Tomás de Aquino hasta numerosos maestros espirituales se ha señalado que la lujuria dificulta especialmente la contemplación de las realidades divinas, porque intensifica el dominio de las pasiones sensibles sobre la razón.

4. Atentan contra la imagen de Dios en la sexualidad. La diferencia sexual y la unión del hombre y la mujer remiten al misterio de Cristo y la Iglesia (Ef 5,32). La impureza desfigura ese signo sacramental inscrito en la creación.

5. Crean esclavitud espiritual. La experiencia pastoral muestra que estos pecados generan hábitos particularmente fuertes. La repetición favorece la dependencia y dificulta el ejercicio de la libertad, algo que también confirma la psicología contemporánea respecto a determinadas conductas sexuales compulsivas.

6. Abren la puerta a otras caídas morales. Los maestros espirituales han observado que la impureza suele ir acompañada de mentira, ocultación, orgullo, pérdida de la vida de oración y tibieza espiritual.

7. Dimensión demoníaca: prudencia y equilibrio. Muchos exorcistas relatan que la actividad sexual gravemente desordenada puede facilitar una mayor vulnerabilidad espiritual, especialmente cuando se une a prácticas ocultistas, promiscuidad o situaciones de pecado grave mantenidas. Sin embargo, es importante distinguir entre una observación pastoral y una doctrina definida de la Iglesia. La Iglesia no enseña que toda relación sexual fuera del matrimonio implique automáticamente una influencia extraordinaria del demonio, pero sí que el pecado grave priva de la gracia santificante mientras no haya arrepentimiento y confesión.

8. La protección sacramental del matrimonio. El matrimonio no solo legitima moralmente el acto conyugal; concede una gracia propia para santificar el amor de los esposos y fortalecerlos frente al pecado. Desde esta perspectiva, la intimidad matrimonial participa de una protección y una ayuda sobrenaturales de las que carecen las relaciones extramatrimoniales.

9. El testimonio de los santos. Santos como San Alfonso María de Ligorio, San Juan María Vianney y San Juan Bosco insistieron repetidamente en que los pecados contra la pureza son una de las principales causas de pérdida de vocaciones, abandono de la vida espiritual y condenación, precisamente por la fuerza con que esclavizan el corazón cuando no se combaten.

10. La historia de la salvación. Diversos episodios bíblicos muestran que la corrupción sexual suele preceder a grandes juicios divinos: el diluvio (Gn 6), Sodoma (Gn 19), Baal Peor (Nm 25) o las advertencias del Apocalipsis contra la "fornicación" entendida tanto literal como simbólicamente.

11. La experiencia de la Iglesia. Las épocas de decadencia moral han ido frecuentemente acompañadas de una banalización de la sexualidad. No prueba una relación causal única, pero muestra que la castidad tiene un papel estructural en la salud espiritual de las personas, las familias y las sociedades.

12. Razón antropológica. La sexualidad toca el núcleo de la identidad, la capacidad de amar, de generar vida y de establecer vínculos permanentes. Por eso, su desorden suele tener consecuencias más profundas que otros pecados relacionados con bienes más externos.

Una precisión importante es que la tradición católica nunca ha enseñado que todos los pecados de impureza sean los más graves en términos absolutos. Santo Tomás de Aquino explica que pecados como el odio a Dios, la desesperación o la blasfemia son, por su objeto, más graves. Sin embargo, también señala que los pecados de lujuria son especialmente peligrosos por su frecuencia, por la fuerza de la pasión que implican, por la facilidad con que esclavizan y por el gran número de almas que arrastran. Esa distinción permite defender con rigor la enseñanza tradicional sin caer en simplificaciones.
04/08/26 6:16 AM
  
Mariano
Gracias, Jorge.
Creo que el pecado más grave con diferencia abrumadora es no dar el culto debido a Dios. Por ejemplo, no oír misa los domingos y fiestas de guardar es muchísimo más grave que cualquier pecado contra el sexto mandamiento. Por esto es más frecuente que el que peca contra Dios pueda pecar contra el sexto mandamiento, mientras que los que no pecan contra Dios son más bien las víctimas de abusos contra el sexto mandamiento o víctimas de un conocimiento imperfecto.
En pecar contra Dios interviene casi en exclusiva la voluntad personal. En pecar contra el sexto mandamiento pueden intervenir mucho las intenciones malas de otras personas.
04/08/26 12:39 PM
  
Anonymous
No sé de psicología, pero tengo experiencia en esto del pecado: por ejemplo, de todos los pecados que se mencionan en este post, solamente he cometido el de lujuria. Y soberbia, pero ésta nunca ha llegado en mí a ser pecado mortal.
Y no confieso más pecados aquí, porque no corresponde; pero no sería absurdo suponer que la gran mayoría de los cristianos están en la misma situación que yo.
Entonces, "la lujuria es el pecado que más almas arrastra al infierno", como dijo san Alfonso.
¿Por qué? No lo sé, supongo que porque no es tan fácil caer en los otros pecados, ni tan placentero; y que la tentación no es tan fuerte...
Lo que sí sé es que todos debemos convertirnos, y podemos hacerlo, con la Gracia de Dios.
04/08/26 1:03 PM
  
Noemí
Basta con ver nuestra sociedad, los barcos a la deriva que son nuestros jóvenes, para darse cuenta lo destructivo que es pecar contra el 6° mandamiento.
04/08/26 6:46 PM
  
M Codax
Me ha encantado este artículo. Está muy bien explicado. Es cierto que hay pecados más graves que aquellos que se cometen contra el 6º mandamiento. Pero al decir esa perogrullada muchos pretenden restarles gravedad.

Tristemente los pescados contra la castidad son el gran cáncer del alma e nuestro siglo. Generan heridas de larga y difícil curación que requieren de un fuerte acompañamiento espiritual.

Por otra parte, son pecados vergonzosos, en el sentido más primario de la palabra, lo que lleva a muchas personas a ocultarlos incluso en la confesión, lo que deriva en perjuicio propio.

En el estado actual de las sociedades occidentales deben considerarse, no solo pegados graves, sino auténticas enfermedades que consumen las fuerzas espirituales y que llevan a muchos a abandonar la práctica de los sacramentos.
04/08/26 10:59 PM
  
Juan Cruz, diácono.
Jesús no minimiza sino AGRAVA la lujuria contenida en una simple mirada, convirtiéndola en verdadero adulterio.
Con esto es suficiente para adquirir un buen criterio moral en este orden de cosas.
¿No les parece?
05/08/26 12:32 AM
  
Ale Mendez
Creo que el catecismo de san J.Pablo II es muy claro en qué son y la gravedad de los pecados.
05/08/26 1:26 AM
  
Pia
En cuanto a la parte cognitiva, produce ceguera espiritual, rechazo s las obras de la luz y odio a quienes las ejercitan.
No es un pecado que queda en el terreno de lo privado. Siempre tiene una consecuencia social: deteriora la caridad fraterna.
Quienes lo minimizan, tal vez es porque ellos mismos no lo luchan y no sienten el gozo del autodominio.
05/08/26 1:47 PM
  
F.i.b.o.n.a.c.i
de acuerdo
06/08/26 12:43 PM
  
Rafaelus
En los diez mandamientos, el Pentateuco pena con muerte las transgresiones de los seis primeros, razón por la que supongo que la fornicación (contra el sexto) es pecado mortal en la doctrina católica.

El noveno mandamiento condena los pensamientos y deseos impuros, que se acostumbra relacionarlos sólo con el sexto mandamiento, pero también incluye los pensamientos blasfemos y los deseos malévolos contra el prójimo
En los siete pecados capitales está la lujuria.
Los cuatro pecados que claman al cielo incluyen uno contra el sexto mandamiento, pero son cuatro y no deberíamos relativizar alguno.

Nos olvidamos de los pecados que Dios odia, según el libro de los Proverbios en capítulo 6, versículos 16 a 19.

16 Hay seis cosas que detesta el Señor, y siete que son para él una abominación:
17 los ojos altaneros, la lengua mentirosa y las manos que derraman sangre inocente;
18 el corazón que trama proyectos malignos, los pies rápidos para correr hacia el mal,
19 el falso testigo que profiere mentiras, y el que siembra discordias entre hermanos.

En estos podríamos interpretar el versículo 18 para incluir lujuria y fornicación.

Entonces los pecados contra el sexto mandamiento sí que son muy graves y no veniales, pero no creamos que son los únicos que nos deben preocupar. Cuando Nuestro Señor JesuCristo advirtió que basta mirada y fantaseo para consumar fornicación en la mente, nos interpela a todos, sobre todo entre pubertad y senectud, etapa en que, unos más que otros, todos somos más vulnerables para lujuria, pero también para soberbia, ira, envidia y violencia.
07/08/26 9:29 AM
  
Mariano
Todo pecado tiene su importancia por ser una ofensa a Dios, los pecados sexuales también la tienen, y también tienen importancia por las consecuencias que se derivan.
08/08/26 11:34 AM

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