Juegos Olímpicos de invierno: otra estafa más de la ideología de género
Que la ideología de género es un sinsentido contrario a la más elemental realidad es algo bien sabido. Que además es un timo que algunos aprovechan para sus propios intereses es algo cada vez más evidente.
La última peripecia ha tenido lugar en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina. Su protagonista ha sido Elis Lundholm, una esquiadora sueca cuya especialidad es el esquí «mogul», un tipo de esquí de estilo libre que se practica sobre una superficie llena de baches y donde se priorizan las acrobacias aéreas y la velocidad. Resulta que Elis es una mujer que ha decidido «salir del armario» y declarar que se autopercibe como hombre (aclaración: no se ha operado ni ha tomado hormonas).
Hasta aquí lo típico. Pero lo curioso del caso es que, a pesar de declararse hombre y ganar así portadas en todos los diarios del mundo, e incluso aspirar a grabar su nombre en la historia del deporte como «el primer deportista transgénero en participar en unos Juegos Olímpicos de Invierno», Lundholm ha decidido competir en la categoría femenina. Una mujer que se percibe hombre pero sigue compitiendo con mujeres. ¿En qué ha consistido su cambio de género más allá de conseguir titulares y halagar su narcisismo?
La cuestión, si se piensa bien, pone de relieve la estafa de estos deportistas trans. Lo lógico, si Lundholm se percibe como hombre, sería que compitiera con hombres. ¿No nos habían explicado los ideólogos de género que lo contrario, forzarla a competir con quienes ya no comparte género, supone una violencia y una violación de sus derechos inadmisible?
La cuestión es que la lista de hombres (deportistas mediocres) que se sienten mujeres y quieren competir en categorías femeninas es larga, pero lo contrario no es verdad: las mujeres que dicen percibirse como hombres y que deseen competir en competiciones masculinas tiende a cero. Por la sencilla razón de que esas mujeres que ahora dicen ser hombres sencillamente no tienen el nivel físico para competir con los hombres. Porque, por muchas declaraciones y autopercepciones que pongamos sobre la mesa la biología no cambia. Por el mismo motivo, ahora que están de modo los therians, un chico que se autopercibe como leopardo nunca podrá ni acercarse a la velocidad a la que un leopardo persigue a su presa. La máscara te puede dar una portada e incluso, con suerte, te llevan incluso a la tele, pero la realidad es la que es. En el caso de Elis Lundholm la realidad es que es una esquiadora de buen nivel aunque muy lejos del podio (consiguió el puesto 25 de la tabla general, lo que la dejó fuera del pase a la final en su modalidad de esquí). Si hubiera competido como lo que realmente dice ser, un hombre, no es que no hubiera llegado a la final, es que ni siquiera habría podido disfrutar de la experiencia de participar en unos Juegos Olímpicos. Y si algo tiene claro Lundholm es que se puede percibir como hombre, pero tonta no es.
Uno se lo puede tomar todo como un chiste o como una estafa sin mayor relevancia, pero por escribir lo que acabo de escribir algunos considerarán que soy un monstruo que debe ser perseguido como difusor de odio. Y eso, más allá de las pomposas declaraciones sin consecuencias de Elis Lundholm, sí que es grave.
8 comentarios
Es una tomadura de pelo, y la sociedad se está cansando ya de esta m..
1) No es tonta y sabe que tiene más posibilidades
2) No le iban a dejar competir como hombre
Y a nadie escandaliza
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