¿Cuál es el problema con la llamada a la paz de la Pontificia Academia por la Vida?

La Pontificia Academia por la Vida ha promovido una «llamada a la acción» en favor de la paz bajo el título «Científicos por la paz», que han firmado 80 científicos. La iniciativa ha sido respaldada también como el Dicasterio vaticano para el desarrollo humano integral. Y no, el problema no es que 80 personas pidan la paz en el mundo. El problema es que la petición se queda corta, muy corta, revolotea por la superficie políticamente correcta y guarda silencio sobre las causas profundas por las que la paz se aleja de nuestro mundo de manera irremisible.

En definitiva, el problema con la llamada a la paz de la Pontificia Academia por la Vida es que no es cristiana.

Voy a intentar explicar por qué no lo es, por qué es más bien expresión de una cosmovisión secular más propia de un organismo internacional contemporáneo o de una oenegé (porque, a pesar de que se insiste a menudo en que la Iglesia no es una oenegé, la realidad es que en demasiadas ocasiones suena y funciona como una oenegé).

El manifiesto repite fórmulas que combinan una mirada naif, una confianza en la capacidad de la humanidad para resolver los problemas que nos aquejan por sus propias fuerzas y unas afirmaciones como mínimo poco verificables, cuando no evidentemente falsas.

Por ejemplo, cuando afirma que «La investigación científica, por sus métodos y objetos de estudio, puede ser una práctica decisiva para la paz». ¿Les suena el proyecto Manhattan, aquel programa de investigación científica que desarrolló las primeras armas nucleares? La verdad es que la investigación científica puede ser una práctica decisiva para aumentar la capacidad de destrucción en manos de los hombres, así lo ha sido y sigue siéndolo.

La suposición de que el conocimiento científico «crece gracias al intercambio de conocimientos» y de que «en la comunidad científica actual no faltan la competencia y el debate, pero la forma de abordarlos se basa en una comunicación transparente de la información y en la superación de los intereses personales, con el fin de contribuir al patrimonio común del conocimiento, incluso más allá de las fronteras nacionales» no es más que un ingenuo cuento de hadas que tiene poco de riguroso y científico y mucho de ensoñación cientifista. Si antes hablábamos del proyecto Manhattan, ahora podríamos traer como contraejemplo la transparencia y el compartir conocimientos que se vieron por parte de los científicos chinos durante la pandemia del Covid-19.

Sigue el manifiesto instando a los científicos a «buscar formas de reconciliar y resolver los conflictos, partiendo de la práctica cotidiana de su investigación», algo que tendrá un efecto fulminante para que cesen los conflictos, deben de pensar los impulsores del escrito desde su torre de cristal.

Luego esa llamada a la acción dirigida a «científicos, investigadores y académicos» se concreta en una lista de compromisos, a cuál más etéreo y, lo confesamos con pena, inútil. Son estos:

  1. reconocer la investigación científica en sí misma como una práctica significativa de paz;
  2. evaluar el impacto de la investigación en la construcción de una cultura de paz;
  3. cultivar el espíritu de fraternidad universal que caracteriza a la investigación científica;
  4. valorar las comunidades y sociedades científicas internacionales como espacios de diplomacia científica, basados en grandes proyectos internacionales y colaborativos;
  5. promover proyectos de investigación en los que participen científicos e instituciones de diversos pueblos y culturas;
  6. contribuir a la reflexión crítica sobre los sistemas monopolísticos y la desalineación del sistema de propiedad intelectual que pueden generar injusticia y conflicto;
  7. vigilar el riesgo de doble uso de los resultados de la investigación, desarrollados con fines civiles pacíficos pero utilizables para fines indebidos, incluso en el sector militar;
  8. poner los descubrimientos y las invenciones al servicio de la paz, contribuyendo al debate sobre el diseño y el uso de armas para la defensa legítima;
  9. desarrollar investigaciones encaminadas a la resolución no violenta de los conflictos y a la erradicación de sus causas.

Palabras huecas en su mayoría, algún disparate (¿Fraternidad universal en el mundo hipercompetitivo de la alta investigación científica? ¿En qué mundo viven? ¿De veras creen que una de las claves es que en los proyectos de investigación haya diversidad étnica, como si fueran películas de Hollywood?), una ingenuidad que asusta (¡pero si lo del doble uso militar/civil siempre ha sido así!… es más, lo habitual es que el primer uso sea el militar) y el típico ingrediente progre para demostrar que nosotros también podemos ser muy de izquierdas e incluso usar ese sonrojante lenguaje woke que nadie entiende pero que se supone que da prestigio (como cuando se refieren a la «desalineación del sistema de propiedad intelectual»).

Y ya está. Punto final.

Porque lo más grave no es lo que dice el manifiesto, que no pasa de lugares comunes y ese tono a burócrata irrelevante de las Naciones Unidas, sino lo que no dice.

Porque, como decíamos antes, lo malo de la llamada a la paz de la Pontificia Academia por la Vida es que no es cristiana.

La podría haber propuesto cualquier organismo global, pero sinceramente, de un organismo vaticano esperábamos algo más. Por ejemplo, alguna referencia a Jesucristo, o si le consideran demasiado «divisivo», al menos una referencia genérica a Dios. O por ejemplo, podrían haber citado la Pacem in terris de Juan XXIII, cuando afirma que «La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios».

O también, por seguir con el mismo documento, cuando afirma que «La convivencia tiene que fundarse en el orden moral establecido por Dios» y que las relaciones internacionales «deben regirse por el principio del reconocimiento del orden moral y de la inviolabilidad de sus preceptos». Y finalmente, podrían haber concluido con la advertencia de Juan XXIII: «la paz será palabra vacía mientras no se funde sobre el orden cuyas líneas fundamentales, movidos por una gran esperanza, hemos como esbozado en esta nuestra encíclica».

Y ya puestos, con la carrerilla, podrían haber añadido una referencia al lema de Pío XI, «La paz de Cristo en el reino de Cristo» (Pax Christi in regno Christi), que exponía que la verdadera paz, también internacional, sólo es posible si se reconoce y acata la soberanía social de Jesucristo.

Todo lo demás, me temo, son esas palabras vacías contra las que alertaba Juan XXIII. Una lástima que en el Vaticano se limiten a repetir consignas triviales y callen sobre el único camino real para alcanzar la paz.

 

9 comentarios

  
AlCe
Si desde la Iglesia se repiten consignas triviales, podemos echarnos a temblar. Las palabras huecas y vacías, buscando agradar a todos, sin ningún auténtico compromiso moral cristiano, demuestran, una vez más, que el problema hoy no es la intolerancia, sino la tolerancia a todo, también al error y al mal.
23/03/26 2:29 PM
  
José Herrera
Creo que el documento contiene una visión idealizada de la ciencia. El objetivo de la ciencia es explicar, controlar y predecir la realidad natural a través del método científico, que no es poco. Los avances científicos han sido muy beneficiosos para el bien de la humanidad, aunque también han tenido repercusiones bélicas negativas que han causado muerte y destrucción.

La ciencia como actividad social está regulada por determinadas normas, pero ni es una práctica significativa de paz ni tiene como característica un espíritu de fraternidad universal, ni puede resolver conflictos políticos, si bien a título personal los científicos pueden comprometerse con valores como la paz y la fraternidad. Como actividad social, efectivamente la ciencia es competitiva y tiene razones e intereses. Es verdad que el gasto público en investigación militar es superior al de otras áreas científicas, incluida la sanitaria.
23/03/26 3:13 PM
  
Juan Mariner
¡Paz en los vientres maternos!
23/03/26 6:37 PM
  
Vladimir
Una gran cantidad de hombres de Iglesia, hace tiempo descartaron a Cristo, como la UNICA solución para transformar a los hombres y a la sociedad.
Las cartas pastorales de muchos obispos giran en torno a estrategias políticas y sociales para arreglar los problemas; para nada proclaman que, dejando el pecando y viniendo a Cristo, el mundo cambiaría.
23/03/26 11:12 PM
  
Jose
Es que de ingenuo no tiene nada, pero nada, este "llamamiento a la paz".
Resulta que esta palabrita de tres letras y en minúscula se ha convertido en palabra mágica para agregar a cualquier comentario, en los escritos y documentos de casi todos los hombres de la "Iglesia actual", que no de la Santa Iglesia.
"Mi Paz os dejo, mi Paz os doy, no como la da el Mundo..." (Jn. 14,27). ¿Les suena?
24/03/26 2:27 PM
  
Julieta
Gracias por esta columna, es triste que no se atrevan a mencionar que la paz sin Cristo no existe, es puro espejismo.
Dios tenga piedad de nosotros.
25/03/26 11:23 PM
  
Marisol
Es un angelismo buenista y tontorro, culpable porque viene de personas con más que sobrada formación para aportar otro tipo de análisis, aunque fuera simplemente social, político si se quiere.
Un bienquedar que ni frío, ni caliente. A ese nivel están quedando, y lo más triste, están dejando a la Iglesia
26/03/26 12:06 PM
  
Octopus
No toma en cuenta que muchos científicos están sometidos a los poderes que les financian sus investigaciones, lo mismo la mayoría de los órganos de difusión, como revistas especializadas con la censura que le aplican los dueños de farmacéuticas y consorcios económicos que les financian; en conclusión que ven un mundo ideal donde todos actuarían sin dobleces, democráticamente con recta intención sin intereses egoistas, angélicamente y sin pecado original. Es la teoría del buen salvaje de Rousseau, como si los intereses personales de gobiernos, grupos de poder etc, no hubieran demostrado hasta la saciedad si se conoce la historia como se comporta el mundo por más que se firmen decretos de buena intención, de paz, entendimiento entre los hombres.
02/04/26 2:32 PM
  
Batavus
Bla, bla, bla...
11/04/26 7:08 PM

Dejar un comentario



No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.